SOCIEDAD › LA GALERIA DE FOTOS TOMADAS POR UN EX POLICIA ACUSADO DE FUSILAR MENORES

Posando para el Escuadrón de la Muerte

Hoy, en San Isidro, se inicia el juicio contra los sargentos Hugo Cáceres y Marcelo Puyó, acusados de fusilar a José “Nuni” Ríos, de 16 años, y sospechados de varias muertes más. Cáceres tenía una agencia de seguridad trucha en Don Torcuato. Ofrecía protección a vecinos contra menores cuyas fotos las tomaba él mismo y las guardaba en un cuaderno que hoy es prueba en el juicio.

Según sospecha la Justicia, una de las costumbres del ex sargento de la Bonaerense, Hugo “Beto” Cáceres, era hacer inteligencia sobre sus futuras víctimas. Señalado como cabeza visible de un escuadrón de la muerte en Don Torcuato, las seguía hasta fotografiarlas o tomaba sus retratos, como un trofeo, después de matarlas. Con todo ese material, Hugo Alberto Cáceres logró armar un curioso álbum de fotos en un cuaderno escolar, un archivo personal y privado de los pibes chorros del barrio. Parte de esas imágenes, unas cincuenta, fueron secuestradas por la Justicia en la casa del ex sargento. La Correpi presentó la serie en una muestra organizada como anticipo del juicio oral contra la banda de policías que comienza esta mañana. Página/12 relata en esta nota la historia del albur privado del Escuadrón.
“Desde el comienzo sabíamos que el Hugo Beto les sacaba fotos a los pibes para mostrarlas a sus potenciales clientes”, explicó María del Carmen Verdú de la Coordinadora contra la Represión Policial (Correpi). “Pero no teníamos forma de probarlo.” La agencia de seguridad privada Tres Ases, que servía como pantalla de servicios de la banda de policías, usaba las fotografías como “un albur de malvivientes paralelo, al estilo –continuó Verdú– de los archivos de personas con antecedentes policiales que están en poder de las fuerzas de seguridad”.
Un día, el periodista Ricardo Ragendorfer consiguió una entrevista con el sargento Hugo Alberto Cáceres. Para entonces, el Hugo Beto, tal como se lo conoce, había sido denunciado como uno de los integrantes de las bandas de policías ejecutoras de los disparos contra las grupos de pibes chorros del conurbano. Una metodología que la Correpi inscribió rápidamente en la lógica de represión de las fuerzas de seguridad después de la reapertura democrática.
El ahora ex sargento era uno de los jefes visibles del Escuadrón de Don Torcuato. El origen del grupo se remonta aproximadamente al año 1993 y estaba formado, principalmente, por policías en actividad del Comando de Patrullas de Tigre y de la comisaría 3ª de la misma localidad. La zona de operaciones del Escuadrón era conocida como el “Triángulo de la Muerte”, un área de Don Torcuato donde actuaban al estilo de un grupo parapolicial con la cobertura de la agencia de seguridad. A cambio de un pago mensual, la agencia Tres Ases ofrecía cobertura a los vecinos de la zona: “Controlaba todo lo que ocurría, manejaba actividades delictivas y ‘limpiaban’ la zona de los que no acataban sus directivas, es decir amenazaban, torturaban y fusilaban a todo aquel que robaba en las áreas prohibidas”, indica, en este caso, la biografía de la banda reconstruida por la Correpi en su página web.
Ragendorfer conoció la base de operaciones del Escuadrón el día de la entrevista con el Hugo Beto: “Era una taquería privada –se impresionó–, tenían equipo de radio y muchas armas”. Además de “taquería privada” era la casa particular del ex sargento. Entre las armas, municiones, chalecos antibala y equipo de comunicaciones, el Hugo Beto tenía colgado en una pared un afiche firmado por los organismos de derechos humanos con una denuncia contra el Escuadrón: “Mirá la foto que ponen en esos carteles –le dijo al periodista–, si hasta parece que (los pibes) tienen cara de angelitos”. Y para desmentirlo le dijo:
–Yo te voy a mostrar lo que eran estos pibes.
Enseguida, Ragendorfer tenía frente suyo una de las pruebas judiciales más importantes que acumuló la causa contra el Escuadrón: un cuaderno escolar del estilo Gloria, con las hojas repletas de fotos de chicos. El Hugo Beto comenzó a mostrárselas una por una. Cada fotografía terminaba con alguna anotación al pie. Algunos de los chicos estaban vivos, había quienes tenían las caras completamente moradas, otros golpeados y otro donde aparecía la inscripción de “abatido”, declaró Ragendorfer más tarde en la causa. Entre las páginas y páginas que revisaron, el periodista se encontró con la imagen de uno de los chicos asesinado el 11 de mayo de 2000 y sobre quien había estado buscando datos: José “Nuni” Ríos, en la foto, estaba parado en un descampado, con las manos atrás. “Este ya es boleta”, le oyó decir al Hugo Beto. Debajo de la imagen estaba escrita la palabra “abatido”.
Ragendorfer nunca publicó la entrevista. Decidió sumar su testimonio a la investigación judicial. Con esos datos, la Justicia allanó la casa del Hugo Beto en el barrio Los Dados, dos semanas después. En esa especie de comisaría paralela, la fiscalía no encontró el cuaderno escolar, pero se localizaron tres rollos de fotos escondidos. Las imágenes que hoy reproduce Página/12 son parte de las más de cincuenta fotos que se pudieron revelar.
En los tribunales de San Isidro, hoy comienza el juicio contra Hugo Alberto Cáceres y su socio Marcelo Anselmo Puyó, cabezas visibles de la organización y acusados de fusilar a José “Nuni” Ríos. La Correpi denunció el viernes pasado que la agencia Tres Ases aún sigue funcionando.

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