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Viernes, 14 de enero de 2011

POLITICA

El “cliente” de trata

Aunque ahora mismo, cuando se habla del “cliente” de trata para fines de explotación sexual, el término no llama la atención, las resistencias tanto en lo privado como en los ámbitos públicos de decisión para utilizarlo fueron muchas. Es que esa palabra delata la complicidad en la reducción a la esclavitud de mujeres y niñas de quien pone su dinero para servirse de ellas y ajustar así los límites de su falta de libertad. Eva Giberti, quien fuera relatora por Argentina para exponer sobre este tema en la OEA y directora del programa Las Víctimas contra las Violencias, da cuenta de cómo se llegó a un acuerdo internacional para dejar de lado los eufemismos.

 Por Eva Giberti

Por Eva Giberti

“Convencidos de la necesidad de visualizar la acción negativa del denominado cliente o usuario de la trata con propósitos de explotación sexual”

46.”Promover acciones que contribuyan a visualizar la acción negativa del denominado cliente o usuario en tanto es quien alimenta el círculo de explotación sexual y tiene responsabilidad en la generación de la demanda de trata de personas para propósitos de explotación sexual”.

De las Conclusiones y Recomendaciones de la Segunda Reunión de Autoridades Nacionales en Materia de Trata de Personas 1/ Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos (OEA) Comisión de Seguridad Hemisférica, 25 al 27 de marzo 2009

Buenos Aires, Argentina.

Ambos textos parecen razonables y no deberían sorprender. Sin embargo, la aparición de la palabra cliente en los considerandos de un documento internacional que se ocupa de trata de personas con fines de explotación sexual es el resultado de una antigua y ardua lucha iniciada por el feminismo hace décadas. Deberíamos hablar de violadores en tanto y cuanto sus víctimas son esclavas que solo pueden obedecer, pero los códigos penales opondrían duramente sus argumentos acerca de lo que la violación sea.

La palabra cliente avanza sobre la perversión deformante del lenguaje cuando para “prevenir” las acciones de estos sujetos los documentos internacionales escriben “desalentar la demanda”. La pretensión de enmascarar la complicidad del varón que paga su dinero para ejercer su poder dominante sobre los cuerpos de las mujeres víctimas resulta efectiva porque se ajusta al tradicional escamoteo de la responsabilidad masculina en los delitos contra la integridad sexual.

Cliente deriva del latín (clienstis) y quiere decir “protegido”,”persona defendida por el patrón”. El cliente, en la trata, sin duda está bajo la protección del patrón, es decir, del mafioso.

En cuanto a la palabra demanda, si exceptuamos los sentidos con los que el psicoanálisis y el derecho los aplican, nos encontramos con que, en su tercera acepción, puede corresponder a “busca”, asociada con la acción de buscar. Ya que demanda es un “vocablo casi desusado en el lenguaje corriente hablado, salvo en su frase ‘en demanda de’; se usa a veces en lenguaje escrito, especialmente comercial”.

Desalentar la demanda es menos explícito que desalentar la búsqueda (busca) de una mujer para satisfacer las necesidades del varón, porque al colocar una palabra cuyo uso no es habitual su protagonista queda a oscuras. La palabra cliente no deja espacio para la duda. En cambio “demanda” excluye la rápida comprensión e incorporación en el imaginario social y se logra que la población no entienda con claridad a quiénes hay que desalentar. Si esta expresión que ha sido inscripta matricialmente en los documentos internacionales se utilizara junto con la idea de cliente, resulta más clara.

La palabra cliente implica un tropezón en la lectura de los documentos, particularmente para los varones redactores habituales de los mismos.

Cliente tampoco sería la mención correcta, ya que el clientelismo no define el perfil del cómplice del delito. Pero en territorios de las luchas por los derechos de las mujeres, las tácticas y las estrategias recomiendan tomar el pulso de los tiempos que recorremos. Incorporar entre nosotros la palabra cliente tiene su historia.

En el año 2006, cuando se creó el Programa Las Víctimas contra las Violencias en el Ministerio del Interior, la perspectiva oficial estaba centrada en niños, niñas y adolescentes; luego, en la redacción del proyecto se asumió la presencia de personas adultas de acuerdo con el Protocolo de Palermo.

