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Jueves, 27 de junio de 2013

TELEVISION › MONSTRUOS DE RíO Y LA MANTARRAYA GIGANTE CORRENTINA

Cine de terror en el Paraná

El biólogo y pescador británico Jeremy Wade bajó al Sur con un equipo de Discovery Channel, en busca de un pez de proporciones casi míticas. No sólo consiguió capturarlo: la aventura se verá reflejada en todos sus detalles en un episodio de la señal de cable.

Atraviesa, majestuoso y en silencio, las aguas del Paraná, al acecho entre las islas correntinas, con convicción omnipotente; nada escapa a su mirada curtida, atenta, salvaje. Es... el equipo de Discovery Channel HD Theater, que viajó al litoral argentino para atrapar (y luego devolver a las profundidades) al “pez de agua dulce más grande del mundo”, una raya venenosa de 130 kilos, a cuya especie se conoce como mamut, y que tendrá en sus manos –en sus aletas– el rol protagónico del episodio “Asesino silencioso” del programa Monstruos de río, que se estrenará el 22 de julio a las 19. El ciclo, conducido por el biólogo y pescador británico Jeremy Wade, va por su tercera temporada y recorre ambientes fluviales remotos e inhóspitos del planeta –remotos e inhóspitos como el Paraná, por caso, según la mirada de la metrópoli anglo del Hemisferio Norte– con el objetivo de hallar criaturas acuáticas enormes y difíciles de ver, a veces casi míticas, a las que se les debe atribuir, cual dogma adrenalínico, la capacidad de liquidar personas.

Ese sambenito homicida, precisamente, se le adjudica en esta ocasión a la raya gigante del Litoral, a la que la producción de Monstruos de Río le endosa el haber matado, alguna vez, a una adolescente correntina. Y aquí hay una noticia: el mundo del entretenimiento lleva siglos recibiendo con los brazos abiertos la llegada de cada nuevo talento amenazante del elenco de la fauna, y esta aparición cuasi estelar del chucho de río podría sentar un valioso precedente: los ecosistemas acuáticos han sido generosos a la hora de aportar personajes temibles para el cine, la TV y los relatos de aventuras, como bien lo prueban los célebres tiburones, cocodrilos, pulpos y pirañas por todos conocidos.

En diálogo con Página/12, el propio Jeremy Wade duda, sin embargo, de que las rayas puedan dar un salto de popularidad. “En general, el gran público internacional no les tiene miedo”, sostiene. Y explica: “Su forma aplanada les permite adherirse al fondo del río, o del mar, usando succión y en el caso de las rayas fluviales, los suelos fangosos hacen que prácticamente resulten invisibles, que casi nunca se las vea aun si son de gran tamaño”. En cuanto a su experiencia con la raya mamut del Paraná, cuya captura tuvo lugar hace poco más de un año después de intentos no logrados en pos de ejemplares gigantes de surubí, bagre o dorado, Wade señala: “Las mantarrayas son muy distintas de los demás peces. Como se adhieren al fondo, no las podés atrapar si no hacés mucha fuerza, o si no tenés el equipo apropiado. Yo estaba usando una caña de pescar que no era lo suficientemente fuerte, y por eso estuve forcejeando con la raya durante casi cuatro horas hasta poder sacarla y exhibirla ante las cámaras. En el mundo hay otras rayas muy grandes, en Australia, en Tailandia o en el Amazonas, pero de las de agua dulce probablemente la del Paraná sea realmente la más grande del mundo”.

Más allá del caso puntual del enorme chucho correntino, y no obstante la cantidad de especies que existen en aguas dulces y saladas de aquí y allá, para lograr el estrellato de las rayas en la industria del entretenimiento todavía está todo por hacerse. No es que no haya ejemplos. En el mundo de las historietas de la escudería DC Comics, Black Manta es el archivillano de cabecera de Aquamán desde 1967. Horacio Quiroga advirtió sobre ellas en el cuento misionero “El paso del Yabebirí”, que empieza diciendo: “...Yabebirí quiere decir precisamente Río-de-las-Rayas. Hay tantas, que a veces es peligroso meter un solo pie en el agua...”. El elasmobranquio Mr. Ray/Maestro Raya era el docente de pececitos de Buscando a Nemo, al que Pixar no le concedió mucho más que un cameo. Y la BBC lleva años forjando la figura de la oceanógrafa Andrea Marshall, conductora del ciclo temático Queen of Mantas (título mucho menos confuso que la eventual traducción “La Reina de las Rayas”). Y en el mundo del marketing deportivo, “chucho” es el apodo telúrico (¿acuático?) del ex tenista misionero José Acasuso, y las Mantarrayas de Tampa Bay son un equipo de las grandes ligas del béisbol norteamericano, con sede en Florida, cuya traducción imperdonable en algunos lugares del Caribe es “los Rayos de Tampa Bay”, equívoco imperdonable y lindante con el ninguneo, ya que el logo-mascota de la institución es un evidente pez cartilaginoso con espolón trasero.

Sin embargo, no hay dudas de que el máximo salto a la fama conseguido hasta hoy por las rayas ha sido el incidente que le costó la vida al zoólogo y conductor de TV australiano Steve Irwin, conocido como “el Cazador de Cocodrilos”, quien murió en 2006, durante la producción de un documental, cuando una raya le clavó su cola en el pecho. Viene bien preguntarle a Jeremy Wade si pensó en Irwin cuando forcejeaba con el chucho gigante del Paraná: “Por supuesto que pensé en él. Me recordó perfectamente en todo momento cuán potencialmente peligrosa puede ser una de estas criaturas si te impacta con su espolón en el lugar equivocado”. Es que, con la fauna, mejor no pasarse de la raya.

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“Los suelos fangosos hacen que las rayas prácticamente resulten invisibles”, explica Wade.
 
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