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Viernes, 27 de febrero de 2009

PLASTICA › FERNANDO “COCO” BEDOYA Y SU MUESTRA CLASE VE

“Yo uso el barrido como un pincel”

El artista peruano presenta en el Centro Cultural Recoleta una retrospectiva que abarca treinta años y en la que hace uso intensivo de la serigrafía, “una práctica muy versátil, que produce superficies no programadas”.

 Por Suyay Benedetti

Fernando “Coco” Bedoya es un artista que pasó los últimos treinta años viajando de Lima a Buenos Aires creando, enseñando y mostrando su arte. En el C. C. Recoleta (Junín 1930), en las salas 4 y 5, el visitante tendrá –hasta el 8 de marzo– la oportunidad de visitar una retrospectiva del artista: Clase Ve integra más de 150 obras que evidencian el camino artístico que Bedoya siguió en tres décadas. Con la serigrafía como método de trabajo principal, el peruano demostró que el arte no es un concepto sacro y debe compartirse, por eso la exhibición se completa con obras realizadas con otros artistas e incluso por sus alumnos.

–¿A qué refiere el título de la muestra?

–El título gira alrededor de las ideas centrales de mi trabajo. El juego de acepciones planteadas en el título Clase Ve también puede ser clase B, incide en el carácter de supuesto arte menor que tienen el grabado y la serigrafía. Pero sobre todo Clase Ve es un tráfico ilícito de sentidos entre lo que es considerado hegemónicamente culto y su desocultamiento por lo político, el deseo de lo subalterno, lo que es de otra clase. También Clase Ve es un tipo de mirada sobre las escuelitas y la pedagogía en el arte, del saber y del saber hacer con otros, espacios críticos donde las imágenes y las palabras de alguna manera las podemos tocar (como si tuviesen manija). Hay prejuicios sobre lo colectivo y comprometido, sobre todo si es de otra clase. De hecho esta muestra es promovida por UPCN (Unión de Personal Civil de la Nación), con los cuales hace cinco años realizo talleres de arte y sensibilización en zonas de riesgo.

–Clase Ve involucra obras desde 1979 a 2009. ¿Hubo cambios de tema o forma en su abordaje?

–He seguido mejorando mis propios diseños, tengo obras que van sufriendo cambios a través del tiempo. Puedo volver a obras anteriores sin ningún problema, algunas entran en estado de catástrofe y las dejo ahí. Parto de manchas, ideas grisadas en papelitos, anotaciones y juegos de palabras: todo eso va amalgamándose y produciendo relaciones visuales. Clase Ve es una reflexión sobre la mancha en general y lo pictórico en particular de un territorio y de un contexto. Para mí la realidad cambia y yo cambio con ella. Si tuviera que definir la pintura, para mí es el cuerpo que mancha, los flujos y las mareas de lo creativo es donde me alimento y me detengo..., después avanzo hasta donde más puedo, como Alicia en el país de las maravillas. El hecho de haber vivido en Lima y en Buenos Aires me dio posibilidades de conexiones inusitadas. Soy mitad gaucho y mitad cholo, un gaucholo.

–¿Cómo llegó a la técnica de la serigrafía? ¿Por qué es su técnica favorita?

–En 1979 participé de los grupos Paréntesis y Huayco. Ahí un grupo de artistas aprendimos con Francisco Mariotti la serigrafía. La serigrafía, más allá del grabado y más acá de la pintura, es una técnica que permite barrer el color en todo tipo de superficie y extensiones; es una técnica muy versátil. Yo uso el barrido como un pincel. Arrastrar el color produce superficies no programadas. El clima en mis trabajos está producido por el aspecto pictórico del grabado, no hago trabajos de reproducción ni de edición. Me muevo en un territorio de pruebas de autor y de la experimentación gráfica.

–Cuando piensa el concepto de una obra a desarrollar, ¿lo crea para que dé un mensaje posible o deja ese espacio de interpretación sólo para quien la esté observando?

–Depende del contexto, hasta donde me dejen o nos dejen tocar. Hay veces que no podemos tocar lo que vemos.

–¿Cuál cree usted que es el rol del arte y el artista en la sociedad?

–Ninguno. Hay sociedades donde los artistas están más integrados al poder simbólico. Aquí esa cuestión no existe, el mercado presiona en un diseño de artistas plegado a representaciones folklóricas del poder y en el peor de los casos ilustradores de enlatados. Igualmente hay una subjetividad muy potente en el arte argentino.

–Aboga por restarle solemnidad al arte. ¿Cree que en las prácticas contemporáneas del arte moderno se lo saca de su caja de cristal o aun en las instalaciones más “descontracturadas” sigue presente ese aura?

–Hay dos mitos: la torre de cristal y el aura. Los centros culturales pueden ayudar mucho en ese sentido, pero no hay políticas coherentes a largo plazo, todo vale y se cae en el expresivismo. Eso también es solemne, como todo populismo. Con el arte y en nombre del se puede hacer cualquier cosa ya no alcanza, hay situaciones de contexto que deben estar y que no aparecen. Existe una gran flojera poética ligada al hacer por el hacer. El aura hoy brilla más si sos bobo.

–En medio de la sala está Lo que quedó de la familia obrera. ¿Cómo es recibida por el público? Y algo que se preguntan varios: ¿Quién es el hombre sentado en esa silla? ¿Cuántas horas está al día?

–Es un homenaje a la obra de Bony, una obra en conjunto con Juan Tangari. En la muestra hay varias obras hechas en colaboración con otros artistas: en esta muestra quise presentar, más transparente, lo colectivo en mi obra. No sé si el público que asiste a Recoleta tiene memoria sobre la obra de Bony, no sé cómo es recibida, pero me conmueve el devenir de los trabajadores de una familia obrera tipo de los ’60 y hoy, 40 años después, la derrota y el despojamiento de una clase. Eso me impulsó a hacer una ficción sobre esa obra. El trabajador que está sentado se llama Poppo, es obrero metalúrgico y trabaja dos horas por día. Hay mucha gente que lo confunde con un cuidador de sala...

–El fósforo es un objeto que se reitera en la exposición. ¿Qué significan esos fósforos para usted?

–Hay otras cosas que se reiteran más. El agua está por todos lados, lo invade todo. En la serie de los chupasangre la escena se da en un pantano, en Lucha de cosas (donde hay varios objetos que se enfrentan entre sí) son inundaciones o aluviones. En el trabajo En la cancha se ven los pingos (situado en Plaza de Mayo) es una lluvia que anuncia una catástrofe y en Yacyretá el mulo, el asno y el burro están delante de una cortina de agua con mucha fantasía. Es cierto, hay fósforos pero hay mucha más agua. Tanto el fuego como el agua son vitales en mi trabajo.

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Bedoya, sentado en su obra Lo que quedó de la familia obrera.
 
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