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Miércoles, 31 de enero de 2007

DISCOS › LO NUEVO DE NORAH JONES

Cómo escapar de la trampa del éxito

En su tercer disco, la cantante y pianista encuentra un tono más personal, que pone algo de distancia con sus hits anteriores.

 Por Eduardo Fabregat

“Cuando tenés un éxito enorme, la gente cree que sos mejor de lo que sos. Te prestan demasiada atención.” Las tres afirmaciones, dichas con honestidad brutal en una entrevista realizada ayer en París, son ciertas de cabo a rabo: Norah Jones tuvo en 2002 un éxito enorme, Come away with me, que vendió más de 20 millones de copias y ganó ocho premios Grammy. La gente, que se fanatiza fácil con aquello que la engancha de entrada, efectivamente creyó que la cantante y pianista era la octava maravilla de la música del nuevo siglo y la puso en un lugar excesivo, obligando a una heavy rotation que hizo brotar su dulce voz y su piano melancólico hasta de los lavarropas. Después de eso, Jones editó un segundo disco, Feels like home, y se animó a la música de próceres norteamericanos como Willie Nelson y Hank Williams en The Little Willies, una banda paralela que lanzó su disco el año pasado. En el medio murió su productor Arif Mardin, con lo que la hija de Ravi Shankar se encontró ante una incógnita bien conocida por los músicos: ¿qué hacer, adónde ir después de semejante éxito, después de tanta exposición pública y ante la obligación de poner otra persona al mando de las perillas?

La respuesta de Jones empieza por el título de su nuevo disco (Not too late, “No demasiado tarde”) y sigue en las canciones. Más cerca de la guitarra que del piano, más comprometida con lo compositivo (los trece temas llevan su firma, cuatro de ellos en soledad), ahora con su bajista Lee Alexander a cargo de la producción, la mujer nacida en Nueva York pero criada en Texas (datos geográficos que explican un poco su paleta estilística) consigue escapar un poco a esos lugares comunes a los que la encadenó el éxito enorme y los presupuestos de la gente. Será por el delicado clima que exuda “Sinkin’ soon” (y que hace pensar en un extraño cruce con la argentina Pequeña Orquesta Reincidentes), por la acidez política de “Wish I could”, sobre un joven enviado a la guerra, y “My dear country” (“Pero lo único que vi es el miedo/ y tres días más tarde estaba claro para todos/ que nada es más aterrador que un día de elecciones”), la luminosidad de “The sun doesn’t like you”, la dulce melancolía de “Rosie’s lullaby” (con el gran Robbie McIntosh regalando un solo), las guitarras slide, el Hammond, las mandolinas, la voz que encuentra nuevos matices a pesar de haberla escuchada en tanto hit...

Lo cierto es que Not too late, grabado sin apuro en la casa de Jones y luego mezclado en un estudio, consigue el pequeño milagrito de que el oyente no diga inmediatamente “Oh, no, otro disco de Norah Jones”, y que la cantante empiece a darse el lujo de crecer en público, mostrar nuevas facetas y salir airosa. “Las canciones que escribí en el pasado son muy simples y suaves. No hay nada malo en ello, pero definitivamente éstas tienen mucho más que ver conmigo”, dijo ella. Alejándose de ese status de “música ideal para poner de fondo y que no moleste”, entonces, Norah Jones comienza a liberarse del peso de tanto Grammy, tanto disco vendido y tanta suposición de genialidad. Ella misma lo declara, ella misma lo canta: nunca es demasiado tarde.

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Norah grabó las nuevas canciones en su casa, sin apuros.
 
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