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Jueves, 14 de octubre de 2004

OROZCO-BARRIENTOS Y LA IRRUPCION DE UNA NUEVA OLA FOLKLORICA

Superchangos

El dúo mendocino acaba de editar un notable disco debut, Celador de sueños, producido por Gustavo Santaolalla. Es la punta de un iceberg que asoma con solistas, dúos y bandas: los que descartaron la demagogia festivalera del “¡arriba las palmas!” y están buscando un nuevo sonido folklórico argentino para el siglo XXI.

TEXTOS: KARINA MICHELETTO
FOTOS: NORA LEZANO - CECILIA SALAS

Argentinos, a su música, parece ser el mandato de los tiempos. No sólo el rock establecido del tipo Bersuit acata este precepto. De un tiempo a esta parte, el folklore abandonó el ¡arriba las palmas! festivalero como único circuito de difusión y el marketing de Soledad o Luciano Pereyra como únicos cultores jóvenes del género. Cada vez más zambas y chacareras aparecen en ámbitos urbanos, pasan de las peñas a los códigos de las tribus rockeras, reviven en nuevos compositores. Algunos se asumen folkloristas, otros no. Todos coinciden en que lo que hacen es tomar sus raíces y expresarlas tal como las sienten hoy. Una recorrida por algunos grupos que están haciendo nueva música argentina arroja agradables sorpresas. Entre lo más sorprendente del año está el disco que acaban de editar los mendocinos (recuerden el nombre de este dúo) Tilín Orozco y Fernando Barrientos, Celador de sueños. Lo que traen es, definitivamente, algo nuevo, de eso que se escucha y se reconoce su calidad al instante. Luna Monti y Juan Quintero son otro dúo con sello y composiciones propias. Y están los que se adentran en los terrenos del folk-rock, cada vez más frecuentados (¿otra sub-batea para disquerías?): Semilla, Arbol, Arbolito, Eppurse Muove, Banda Criolla, Planeta Fakón... y siguen las bandas. He aquí algo del folklore joven que da gusto escuchar.

Orozco-Barrientos
Tilín Orozco y Fernando Barrientos son dos mendocinos con un largo trabajo musical que corrió por distintas acequias. Mucho tiempo atrás, Barrientos tocaba en su ciudad como telonero de un show de Juan Carlos Baglietto. Resultó que el productor de Baglietto desarrollaba el proyecto cinematográfico Tango feroz, y Barrientos terminó siendo responsable del hit El amor es más fuerte, firmado por su banda de entonces, Caín Caín. Con un pasado ligado al pop y al rock, empezó a componer primero solo y después con Orozco. Tilín es un exquisito guitarrista que debe su apodo a un pedido que recibía de chico: “Nene, dejate de joder con el tilín tilín de la guitarrita”.
Mercedes Sosa y León Gieco fueron dos de los principales impulsores del grupo. “Estuvieron cerca, desde invitarnos a sus shows hasta cantar nuestros temas, siempre tirándonos una mano y creyendo en lo que hacíamos”, agradece Barrientos. Después de ganar el año pasado la Gaviota de Plata en Viña del Mar, Gieco los animó a grabar un disco y les abrió las puertas de su estudio. No sólo eso: los contactó con Gustavo Santaolalla, productor del sorprendente Celador de sueños. En la música del dúo hay aires folklóricos con mucho aroma de rock nacional, pero sin deformaciones ni fusiones extrañas. Las cuecas suenan cuecas, las vidalas, vidalas, las tonadas, tonadas y mendocinas. Y, sin embargo, pareciera que están sonando por primera vez. El encanto se completa con la bella poesía presente en las letras, la delicadeza de todos los arreglos y la afinadísima voz de Barrientos.
* Orozco-Barrientos participarán del Encuentro Músicas de Provincia, el domingo 24 de octubre a las 18 en el Espacio Cultural Julián Centeya (San Juan 3255), con entrada gratuita.

