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Viernes, 14 de abril de 2006

LAS PELICULAS QUE LE VAN DANDO CUERPO A LA COMPETENCIA INTERNACIONAL DEL FESTIVAL

Tríos amorosos y astronautas apócrifos

Les états nordiques, del canadiense Denis Côté; El primero en la luna, del ruso Alexei Fedorchenko, y Reflections, del taiwanés Yao Hung-i, mostraron estilos –y resultados– bien diferentes en la sección oficial.

 Por Horacio Bernades

Cosa rara, en un año en que uno de los aspectos más llamativos de la competencia internacional del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente es la cantidad de películas latinoamericanas en concurso (siete sobre un total de dieciocho, incluyendo las dos argentinas), en sus primeros días la sección oficial no presenta ni una sola película de la región. Un notable film alemán (Longing, ya comentado en estas páginas), uno canadiense (Les états nordiques), uno ruso (Pervive na lune, El primero en la luna) y uno de Taiwan (Ai li si de jin zi, o más simplemente Reflections) abrieron la VIII edición del Bafici. Esta noche finalmente le tocará el turno al cine latinoamericano, cuando se proyecte el film boliviano Lo más bonito y mis mejores años.

Opera prima de Denis Côté, treintañero que viene de la crítica de cine, Les états nordiques apunta a fusionar lo ficcional y lo documental, planteándose como crónica del viaje de su protagonista, de Québec hasta una pequeña localidad ubicada en el extremo norte del país. La película empieza en uno de esos momentos que suelen resultar culminantes, cuando Christian decide practicarle eutanasia a su madre, enferma terminal. Ya allí llama la atención el modo en que el realizador maneja tonos y tiempos, bien lejos de lo habitual. Como si quisiera hacer honor a su apellido, Côté trata toda la secuencia de modo tan colateral como elíptico, dejando bien a raya toda posible sobredramatización. Con abundancia de silencios y una cámara que observa todo con máxima atención, la primera hora de Les états nordiques sigue a su personaje tanto en los tiempos fuertes (alguna borrachera nocturna) como en los que suelen considerarse débiles. Y que aquí se presentan teñidos de una melancolía, un sentimiento de pérdida, no por sordos menos intensos.

Lamentablemente, en el último tercio a Côté no se le ocurre nada mejor que convertir a su película, de modo abrupto, en un documental estilo Nacional Geographic, con el protagonista casi como anchorman televisivo y gente de la zona prestando testimonio sobre sus trabajos y sus días. Con lo cual lo documental –en el sentido más bastardeado de la palabra– termina devorándose lo documentalista, que era justamente lo que le daba valor a la película. Variante rusa de lo que los sajones denominan mockumentary (“falso documental satírico”, sería una posible traducción), El primero en la luna imagina a un presunto cosmonauta soviético poniendo pie en el satélite terrestre antes que nadie. Todo tiene lugar en tiempos de Stalin y por lo tanto, antes del comienzo de la llamada “carrera espacial”. Para construir su fábula, el realizador, Alexei Fedorchenko, se sirve tanto de material de archivo de los años ’50 como de reconstrucciones con actores, que simulan ser de la época, pero jamás aspiran al más mínimo estatuto de realidad. El premio al Mejor Documental, obtenido por la película en el Festival de Venecia, es tal vez el mejor chiste de una película que abunda en ellos.

Fedorchenko aprovecha con gracia y habilidad los kilómetros y kilómetros de metraje legados por la propaganda stalinista, llenos de héroes del trabajo, niños modélicos y desfiles multitudinarios, a los que Papá José saluda con el mejor de sus mostachos. Cuando no los usa, los imita, devolviéndolos al ridículo del que nunca deberían haber salido. Pero es justamente la visible ridiculez de la propaganda del Soviet –sumada a un sentido del humor en el que a enanos y monitos se les asigna a un lugar relevante– lo que limita esta sátira al mero ejercicio simpático, rápidamente repetitivo e indefectiblemente fácil, dejándola más cerca de una edición especial de CQC que de la memorable This is Spinal Tap.

Primera de las tres películas asiáticas en competencia, la taiwanesa Reflections es la ópera prima de Yao Hung-i, quien se formó largamente a la vera del maestro Hou Hsiao-hsien, cumpliendo diversas funciones en varias de sus películas. Producida por el propio HHH y con el director a cargo también del guión y la fotografía, Reflections narra algo así como fragmentos de un discurso amoroso de a tres. Dos chicas, una de ellas cantante pop, establecen una relación lésbica, pero más tarde que temprano una de ellas abrirá la tercera pata del triángulo, vinculándose con un tercero. Como sucede que éste a su vez conocía de antes a la otra chica, esa figura geométrica tiende a multiplicarse. Contada así, Reflections podría sonar a despreocupada comedia pop. Pero no tiene nada de ello, porque no hay aquí una sola relación amorosa que sea siquiera satisfactoria. Al propio director parecerían interesarle más el sentimiento de sentirse traicionado, el de pérdida y el de posesividad, que la fuerza de los lazos eróticos o amorosos. Por lo cual lo que tiñe la película es la melancolía, tenue pero persistente.

Yao Hung-i narra su historia con planos de larga duración que parecerían una versión abreviada de los de su maestro, pero siempre más interesada por lo concreto y prosaico que por lo alto o sublime. En verdad, más que narración en sentido estricto, lo de Yao son más bien brochazos (elípticos y delicados), que pintan unos pocos momentos en las vidas de sus personajes. De allí que no sorprenda el plano final, que deja a este triángulo en un equilibrio tan inestable como doloroso.

(Les états nordiques se proyectará por última vez hoy a las 14.45 en el Hoyts 9. El primero en la Luna, hoy a las 17.45 en el Hoyts 12 y mañana a las 22.30 en la sala 1 del Atlas Santa Fe. Reflections, hoy a las 17.15 en el Hoyts 9 y mañana a las 20 en la sala 1 del Atlas Santa Fe.)

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Ai li si de jin zi (Reflections), ópera prima de Yao Hung-i, discípulo de Hou Hsiao-hsien.
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