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Martes, 16 de abril de 2013

CINE › CINE DOCUMENTAL Y DE ANIMACIóN EN LA COMPETENCIA INTERNACIONAL

Todos los films nacen libres e iguales

Promediando su desarrollo, la Selección Oficial Internacional en competencia se atreve –con la suiza Playback, la palestina A World Not Ours y la uruguaya AninA– al cine de no-ficción y a la animación artesanal.

 Por Diego Brodersen

La Selección Oficial Internacional en competencia, que ya ha presentado en sociedad a la mitad de sus integrantes, estrena por estos días dos documentales –Playback y A World Not Ours– y un film de animación, AninA, el primero en la historia de esta sección competitiva, abriendo el juego a nuevas posibilidades a la hora de juzgar en conjunto la totalidad del programa. El caso de Playback es interesante a la hora de imaginar las posibles razones para su inclusión en la competencia. En principio es una película de enorme interés para el cinéfilo, ya que su figura central es el recientemente fallecido realizador ruso Aleksei German quien, con apenas cinco trabajos en su filmografía (y un sexto largometraje póstumo aún en proceso de post-producción), se ha transformado en la última década en una auténtica figura de culto internacional. Precisamente, el documental del suizo Antoine Cattin y el moscovita Pavel Kostomarov registra parte del proceso de rodaje de ese último proyecto, una adaptación de la novela de ciencia ficción Qué difícil es ser Dios, de los hermanos Strugatski, proyecto de larga data que German sólo pudo comenzar a rodar en el año 2000, terminando el último de sus planos seis años más tarde.

Playback es apenas poco más que un buen backstage de rodaje, condimentado con algunos comentarios de uno de los documentalistas, a la vez que un homenaje a la figura del cineasta. En otras palabras, podría formar parte del material extra de alguna futura edición en DVD de Qué difícil es ser Dios, un extra fascinante y educativo, en el sentido de que permite conocer mejor al hombre detrás de la obra. Es que German, por lo que puede verse y oírse aquí, pertenecía a esa raza de directores megalómanos, implacables, detallistas y cascarrabias. En más de un momento puede vérselo a las puteadas con los actores y técnicos, mientras su esposa y asistente en el rodaje hace las veces de “policía bueno”. En ese sentido, Playback ilumina parte del esfuerzo creativo detrás del cine de German, grandioso y expansivo, pero muy humano al mismo tiempo –ver, si no, las alucinadas dos horas y media de Khrustalyov, My Car! (1989), su último film terminado hasta la fecha–. Si el documental merecía o no competir con los otros 19 largometrajes quedará a criterio de cada espectador y, por supuesto, de los jurados.

A World Not Ours es un documental político y, a la vez, sumamente íntimo. Nacido en los Emiratos Arabes en el seno de una familia palestina, el realizador Mahdi Fleifel pasó buena parte de su infancia en un campo de refugiados para palestinos del Líbano, Ain al-Hilweh, para mudarse luego a Dinamarca y radicarse finalmente en Londres. Ciudadano del mundo, o nómade forzado a causa de las circunstancias, Fleifel vacacionó durante muchos años en Ain al-Hilweh, el más improbable de los lugares posibles para el relax y la distensión. El mismo documentalista aclara, en el relato en off que acompaña el metraje, que esas visitas eran una manera de mantener, recuperar o incluso crear una identidad, una imperiosa necesidad no tanto de echar raíces como de comprobar que tales raíces existen. En cada uno de esos regresos al territorio de su infancia llevó consigo una cámara de video, y son precisamente esos registros personales los que conforman el núcleo del film.

Hay algo melancólico, terminal incluso en A World Not Ours, cuya mirada ilumina lo colectivo a partir de lo individual. Cuando registra diálogos cotidianos y paseos por ese complejo laberinto que es el campo de refugiados, cuando filma a su abuelo, quien por nada del mundo abandonaría su casa a pesar del intenso deseo de regresar alguna vez a su ciudad natal, el realizador despliega una mirada aguda y desencantada sobre la situación de los palestinos, un pueblo sin Estado ni territorio, cuya identidad parece sostenerse en partes iguales en base a la memoria y la esperanza. En el retrato de algunos de sus familiares, y en particular el de su mejor amigo, Fleifel demuestra conocer las mejores armas del documentalismo. Como cuando ese compinche de la infancia, otrora esforzado miembro de la Fatah, hoy desilusionado por completo con sus líderes, dice en un momento del film que lo mejor sería cargarse de explosivos e inmolarse. No por la patria, no por Palestina, sino por la falta de trabajo, de estudio, de cualquier tipo de futuro más allá de los límites de esa cárcel con apariencia de pequeña ciudad.

Con AninA (así, con mayúscula al final), el Baficito, la tradicional sección infantil del Bafici, ingresa a la Competencia Internacional. Los prejuicios, que siempre existen, indicaban cierta aprensión o al menos desconfianza ante la inclusión de un film de animación uruguayo (en coproducción con Colombia), pero es el mismo largometraje el que se encarga de disipar esos temores. Basada en la novela infantil Anina Yatay Salas, de Sergio López Suárez, la película narra una semana en la vida de la nena en cuestión, afectada por la maldición de su palindrómica gracia. “Capicúa”, le grita en la escuela una compañerita, y es a partir de su respuesta, “Elefanta”, que comienza una pelea en pleno recreo. El particular castigo de la autoridad escolar, protegido por un sobre lacrado que no puede ser abierto antes de tiempo, es apenas una excusa para que AninA siga a su protagonista, sus padres, amigos y vecinos en un film que encuentra rápidamente un tono entrañable, pero nunca ñoño.

El director del proyecto, Alfredo Soderguit, y su equipo de animadores crearon un estilo visual bien definido y satisfactorio, tanto a nivel técnico como artístico. Por momentos, AninA parece un libro de ilustraciones infantil en movimiento, pero el diseño de las imágenes nunca se ubica por encima del relato que, a pesar de su dimensión para nada épica –a contramano de cierta animación de gran presupuesto contemporánea–, logra en gran medida mantener la tensión y la atención hasta el desenlace. Es verdad que el film no logra escaparle a cierto didactismo en sus tramos finales pero, ¿cuántas películas destinadas al público infantil evitan por completo la tentación de la lección y el consejo? Al fin y al cabo, la directora de la escuela no era tan mala como parecía y algunos de sus consejos eran bienintencionados.

* Playback se exhibe hoy a las 20.15 en el Village Recoleta 3 y el jueves 18 a las 14.20 en el Village Recoleta 4.

* A World Not Ours se exhibe hoy a las 17.30 en el Village Recoleta 4.

* AninA se exhibe mañana a las 18.50 en el Village Recoleta 4.

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A World Not Ours, de Mahdi Fleifel, es un documental político y, a la vez, sumamente íntimo.
 
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