Por ahora las naves extraterrestres no abandonan el campo del mero deseo, el de la imperiosa necesidad humana de ser contactados por una civilización alienígena y así no sentirnos tan solos en el universo. Mientras tanto, la astronomía no se cansa de desbancar ilusiones ópticas y falsos avistamientos a partir de explicaciones serias y basadas en los hechos de objetos brillantes que tiemblan y cambian de color, flashes que se encienden y se apagan lentamente, destellos veloces que cruzan todo el firmamento en lo que dura un parpadeo, en fin, toda clase de fenómenos raros que encienden el cielo desafiando nuestra percepción y cotidianidad.