Hasta hace apenas 500 años, el ser humano pensaba que habitaba cómodamente en un universo compacto, modesto y privado, en el que la Tierra era el centro neurálgico de todo lo existente. Pasaron Copérnico, Galileo, Newton, Hubble y Einstein y desde entonces el barrio fue ampliándose demencialmente: ahora, el cosmos –un mar de miles de millones de galaxias– es percibido por los científicos como una inmensidad imaginariamente inabarcable, en continua expansión y sin bordes estrictos. Futuro decidió romper las distancias y jugar a ver qué pasaría si el universo tuviera calles, si la Tierra fuera una bolita de un centímetro de diámetro, si Júpiter tuviera el tamaño de un pomelo y Neptuno, el de una nuez. A continuación, el vertiginoso resultado.