Las prácticas basadas en Terapias Electroconvulsivas (TEC) –más conocidas como electroshock– no son exclusividad de la medicina, sino que fueron usadas con fines políticos: según puede leerse en el manual de interrogación Kubark, agentes de la CIA recurrieron a ellas para “conseguir”, de primera mano, información que los prisioneros interrogados “facilitaban” sin más. El electroshock sigue siendo una terapia que en nuestros días oscila entre el horror y la compasión.
Por Esteban Magnani y Luis Magnani
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