Desde épocas inmemoriales, un gran fantasma frena y reconfigura el pensamiento humano en sus diversas formas de ver y comprender el mundo: el reduccionismo dice presente cada vez que los genetistas intentan hallar tal gen del comportamiento, cuando los físicos descomponen la realidad en unidades cada vez más pequeñas e indistinguibles o en cada pretensión neurobiológica de entender la mente humana como la suma de sus neuronas y sinapsis. Sin embargo, de a poco asoma y se fortalece una nueva perspectiva o cosmovisión: la de la emergencia, o como anuncia el físico y Premio Nobel Robert B. Laughlin en Un universo diferente: la reivindicación de la física en la edad de la emergencia (Katz Editores), aquella mirada que privilegia lo colectivo y sus principios organizativos, abandonando toda pretensión de hallar una única verdad última.