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Martes, 11 de febrero de 2014

LITERATURA › PREMIO BIBLIOTECA BREVE DE NOVELA PARA FERNANDO ARAMBURU

Sexo, drogas, alcohol y poesía

Es el cóctel que se encuentra en Avidas pretensiones, una sátira salvaje sobre el ambiente literario que le valió el prestigioso galardón al escritor español. “Tengo la modesta certidumbre de que el humor y la poesía son incompatibles”, destaca el autor.

 Por Silvina Friera

La carcajada estridente agita el avispero. La mesa está servida sobre el mantel de una sátira salvaje: sexo, drogas, alcohol y poesía; un nido de competencias y rencillas feroces, diseccionadas con deliberada malicia durante tres días y dos noches, en un convento de un pequeño pueblo de España, donde se celebran anualmente unas jornadas a la que acuden 29 poetas. Vanidades y ego revueltos blanden el estilete verbal de una crítica sin piedad. Fernando Aramburu, uno de los novelistas más poéticos en lengua española, parodia hasta el ridículo el narcisismo de la tribu en Avidas pretensiones, con la que ganó ayer el premio Biblioteca Breve de Novela de Seix Barral, dotado de 30 mil euros. “Tengo una pelea constante con la poesía. Hay días en que nos congraciamos, hay otros en que nos tiramos los trastos a la cabeza, a la manera de esos matrimonios conflictivos cuyos cónyuges se pasan el día discutiendo, pero no pueden vivir separados. Creo que no hay una sola línea de mi obra literaria que admita ser definida sin tener en cuenta mi vinculación del momento con la poesía”, reconoció Aramburu. “No hay revancha con la poesía ni con los poetas, a pesar de lo que crea el jurado”, aclaró el autor en referencia a Pere Gimferrer y José Manuel Caballero Bonald, dos de los integrantes junto a Eduardo Mendoza, Elena Ramírez y Carme Riera. “Esta novela no pretende ridiculizar la poesía. Tengo la modesta certidumbre de que el humor y la poesía son incompatibles y a los poetas a quienes se lo digo luego me citan a Quevedo y confirman mi teoría. El edificio poético no sostiene determinado vocabulario porque resta prestigio a la realidad, la desidealiza, la mancha, la hace fea y eso es contrario a la poética”, añadió el ganador acaso con ánimo de polemizar.

Gimferrer y Caballero Bonald, los poetas del jurado, se sintieron implicados por la perspectiva del premiado. “Si hay algo de lo que no trata la novela es de poesía, porque los que están implicados en ella no hacen literatura –aclaró Gimferrer–. Los personajes confunden carrera literaria con literatura, la sociedad literaria con la literatura misma y escriben por vanidad o por conformismo, por un extraño afán de notoriedad.” Aramburu objetó esta opinión al considerar que la vanidad es uno de los defectos más livianos de los que puede tener un hombre. “La vanidad no da para escribir una novela de 400 páginas.” Caballero Bonald, premio Cervantes, explicó que se trata de “una novela realmente paródica, una comedia satírica, entre el esperpento, la caricatura y el sarcasmo”. Y destacó su falta de respeto total “con el lenguaje y los personajes, lo que le da un aire insolente de crítica velada indirecta”. Mendoza subrayó que “los escritores no pueden quedar peor que en esta novela” y confesó que terminó de leerla “con una sonrisa torcida porque además de divertir deja una reflexión sobre la naturaleza humana descarnada”.

Nacido en San Sebastián en 1959, licenciado en Filología Hispánica en la Universidad de Zaragoza y autor de una veintena de títulos entre novelas, libros de cuentos, poemarios y obras de narrativa infantil, Aramburu ya se había acercado al humor en Fuegos con limón (1996), su primera novela con la que obtuvo el premio Ramón Gómez de la Serna en 1997; El trompetista del Utopía (2003), adaptada al cine con el título Bajo las estrellas (2007), film que cosechó dos Goya, y Viaje con Clara por Alemania (2010).

Avidas pretensiones es un homenaje al género satírico. “A fin de preservar su vida y la integridad de sus modestos bienes, el autor ha tenido la cautela de asignar nombres ficticios a los actores de la presente crónica. El resto es todo verdad”, advierte Aramburu. En el elenco de esta novela se destaca el responsable de las jornadas en el Convento de las Espinosas y amigo de políticos que ejercerá de confesor y velará por el imposible descanso de las monjas; el poeta ciego Mateo Gil, de 64 años, que se presenta con una lazarilla sacada de sus clases universitarias, Vanessa Rincón, hermosa aprendiz de poeta que será encerrada en su celda para evitar que entre en contacto con el resto de la jauría poética. Completan el reparto la última ganadora de las jornadas, apodada la Nívea, cuarentona dispuesta a todo para ser incluida en una prestigiosa antología; Eugenio Alpuente, poeta devorador de hongos alucinógenos, y Juanjo Changa, que anda casi siempre ebrio. Aunque jura que no es una novela en clave, no faltará quienes intenten trazar paralelismos con el mundillo poético español. Por las dudas, el ganador del Biblioteca Breve –premio al que se han presentado un total de 945 manuscritos, de los cuales 491 procedían de España y 159 de Argentina, seguidos de México con 61 novelas y Colombia con 45– abrió el paraguas antes de que llueva. “Nunca he puesto mi literatura al servicio del resquemor o para denigrar a nadie”, afirmó el autor de Años lentos, novela que obtuvo el premio Tusquets en 2012.

“El humor es una necesidad vital y otra de mis maneras de relacionarme con el mundo, un compromiso conmigo mismo. Cuando mi situación personal es peor, recurro al humor como antídoto; con él intento compensar y luchar, por ejemplo, contra el fanatismo.” Aramburu, que reside en Alemania desde 1985, lanzó un desafío final para los futuros lectores de Avidas pretensiones: “Reto a que alguien acabe la novela sin sonreír siquiera”.

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Fernando Aramburu reside en Alemania desde 1985.
 
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