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Domingo, 5 de mayo de 2013

> UN POEMA DE JUAN JOSé MANAUTA

La creciente

Casi todos los años, o cada dos, la trae,
junto a una anciana que tirita,
la bruma;
y un invierno tras otro,
con sus oros,
ampara bajo su capa gris desolados reflejos.

Suele llegar de noche,
en el otoño,
y deja a la puerta del rancho su lamido
[ de perra hambrienta y vieja,
sus cabellos
de ceniza maldita,
de fatal pedrería,
y un cabo de guadaña, un respaldar deshecho,
y a veces una escoba gastada,
camalotes,
serpientes,
y otras sustancias de pertenencia y médula
[ salvaje.

Casi todos los años, o cada dos, pregunto
Y una provincia de agua,
bajo la nube fría,
cuando se inclina el muro ya final de la noche
preparando su huida milagrosa y escueta,
desborda su cintura de sinsabores y hojas.

Casi todos los años, o cada dos, prepara
su mar remoto,
instala en la distancia
su inmensidad de niebla y de sigilo,
confunde límites y anda traicionera
por los arroyos muertos, cañadas y zanjones.
En un recodo el río la alimenta
y la detiene a ver cómo resisten los grises
[ terraplenes.
Pero ella los acosa y acumula
restos domésticos que flotan, viajan en lenta
[ furia,
y llegan,
desde otros hombres,
en una angustia peregrina, parecida a la nuestra.

Este poema cierra Entre dos ríos (1956),
el libro que Manauta decidió reeditar
especialmente cuando cumplió noventa años.

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En la filmación de Río abajo, de Enrique Dawi, en la que Manauta (a la derecha) hizo el guión.
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