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Miércoles, 9 de marzo de 2011

CINE › PELICULAS DE ALEX DE LA IGLESIA Y KEN LOACH EN PANTALLA PINAMAR

La guerra por otros medios

El público disfrutó y sufrió con Balada triste de trompeta, del realizador español, una obra perturbadora, cargada de violencia y humor negro. También se vio La verdad a cualquier precio, del director británico, un ensayo sobre la responsabilidad inglesa en la invasión a Irak.

 Por Oscar Ranzani

Desde Pinamar

Por momentos, Balada triste de trompeta abruma al espectador con su agresividad visual.

Luego de haber adaptado por primera vez un libro de otro autor –el del escritor Guillermo Martínez– y de hacer su obra menos personal, el thriller convencional Los crímenes de Oxford, Alex de la Iglesia ha decidido retornar a sus orígenes, con ese estilo que lo convirtió en un director de culto. Si bien es una superproducción, Balada triste de trompeta no prescinde de su marca autoral sino que incluso la profundiza. Injustamente olvidada en la última entrega de los Premios Goya (tenía quince nominaciones y ganó sólo dos premios irrelevantes), la última película del ex presidente de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de España –que renunció a su cargo en medio de la polémica por oponerse a la ley española contra las descargas por Internet– es, sin duda, una obra perturbadora, visceral, cargada de violencia y humor negro pero sobre imbuida de un tono de tragedia sin límites.

Balada... intenta sacudir al espectador que, por momentos, se verá abrumado por tanta agresividad visual. A cambio tendrá la oportunidad de ver en pantalla un notable trabajo de dirección de actores y una labor destacada en todos los rubros técnicos, además de notables interpretaciones, entre las que pueden mencionarse las de Carlos Areces y Antonio de la Torre. Balada... se presentó en el Festival Pantalla Pinamar a sala llena, donde el público, al finalizar la proyección, lejos de enfervorizarse, se mantuvo en las butacas al menos cinco minutos tratando de digerir semejante ejercicio de locura, salvajismo y de falta de piedad humana en el que se embarcan los personajes.

Ganadora del León de Plata a la Mejor Dirección y de otro galardón al Mejor Guión en el Festival de Venecia, Balada... comienza en 1937, es decir, en plena Guerra Civil Española. Un payaso tonto de un circo es reclutado por los republicanos para pelear en el frente de batalla contra los franquistas. Este payaso –con su pintura facial incluida– provocará una carnicería humana pero terminará asesinado por quienes responden al Generalísimo. Su pequeño hijo Javier lo ve morir y esto es el indicio de que este niño se quedará sin infancia feliz. Por eso, cuando la historia se traslada a 1973 –dos años antes de la muerte de Francisco Franco y en consecuencia de la caída del régimen– y se lo ve a Javier (Carlos Areces), ya adulto, se puede entender que no será fácil su vida. Javier busca un trabajo y no encuentra mejor opción que ofrecerse como payaso. Pero será un payaso triste, como alguna vez le había anticipado su padre.

El conflicto se produce casi inmediatamente después de conocer al payaso que comanda a todo el grupo, Sergio (Antonio de la Torre), un ser despótico, autoritario y, a la vez, psicótico, cargado de crueldad y violencia, que maltrata a su pareja, Natalia (una bellísima Carolina Bang), trapecista del circo. Javier establece una buena relación con Natalia y esto hace sospechar al payaso maltratador que hay amor entre ellos dos. Entonces, Sergio entrará en una espiral de violencia –literalmente– sin límites contra Javier y Natalia. Pero aquello que era bondad, poco a poco se va transformando en una situación donde no quedarán prácticamente buenos y malos, como si los límites de la moral hubieran sido anulados (tal vez es un mensaje sobre el proceso político de la España de entonces). La utilización de los payasos por parte de Alex de la Iglesia funciona como metáfora de las máscaras del ser humano. Y todo aquello que en sus rostros es alegría y diversión para los niños se transforma en una enorme tragedia: los payasos se convierten en monstruos. También se proyectó otro de los films más esperados en Pantalla Pinamar: La verdad a cualquier precio, del realizador británico Ken Loach, ganador de la Palma de Oro en el Festival de Cannes 2006 por El viento que acaricia el prado. Y justamente en la edición 2010 de Cannes, Loach había presentado La verdad..., que en su idioma original fue titulada Route Irish, haciendo mención también a la ruta de Bagdad, considerada una de las más peligrosas del mundo. Y sobre la guerra de Irak es esta película. Aunque, en realidad, trata sobre los negocios que se hicieron con la guerra de Irak.

Cineasta de firmes convicciones políticas, Loach hace un ensayo sobre la responsabilidad de Inglaterra en el conflicto bélico, a través de la historia de dos amigos de la infancia, Fergus (Mark Womack) y Frankie (John Bishop), quienes terminan trabajando como fuerzas de seguridad privada en la guerra. Pero tiempo después, Frankie muere misteriosamente en la Route Irish, según la versión oficial. Y Fergus, estando en Liverpool decide investigar lo que oculta la versión oficial: que su amigo fue testigo del asesinato de una familia iraquí cometido por un compañero suyo. Para llegar a la verdad se pondrá en contacto con Rachel (Andrea Lowe), la pareja de Frankie, quien conmovida por el suceso, despotrica contra Fergus, aunque también terminará teniendo un encuentro con el amigo de su pareja; tal vez esta sea la manera que encontró el director para señalar que las consecuencias de la guerra pueden palparse hasta en el terreno más cotidiano. Con una estructura de thriller, Route Irish va desnudando el complejo sistema de contratistas de empresas privadas en la guerra, algo que sería difícil de entender sin el apoyo de los gobiernos. La actriz Andrea Lowe viajó a la Argentina y brindó algunos detalles del film, en conferencia de prensa. En cuanto al trabajo de composición de su personaje, Lowe señaló: “Ken Loach es una persona que trabaja de una forma muy particular. En principio, nunca tenés el guión para trabajar. Aun cuando el brillante guión ya estaba escrito ninguno de los actores lo conocía. Y cuando nos presentaron, nos dijo lo que le había pasado a cada uno de los protagonistas pero no sabíamos exactamente qué teníamos que decir”. Consultada sobre la guerra de Irak y su influencia a la hora de componer el personaje, la actriz dijo: “Cuando empezó la guerra, más de un millón de personas protestaron contra la participación de Inglaterra. Y yo era una más de quienes estaban en contra. Había oposición, pero sentía que nadie prestaba atención a esa gente que se oponía. Entonces sentí que era mejor ignorarlo. Y en ese sentido, cuando comenzó la filmación, me sentí muy identificada con Rachel, que es un personaje que trata de ignorar absolutamente lo que está pasando”.

Lowe recordó que antes del comienzo del rodaje, el guionista Paul Laverty comenzó a entrevistar a distintas personas porque “él tenía el ferviente propósito de hacer una película basada en esa guerra a la que considera absolutamente ilegal”. “Entrevistaron tanto a gente común que había sufrido la devastación como a soldados que también estaban sufriendo el estrés posguerra”. También apuntó que tanto el director como el guionista están convencidos de que la guerra “fue una ruptura de las normas de la Convención de Ginebra, que cometieron muchos crímenes y definitivamente piensan que tanto George Bush como Tony Blair deberían ser juzgados de la misma manera que fueron juzgados los militares en la Argentina”. Tal vez por su condición de extranjera, quizá Lowe desconozca que en la Argentina no hubo una guerra sino terrorismo de Estado.

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