Luna Monti-Juan Quintero
Juan Quintero y Luna Monti se conocieron por culpa de Raúl Carnota. El olfato del músico permitió reunir al guitarrista y compositor y a la cantante, que terminaron pareja artística y de la vida real. Quintero es uno de los compositores más interesantes del panorama actual. En El matecito de las siete, el último disco del dúo, se escuchan sus temas junto a los de referentes como el Chivo Valladares, Zitarrosa y el Chacho Echenike (del Dúo Salteño). Aunque, cuando se les pregunta por influenciasimportantes, los dos apuntan más cerquita: “Venimos de casas de músicos y cantores los dos. Nuestros padres son nuestros referentes, los que nos hicieron conocer, naturalmente, a los grandes compositores. Y también son nuestra escuela”, explican ellos. “Por más estudios y conservatorios que hayamos hecho, sentimos esencial ese aprendizaje de los asados en nuestras casas, algo que siempre seguimos buscando y generando.”
Tucumano él, amigo de Juan Falú por herencia familiar; porteña ella, ahijada artística de Carnota. Los dos dicen que no se les hace difícil conseguir espacios para mostrarse. “Hay un circuito muy artesanal de gente que organiza tocadas para públicos reducidos, en teatros chicos, bares; ésas son las iniciativas que nos permiten hacer lo nuestro. Gracias a esos pequeños emprendimientos pudimos tocar por todo el país. Después está toda la cuestión de la organización: desde la difusión hasta conseguir pasajes, todo cuesta mucho. Pero al menos las propuestas para tocar están.” Los chicos tienen una dulzura al hablar que transmiten en sus canciones. Se recomienda escuchar El matecito de las siete y detenerse en Canción de bañar la luna, una canción de María Elena Walsh que sacaron como un juego de lo que se acordaban del jardín. Bellísima.
* Luna Monti-Juan Quintero se presentarán el domingo 24 de octubre a las 18.30 en Parque Chacabuco. La entrada es libre y gratuita.
* Hoy, y todos los jueves de octubre, Juan se presenta en un ciclo de compositores jóvenes del Centro Cultural Torquato Tasso (Defensa 1575). Ahí canta junto a Coqui Ortiz, Carlos Aguirre y Topo Encina (otro con aires rockeros a lo Barrientos).

Semilla
Hay quienes hacen folklore desde el rock (cada vez más) y hay quienes hacen rock desde el folklore (poco a poco van surgiendo). Semilla es un ejemplo de quienes no hacen ni lo uno ni lo otro. Y suena bien. Ellos mezclan de un modo que suena muy natural toda la música que escucharon en sus vidas, y las influencias familiares que recibieron. Camilo Carabajal (batería y bombo legüero) es heredero de una familia con linaje folklórico, y toca con Roxana, Cuti y Roberto Carabajal. Bárbara Palacios (voz) es hija de la cantante, actriz y candombera Egle Martin. Leandro Bulacio (teclados) es hijo de un Tucu Tucu, y actualmente toca con Vicentico. Juan Caballero, el más joven del grupo (tiene 19 años), es, paradójicamente, el “peñero viejo” del grupo.
“Queremos que cualquier pibe pueda escuchar folklore como escucha a Spinetta, Charly o El Otro Yo”, resumen su búsqueda. En su música hay lugar para transformar Paint it Black en un Gatito rollinga, chacareras bien cargadas, zambas y canciones eléctricas. Ya grabaron un primer disco, chiquito, casi un demo, y para el segundo los está produciendo Arbol, de quienes los Semilla son fans declarados. Y también, quizás, otra vez, Gustavo Santaolalla.
El grupo camina con la tranquilidad de quien va haciendo las cosas despacio, pero bien. “Recién llevamos dos años tocando, sabemos que estamos verdes en muchas cosas”, aceptan ellos, y los grupos con los que se comparan dan idea de qué va la cosa: “Arbol tiene diez años, Los Piojos como diecisiete, La Bersuit veintipico...”, enumeran. ¿Cuál es el circuito en el que se mueve un grupo que tiene tanto rock como folklore? “Hacemos shows más acústicos adaptados a las peñas y otros más eléctricos en lugares como Cemento, o donde podamos. Es parte de la esquizofrenia folklorística rockera”, apunta Bárbara. Entre otros admirados, Bárbara alaba a Orozco y Barrientos, con quienes hicieron juntos algunas chacareras, y a quienes los unió, dice ella, “la parabólica Santaolalla”.

Arbolito
La historia de Arbolito empezó en un viaje de mochileros a Perú que hicieron Agustín Ronconi y Ezequiel Jusid en la Escuela de Música Popular de Avellaneda. Arrancaron como un trío de folklore tradicional y devinieron en una banda en la que hay rock y folklore en iguales proporciones. En La arveja esperanza, su segundo disco, hay una potente Cuequita porteña instrumental, giros de música andina, aires de zamba, todos pasados por el rock y las letras ancladas en lo social y en la denuncia. El nombre del grupo surgió de un relato de Osvaldo Bayer sobre un ajusticiamiento: cuando el cacique Arbolito pasó a degüello al coronel alemán Rauch, contratado por Rivadavia para terminar con los ranqueles. Este relato se escucha en la voz del mismo Bayer en el primer CD del grupo, y en más de un show el escritor subió al escenario a contar la historia, incluso en la mismísima ciudad de Rauch.
El encuentro de Arbolito con el folklore no vino por el lado de la herencia familiar; más bien a través de la Escuela de Avellaneda. Las influencias primeras, las que “entraron por la sangre”, dice Ronconi, vinieron del rock. “Empezamos a hacer nuestros temas a partir de la música que escuchamos los pibes de Buenos Aires”, explica. ¿Cuál? “Pink Floyd, Hendrix, y de acá, Divididos, Los Redondos, Spinetta...”, enumera. Después, mucho después, vino el Cuchi Leguizamón, como una revelación. “Nos estaba escondido, nos lo tenían negado. Si en la primaria nos hacían cantar Viva Jujuy y Zamba de mi esperanza, cómo vas a saber que hay un tipo como el Cuchi, que es tan grosso como Hendrix, o más”, explica Agustín. “Después aparece el gusto por escuchar las cosas de tu tierra, sentirte partícipe de esta historia y sumarle los ingredientes de tu lugar, la urbe, el ruido. Eso es lo que se escucha en lo que hacemos.” l
* Arbolito tocará el domingo 24 de octubre a las 16 en Parque Lezama. En el ciclo Músicas de Provincia estarán el viernes 29 a las 22, en el Espacio Cultural Julián Centeya (San Juan 3255). Si se pierden esas dos fechas gratuitas, todos los jueves de noviembre los podrán ver en el Torquato Tasso (Defensa 1575).

