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Sábado, 25 de agosto de 2007

MUSICA › ENTREVISTA AL MUSICO JUJEÑO JOSE SIMON

El sonido de los duendes

 Por Cristian Vitale

Imposible esquivar su cepa. José Simón es sereno y cálido como el aire de Humahuaca. Se toma un tiempo cuantioso, muy a contramano del pulso de la ciudad, para explicar de qué va Engualichao, el “neologismo campero” con que tituló su disco más reciente y el tema homónimo. Musicalmente, es un bailecito típico con duración de radio (3.29); líricamente, la historia sencilla de un hombre que queda embrujado ante los ojos de una mujer. En conjunto, brilla por su simpleza. “En el norte se estila recurrir a brujas para conquistar amores, yo no lo intenté, pero dicen que da resultado –dice, pausado y sonriente–. El tema habla de un hombre que queda embrujado a través de los ojos de una dama, pero dentro del disco toma un contexto más global, porque uno puede estar engualichao por paisajes, sonidos y colores.” En su segundo CD –que presenta hoy en La Peña del Colorado-, tira la región por la ventana a través de zambas, taquiraris, huaynos, vidalas y cuecas. También ingresa por el alma con el misticismo que ancla en creer –alguito nomás– en gualichos y duendes. “En el norte, los duendes aparecen a la hora de la siesta y hacen travesuras, pero no tienen maldad”, resuelve a medio andar entre la verdad y la fantasía.

Con un disco debut (Bastonera de Humahuaca), que sorprendió en el circuito de peñas de la Capital Federal, y una familia ligada a la cultura jujeña, Simón –32 años– emerge como un exponente a seguir de la música del NOA. El primer soplo le ocurrió a los once años, cuando Daniel Palacios –profesor de música– descubrió su voz entre un coro nutrido de niños. “Detuvo el ensayo y me dijo ‘a ver José, cantá’. Canté ‘Quiero volver a Jujuy’ y ¡se hizo la luz! (risas)... descubrí mi camino.”

Simón guarda recuerdos clave: por ejemplo, cuando la casa de su padre asilaba a los músicos de MPA o a Jaime Torres, una especie de padrino suyo. “Jaime me conoce desde antes de que yo nazca: era muy amigo de mi viejo.” Su madre, Hebe Fascio, es la voz que retumba en “Serenata Quechua”, un bellísimo huayno homónimo, y también su musa. “Cuando no nos acordamos de alguna vieja canción, la sentamos, la mimamos un poco y ella empieza a cantar. Tiene una gran memoria.” De las hermanas, también ligadas a la música, cuenta que son seis y que él es menor que todas: “Cada vez que nos reunimos en casa es un quilombo, un griterío”. Simón vive en Buenos Aires hace cuatro años, pero mantiene el lazo intacto con ellas. Las trajo para grabar un carnavalito anónimo (“Palomita blanca”) y planea hacerles grabar un CD. “Tienen una trayectoria de más de 25 años: grabaron con Jaime, Fortunato Ramos. Son como muchas mamás para mí”, cuenta.

–¿Y su padre qué rol juega en esta amalgama familiar?

–Soy jujeño por casualidad. El era un ebanista español, al que contrataron para trabajar en una fábrica de muebles de Jujuy en 1952. Pero le encantó el lugar y se quedó. Se transformó en un escultor conocido. Mi casa siempre estuvo dominada por la música y las artesanías. El se levantaba todos los días a las cinco de la mañana y ponía una selección de temas que iban de Ramos a Michael Jackson.

–Por lo visto, usted no tomó ese eclecticismo...

–Yo escucho de todo, pero prefiero respetar ciertos sonidos tradicionales: lo mío es folklore histórico con sonido moderno.

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