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Domingo, 12 de agosto de 2012

CULTURA › EL ARTE OCUPA UN LUGAR DESTACADO EN TECNóPOLIS

Una visita guiada al futuro

En el predio de Villa Martelli un puñado de instalaciones dan cuenta de la diversidad estética de los creadores. La Secretaría de Cultura de la Nación inauguró en su pabellón una muestra que se interroga por el lugar de la cultura en la vida cotidiana de un país.

 Por María Daniela Yaccar

En una ciudad tecnológica que dice “presente para mirar al futuro” no podría estar ausente el arte. Desde el vamos, Tecnópolis fue definida como una megamuestra de arte, ciencia y tecnología. En su reapertura, en julio de este año, se sumaron instalaciones desperdigadas por el enorme predio de Villa Martelli. Son algo así como los obeliscos de esta polis, gigantes detrás de los cuales hay creadores que han usado la tecnología como vehículo de ideas locas u otros que han trabajado a partir de la definición más ancestral del término. En Tecnópolis, el arte cobra el carácter de atracción. En esa línea también está la muestra que inauguró la Secretaría de Cultura de la Nación en su pabellón, una suerte de tren fantasma –aunque a pie– que comienza a oscuras y se interroga por el lugar de la cultura en la vida cotidiana de un país. Es una travesía con visita guiada.

El arte en Tecnópolis es una atracción porque no podría ser de otra manera. En un espacio donde los que circulan pueden sentir el frío de la Antártida o excavar huesos de dinosaurios, seguramente muy pocos se detendrían ante un cuadro con la única virtud de ser hermoso. Eso tampoco serviría, claro, a los motivos de esta muestra, que es más parecida a una feria, aunque no se compre nada. La información de que Marty Mc Fly regresó al futuro en junio de 2012 se comprobó como falsa pero, de haber sido cierta, el jovencito intrépido de Volver al futuro habría hecho una parada en Tecnópolis para pispear la notable obra del escultor e ingeniero holandés Theo Jansen: unos bichos de forma indefinida que se desplazan gracias al viento por el playón de entrada del Galpón Joven.

La parada ante los monstruos de quien algunos proclaman el Da Vinci contemporáneo es obligatoria. Para llegar a ver la mayor cantidad de trabajos es fundamental contar con el mapa, porque éstos están distribuidos tanto en el exterior como en los espacios interiores. El grupo Doma ha aportado un robot luminoso de 42 metros, realizado a partir de una torre de alta tensión. De Manuel Ameztoy se ve una escultura eólica de 23 metros de diámetro y 11 de altura, una bandera argentina que se altera con el viento y la luz. “Les archives du coeur” es la propuesta más participativa: invita a los visitantes a grabar sus latidos de corazón para ser luego expuestos en una muestra en Teshima, Japón. El autor es Christian Boltanski.

Leandro Erlich, cuyo trabajo va por el lado de las ilusiones ópticas, es el creador de una escalera por la que no se puede subir ni bajar. Tiene el mismo carácter que otra muy célebre de este artista: la falsa piscina. “Esta escalera es una especie de escenario. La gente se involucra y forma parte de la historia”, cuenta Erlich a Página/12, y así resume un poco el espíritu de la muestra en general. “Tecnópolis nos da la posibilidad de acercar el arte, muchas veces circunscripto a centros de arte o museos, a un público más amplio. Por otro lado, que el arte sea accesible no quiere decir que sea poco inteligente. Dentro del contemporáneo sobran ejemplos de trabajos muy lejanos para quienes no están en tema. Lo interesante de esta exposición es la posibilidad de mostrar obras que todos pueden interpretar, más allá de los niveles de lectura posibles”, concluye. Es cierto. Algo agrupa a todos estos trabajos de motores, materiales y sugerencias diversas: ingenio y sencillez.

Lo mismo está a la vista en la muestra que la Secretaría de Cultura montó en su pabellón, con fachada decorada por Pablo Siquier. Con idea y guión de Juan Chiesa, se recorre de la mano de un guía durante nueve minutos. “Es una instalación escultórica y audiovisual”, define Chiesa, para luego explicar su título: “La cultura crea valor”. “Queríamos mostrar que la democratización de los espacios de expresión ha generado una reafirmación de la libertad y efectos económicos palpables. Esta es una instalación que no reniega de su condición política e histórica”, recalca el curador, quien se atreve a lanzar una crítica al universo de las performances light que se ven seguido en la ciudad de Buenos Aires. Esta, en cambio, está inspirada en un hecho real: el país creció entre 2003 y 2010 al 8 por ciento anual. La participación de la cultura en ese número es del 18 por ciento.

La instalación remarca una “tensión de opuestos”: se contrastan drásticamente la dictadura y la democracia. El primer espacio, llamado “El cono de sombras”, es un lugar oscuro donde el sonido enloquece y manos esculpidas por Manuel de Francesco adornan el techo, colgadas de un hilo. Hasta que todo culmina en una mano gigante que, dice Chiesa, es la del poder. En “La sala de los espejos” estallan pantallas que simulan espejos y que llevan inscriptas palabras del tipo “compromiso” y “participación”. En el siguiente espacio, “La Biblioteca”, comienza simbólicamente la democracia. Ya las luces están prendidas, y se invita a los espectadores a quitar libros de las llamas y devolverlos al sitio de donde nunca deberían haber salido. “Silvestres vidrios brotaron”, en el espacio siguiente, es una obra interesantísima de Alejandra Fenochio, una artista que construyó un paisaje a partir de vidrios, rocas y ¡caños de cloacas! rescatados del Río de la Plata.

Los últimos dos espacios tienen un propósito claro: “Instalar el tema del trabajo indirecto que genera la cultura”. Se ven documentales que muestran a los hombres que fabrican bombos o que cosechan el lino para el lienzo del pintor. El final lo marca un mural animado –el primero nacional, destaca Chiesa– de Delfina Estrada y Pablo Gaiazzi, sobre el mismo tema. El arte en Tecnópolis estará presente hasta octubre, cuando cierre la segunda edición. Quizás haya que leer todo esto como un preámbulo de Artépolis que, según palabras de la Presidenta, podría ser una realidad el año próximo.

* Tecnópolis está abierto de martes a domingo, de 12 a 20, en Avenida General Paz entre Constituyentes y Ricardo Balbín, Vicente López.

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Manuel de Francesco trabajó en “El cono de sombras”.
 
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