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Miércoles, 27 de octubre de 2010

MUSICA › FUNCIONES DE FRANCESCA DA RIMINI EN EL TEATRO ARGENTINO DE LA PLATA

Una ópera sin arias y difícil de cantar

La pieza, estrenada en 1914, tiene texto original de Gabrielle D’Anunzio, adaptación del editor Tito Ricordi y música de Riccardo Zandonai, músico central del romanticismo tardío italiano. La puesta cuenta con la dirección musical de Carlos Vieu.

 Por Diego Fischerman

La pieza teatral original es de Gabrielle D’Anunzio, uno de los grandes dramaturgos y poetas italianos de comienzos del siglo XX y, también, un nacionalista fanático precursor del fascismo. La adaptación como libreto operístico fue del editor Tito Ricordi. Y la música fue compuesta por Riccardo Zandonai, un músico central del romanticismo tardío de su país. La ópera, Francesca da Rimini, es una adaptación del Canto V de La Divina Comedia de Dante y el tema se centra en los amantes Francesca da Rimini y su cuñado Paolo Malatesta, sorprendidos y asesinados por el engañado hermano. Con una orquestación ampulosa, una buena escritura vocal y dueña de una leyenda que remarca como valor la dificultad de escenificación (todos los personajes son dificilísimos de cantar), esta ópera se estrenó en 1914 y apenas quince meses después llegó al Teatro Colón. El domingo volvió a subir a escena en el Teatro Argentino de La Plata, en coproducción con la Opera de Monte-Carlo, con dirección musical de Carlos Vieu, puesta en escena, escenografía y vestuario de Louis Désiré, diseño de iluminación de Luis Conde y la actuación como protagonistas de la notable soprano Nicola Beller Carbone y el tenor Enrique Ferrer. Habrá nuevas funciones mañana a las 20.30 y el domingo a las 17.

Esta ópera, que no tiene arias en un sentido estricto, es, no obstante, una de las mejores muestras de esa manera de concebir el género, con reglas tan estrictas como renuentes a las novedades estéticas de la época, que Italia patentó como propio. La figura tutelar de este estilo había sido Puccini y el parentesco estilístico con Zandonai es evidente. Tanto que este autor nacido en Sacco di Rovereto en 1833 –que había sido alumno de Pietro Mascagni y que, según se cuenta, hizo los nueve años del Conservatorio de Pesaro en sólo dos– fue el elegido, en principio, para terminar la Turandot que Puccini había dejado inconclusa, trabajo que finalmente se le encomendó a Franco Alfano. Zandonai se hizo famoso precisamente con Francesca da Rimini y poco después del estreno se casó con la soprano Tarquinia Tarquini. Entre sus trece óperas se cuentan Conchita, sobre La femme et le pantin de Pierre Louÿs; Giulietta e Romeo, con libreto de Arturo Rossato sobre el drama de William Shakespeare; e Il bacio, con libreto de Rossato y Emilio Mucci sobre un texto de Gottfried Keller. También compuso una Misa de Requiem y un Te Deum, además de diversas piezas sinfónicas. Zandonai, muerto en 1944, es un claro exponente de la historia un poco marginal de la música italiana en los comienzos del siglo pasado, ligada a una tradición muy fuerte –y seguramente rentable– y casi impermeable a los grandes movimientos artísticos de la época. Ni el impresionismo, ni Stravinsky, ni mucho menos la crisis de la narrativa tonal-funcional que Richard Strauss había puesto en escena hicieron mella en ese conjunto de autores.

En esta ocasión, el elenco de Francesca da Rimini estará conformado, además de por Beller Carbone y Ferrer, por Luis Gaeta en el papel de Giovanni, Florencia Fabris como Samaritana, Luciano Garay como Ostasio, Sergio Spina en el papel de Malatestino, María Bugallo como Biancofiore, Gabriela Bulich como Garsenda, Vanina Guilledo en el rol de Adonella, Roxana Deviggiano en el de Altichiara, Fabián Veloz en el Il Giullare, Guadalupe Barrientos como Smagardí, Patricio Oliveira como Ser Toldo, Emanuel Esteban representando a Il Balastriere, Ricardo Crampton a Il Torregiano y Daniel Zuppa haciendo la voz del prisionero. Participarán la Orquesta y el Coro Estable del Argentino (este último preparado por Miguel Martínez) y la puesta será repuesta, en marzo de 2012, en la Salle Garnier del Principado de Mónaco. “La puesta es clásica, pero la mirada tal vez no lo sea del todo –asegura el director de escena–. No me interesa la escenografía como repetición textual de la realidad, sino como representación de un espacio mental, siempre imaginario. Lo que se ve en escena es lo que el libreto dice que se ve, pero diría que se lo mira, más bien se lo espía, desde una ventana indiscreta.”

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Enrique Ferrer y Nicola Beller Carbone son los protagonistas de Francesca da Rimini.
 
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