Inventó una heladera eléctrica junto a su amigo Albert Einstein. Patentó un acelerador de partículas, un ciclotrón, un microscopio electrónico y un reactor nuclear. Era un hombre excéntrico y se lo llegó a considerar una de las mentes más brillantes de su época. Sin embargo, al físico húngaro Léo Szilàrd (1898-1964) ningún halago le venía bien: el hecho de haber sido uno de los primeros en pensar en construir una bomba atómica y su participación en el Proyecto Manhattan –que concluyó con la destrucción de Hiroshima y Nagasaki– lo cargaron con un fuerte sentimiento de culpa. Hasta el fin de sus días se arrepintió de su mayor logro: haber liberado el poder del átomo.