En una oportunidad le dije al entonces ministro Aníbal Fernández: “Sería importante incluir en la ley una mención y sanción a los clientes...” Me contestó: “No es tiempo todavía. La Argentina no está preparada para eso...” Ni nuestro pais ni el resto del mundo, porque la palabra cliente y el pedido de sanción brillaban por su ausencia.

Transcurrió el tiempo y la ley que federalizó el delito de trata se sancionó en el año 2008. No resultó como se había diseñado por razones ajenas al Programa Las Víctimas contra las Violencias, sino que fue el Senado el que asumió su redacción final. El tema del cliente, o sea, la presencia del cómplice, se mantenía aminorada por un lenguaje convencional o bien omitiendo su presencia. Pero el tema trata se había instalado en la comunidad, en los escritorios de los funcionarios y en los avatares de los jueces que debían estudiar esta nueva legislación. El periodismo empezó a comprender que no hablábamos de prostitución sino de esclavitud y comenzó a preocuparse por el tema y lo posicionó como segmento del Crimen Organizado. Empezó a verbalizarse la consigna “sin clientes no hay trata”.

Se sumó la creación de la Oficina de Rescate y Acompañamiento de Personas Damnificadas por el Delito de Trata en el Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos. Contribuí en esa creación pero manteniendo exclusivamente una tarea en el ámbito de la capacitación de las personas que se contrataban. La oficina quedó a cargo de la licenciada Zaida Gatti, que hasta el día de hoy coordina sus actividades.

En Occidente es la única oficina dedicada a la trata de personas cuyas profesionales, trabajadoras sociales y psicólogas, ingresan junto con las fuerzas de seguridad cuando se realizan los allanamientos. ¿Por qué? Porque son mujeres las que deben acompañar a las mujeres víctimas de trata, escucharlas y sostenerlas hasta la declaración testimonial que realizarán delante del juez, días después de haberlas rescatado.

¿Cómo continúa esta historia? En marzo del año 2009, Argentina, con la participación de Uruguay, recibió a la OEA y a los representantes de los diversos países en una reunión destinada al tema trata. Era la oportunidad para ensayar la incorporación de la figura del cliente en el nuevo Documento2.

Aníbal Fernández, que entonces era ministro de Justicia, en su discurso inaugural, afirmó “es necesario desenmascarar al cliente” para “desalentar la demanda de sexo pago” a cargo de “mujeres y adolescentes encerradas en burdeles a través de engaño, amenazas y violencia y obligadas a prostituirse. Sin el cliente no habría trata ni prostitución”.

En la misma oportunidad, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner reiteró el concepto, de manera que frente a la audiencia internacional la posición de Argentina era evidente. Se trataba entonces de lograr una aprobación de esta inclusión de la palabra cliente, por unanimidad, en el documento que resultase de la reunión de la OEA.

Fue una delicada tarea política a cargo de los miembros de nuestra cancillería, quienes se ocuparon de las conversaciones con los representantes de los diversos países que no traían ese proyecto en sus planteos. Estábamos advertidas acerca de las dificultades que se encontrarían, ya que de los diálogos que mantuvimos con delegaciones de otros países resultaba que estaban frente a una apertura novedosa y no esperada.

En la reunión plenaria de cierre, la lectura del Documento Final –redactado entre todos los participantes– estuvo a cargo de un representante de la Cancillería Argentina y se realizó, como es habitual, punto por punto. Cada uno debía ser aceptado o corregido. Cuando se formularon los dos puntos con los que encabezo este artículo, la unanimidad selló con un aplauso su aprobación.

Podemos suponer que el tema había rondado el pensamiento de los participantes y que solamente faltaba quien se atreviese a formularlo con el lenguaje correcto.

El hecho se rubricó en mayo del 2010, en la Declaración de Buenos Aires, el 7 de mayo, en el ámbito de las Reuniones de Ministros de Justicia y del Interior del Mercado Común del Sur (Mercosur) y Estados Asociados, con Julio Alak como ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos.

¿Cómo se desarrollarán las discusiones en el ámbito de las Naciones Unidas cuando se incorporen estos documentos?

1. Organizada juntamente con la República Oriental del Uruguay.

2. Fui designada Relatora por Argentina para referirme a la situación en nuestro país.

Las licenciadas Zaida Gatti, por el Ministerio de Justicia, y Gloria Bonato, por el Ministerio de Desarrollo Social, expusieron acerca de sus distintas actividades en el tema trata.

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