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Domingo, 24 de mayo de 2009

TEATRO › GERARDO HOCHMAN HABLA DE TRAVELLING, SU NUEVO ESPECTACULO

“Hay complicidad entre los cuerpos”

El director de la escuela La Arena da pistas sobre la dinámica de la obra en el C. C. de la Cooperación, en la que la inclusión de cámaras que siguen a los performers da una inédita proximidad.

 Por Hilda Cabrera

Aquello que alguna vez se llamó “nuevo circo” no necesitó de ésa ni de otras aclaraciones para ser apreciado como original, porque quien utilizó esa denominación al estrenar Emociones simples (escenas circenses sobre un escenario) conquistó de inmediato al público. “Era una manera de definir lo que estaba naciendo –dice hoy su creador, Gerardo Hochman–, algo que se parecía al circo, pero era distinto.” Admite que el agregado de “nuevo” le resulta incómodo, “porque supone una ruptura con lo anterior, con un circo que yo no mamé”, y sostiene que lo suyo no fue un acto de rebeldía sino el resultado de una búsqueda ligada a su formación. Acróbata y actor, coreógrafo, director y autor, Hochman presentó varios espectáculos en ese estilo: Kamuflash, Fulanos, La vuelta al mundo (versión en coautoría con Roberto de Bianchetti), Milagros, Sanos y salvos, Ronda, Bellas Artes y En órbita, y fue intérprete en adaptaciones de clásicos, entre otras Cyrano, de Edmond Rostand, y La comedia de las equivocaciones y La tempestad, de William Shakespeare, las tres dirigidas por su hermano Claudio, que reside en Portugal, donde fundó y conduce la Shakespeare Women Company.

Dedicado desde comienzos de los ’90 a la docencia en su Escuela La Arena, a la dramaturgia y dirección, Hochman estrena ahora Travelling, junto a un elenco de actores-acróbatas-bailarines de La Arena. En este espectáculo –estrenado anoche en el Centro Cultural de la Cooperación– incorpora técnicas del cine y el video. El título sugiere un recorrido, ese “estar viajando” tan presente en las obras de este artista, intensificado aquí por la inclusión de una cámara “que ofrece distintos puntos de vista sobre cada escena y pone en funcionamiento un diálogo entre el lenguaje del circo –con sus hazañas y destrezas– y los del cine y el video”.

Una novedad en la producción de este director atrapado por el juego que permite la cámara, por “estar adentro y afuera, filmar y ser filmado”, puntualiza. Reconoce como algo habitual que a la salida de sus espectáculos el público le pregunte si la acrobacia provoca miedo en los intérpretes, y sobre todo si se marean. Por eso cree que el armado de Travelling es una manera de responder a esa inquietud: “La cámara usada dentro de la escena nos permite compartir con ese público curioso algunas de las sensaciones del acróbata”, confía.

–¿Y es realmente así, el acróbata tiene miedo, sufre mareos?

–El público lo sabrá por sí mismo. Cuando el acróbata hace un salto mortal coordina movimiento y expresión, y su cara refleja ese instante. Pero no olvidemos que eso que tanto asusta al público es parte de la técnica del artista.

–¿Dejó atrás al actor?

–Compuse papeles en obras donde la palabra es importante, como en las de Shakespeare, pero descubrí que más que la actuación expresada en palabras me interesaba el lenguaje de las acciones físicas y del cuerpo en el espacio. Me conmovía profundamente lo que se podía producir con el cuerpo y con la combinación de los cuerpos. Así fui alejándome de la palabra.

–¿Qué disciplinas le resultaron útiles?

–En primer lugar la acrobacia, y después las otras del circo, las relacionadas con los malabares y el equilibrio. Quiero aclarar que cuando me refiero a lo circense, estoy hablando de un circo de ciudad, porque en nuestra compañía La Arena ninguno lleva una vida de trashumante y lo que nos moviliza en la concepción de las obras surge esencialmente de nuestra vida en la ciudad.

–¿Por qué eligió para su formación la Escuela Nacional de Circo de Cuba?

–Esa es una de mis columnas, las otras son la Escuela Municipal de Arte Dramático (ex EMAD) y la Escuela Argentina de Mimo, de Angel Elizondo. Fui a Cuba en 1989 porque acá no tenía muchas opciones para estudiar circo. Había tomado clases de acrobacia con el maestro Osvaldo Bermúdez, pero quería ampliar el universo del circo. Obtuve una beca y me fui. La Escuela tenía ya una tradición. Además, por la relación amistosa de Cuba con la ex Unión Soviética se encontraban allí muchos profesores rusos. Mi maestro fue un artista ruso del Circo de Moscú.

–Entonces era un circo que se diferenciaba del tradicional, como algunos otros circos famosos de Francia...

–El circo se desarrolló mucho en Francia y en otros países de habla francesa, como Bélgica, o en ciudades como Québec, en Canadá.

–Se supone que en Emociones simples pretendía expresar emociones. ¿Qué entiende por simples y cuál es la intención en Travelling?

–Simples son las que no se pueden traducir con palabras, como las de Travelling, que expresan a todo el equipo. No me obsesiono por transmitir algo o provocar al espectador, pero puedo decir que en esta obra hay mucha complicidad entre los cuerpos y una confianza que se relaciona con el amor de dos que se encuentran, con la curiosidad, la seducción, el desprecio y la intriga.

–¿La intriga también como historia?

–La intención no es armar una historia, aunque las acciones se desarrollan en un espacio que puede verse como un set de filmación o un estudio de TV, donde un grupo de jóvenes aplican a sus juegos elementos del circo y el cine. Algunas composiciones coreográficas se basan en las funciones del video, como play, stop, avance rápido, rebobinar, pausa, cámara lenta... En algún momento proyectamos sobre una pantalla un cortometraje que cuenta la historia de un acróbata con su aro. El aro se rebela y escapa por la ciudad. El acróbata lo persigue pero sólo lo alcanza en el teatro. Otra escena, reglada por el contador del video, revela urgencia y transformación de los cuerpos. No hay historia, pero todos ponemos ingredientes para que el espectáculo no se aparte de los códigos, que en nosotros tienen que ver no sólo con el movimiento sino también con una filosofía y una ética del trabajo que compartimos.

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“Cuando me refiero a lo circense hablo de un circo de ciudad.”
 
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