Lo que antes era pasar el invierno ahora también es pasar el verano. Ocurre que en esta época de playas atestadas de turistas ávidos por hundir sus pies en la arena y refrescarlos luego en el mar, sierras organizadas para el consumo y complejos turísticos de exhibición de rostros y cuerpos, el sol se alza con el máximo protagonismo no sólo de la diversión sino también de la molestia: ni más ni menos que generando en el cuerpo de los sufrientes reacciones en la piel agrupadas en aflicciones de llamativos nombres tales como “urticaria solar”, “fotosensibilidad química” y “erupción polimórfica leve”.