Desde principios de los ’90 la clase empleadora aumentó su participación en el Producto en casi 10 puntos porcentuales. Así, hasta hace un año se apropiaban de cerca del 70 por ciento del total. Esa mayor participación en la riqueza social fue acompañada por un notable aumento de la porción dirigida al consumo y una reducción de la porción de los ingresos destinados a la inversión.