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Federico, el primero

En diciembre de 1997 nació en Argentina Federico D’Agostino, el primer caso en América latina y el tercero en el mundo de un nacimiento logrado a partir de un óvulo congelado. Aunque la técnica venía ensayándose en varios países desde hacía muchos años, sólo cinco de los intentos habían llegado a embarazos y apenas tres de ellos habían evolucionado hasta el final. Tras 38 semanas de gestación, Federico nació completamente sano y pesó tres kilos. Marta y Roberto D’Agostino, de 49 y 53 años, buscaban un hijo desde hacía 15 años. Marta padecía una menopausia precoz y ya había pasado cinco intentos fallidos de fertilización asistida con óvulos frescos. La pareja consultó en el Instituto Médico CER, cuyo equipo científico decidió que era el momento ideal para implementar la técnica de microinyección de espermatozoides en óvulos congelados, que ellos habían desarrollado y que ya había sido ensayada en ratones de laboratorio. Aunque Marta tuvo un embarazo sin complicaciones y se sintió bien durante los nueve meses, tuvo que hacer más reposo que cualquier mujer embarazada, tomar medicamentos y realizarse ecografías con mayor asiduidad. El método por el que se logró el embarazo se denomina Inseminación Intracitoplasmática (ICSI). A cada óvulo, congelado a 196 grados bajo cero, se le inyectó, con una aguja especial, un espermatozoide del marido de Marta. De los diez óvulos que le habían sido extraídos a la mujer dos años antes, luego de una estimulación ovárica, sólo tres resistieron el doble proceso de congelamiento y descongelamiento. Dos de ellos fueron fecundados in vitro y después de 72 horas en incubadora, fueron implantados en el útero de Marta. Nueve mese más tarde, Federico nació por cesárea.

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