Poseedores de figuras herculianas, personajes ajenos al paso del tiempo, actualizaciones modernas de mitos griegos, escandinavos y egipcios, sueños diurnos de grandes y chicos, disparadores de propaganda política: los superhéroes, además de defender el mundo de supervillanos y amenazas alienígenas, nacen siempre como necesidad imperiosa de una sociedad de ver plasmados en páginas de comics y en salas de cine el ideal del paladín justiciero enfrascado en la eterna lucha del bien contra el mal. Pero también le sirven a la ciencia como elemento didáctico para explicar los principios físicos y químicos detrás de sus poderes, sus incongruencias y ridiculeces y, de paso, hacerla más divertida de lo que ya es.