IRUPE TARRAGO ROS, EN LOS MARGENES

Azul un hada

A Irupé Tarragó Ros se le plantea la idea de hacer una nota “sobre el folklore actual y sus alrededores”. “Yo estaría muy en los alrededores”, se ataja enseguida. “Aunque mi mamá y mi papá dicen que estoy en el folklore. En fin. Años de psicoanálisis...” La mamá y el papá de Irupé son Perla Aguirre y Antonio Tarragó Ros, y sus abuelos son Arsenio Aguirre y Antonio Tarragó. Lo que se dice una herencia familiar pesada.
En el universo de la chica de cabellera azul-violeta hay un telón de fondo entre mágico y místico. Hadas, unicornios y demás seres mitológicos conviven con una idea de Dios alejada de las instituciones, pero muy concreta. Lo más interesante es que todo eso se escucha en Florencia, su último disco, contenido en temas como Vidala paradiso o Zamba para Esther Williams. ¿De qué va el disco que ella dedicó “al divino corazón del padre de los cielos que mora en la torre de los vivientes”? “El razonamiento es el siguiente: yo hago música irupesiana. Como Irupé es argentina, la música irupesiana sería folklore argentino.” En el “folklore de la tierra planeta”, que es el irupesiano, hay lugar para gaitas que mezclan el celta y el chamamé, aires de zamba que suenan como milenarios susurros de cuna, canciones delicadas, sabias, poéticas. Y a no confundir: no hay atisbos de ingenuidad new age.
Al momento de la entrevista, Irupé está algo triste por dos motivos. Estuvo a punto de alquilar un lugar para usar como taller, pero la rechazaron “por música” y por portación de color de pelo. “La ciudad me acaba de pegar una patada”, resume ella. El otro tema es la baja de un proyecto del Ministerio de Justicia en el que ella y otros músicos iban a dar talleres a la Unidad 24 de Marcos Paz para Jóvenes Adultos. “Estoy re bajoneada. Me cortaron la posibilidad de seguir compartiendo tantas cosas con los chicos”, dice ella, que acababa de comprar una cantidad de diccionarios para regalar a sus alumnos.
A la chica siempre le resulta fácil conseguir espacios para hacer lo suyo. “Los espacios me los invento. Soy una especie de circo caminante: voy con mis aliados músicos del momento y mi ambientadora, caemos con ocho árboles, tules y hadas adonde sea, desde la cárcel hasta el lugar más high de Palermo Bagdad”, cuenta Irupé. “El circuito de peñas no lo frecuento, salvo que haya un motivo de solidaridad o religioso. No me siento muy cómoda.” ¿Y por qué la religiosidad tan presente en Irupé? “Tal vez porque nací el 25 de diciembre. Lo que yo me pregunto es cómo no está presente en el mundo. Con todo amor yo comparto lo que me pasa, y siempre estoy contando a otros lo maravilloso que es creer.” Irupé cree con nombres y apellidos: “Soy cristiana. Amo a Jesús, a la Santísima Trinidad, a la Virgen María y elenco. A todo el staff. Ahora, hablar de catolicismo y de Iglesia ya se me complica más. Mi mundo ciélico incluye hadas, duendes, unicornios, y no en todas las instituciones religiosas entran ellos”.

* Hoy, a las 21.30, Irupé presentará sus canciones en Maldito Salvador (El Salvador 4960). Mañana actuará en la FundaciónXeito Novo (Chacabuco 955), a beneficio de la Villa 21, y el domingo 17 en el Parque Sarmiento en un festival a beneficio de la comunidad toba.


PARA LOS QUE EMPIEZAN
Sugerencias del día

Aquí va un pequeño recetario para iniciaciones folklóricas, arbitrario e incompleto, y abierto a correcciones y/o ampliaciones a gusto del consumidor:
1) Si querés descubrir el cancionero desde los intérpretes actuales, escuchá el flamante disco en el que Liliana Herrero y Juan Falú versionaron a la dupla Jaime Dávalos-Eduardo Falú. Escuchá otro CD anterior de la dupla, con las versiones de Leguizamón-Castilla. Y también Lorena canta al Cuchi, de Lorena Astudillo.
2) También podés recorrer el circuito de peñas capitalinas, más acotado que en otras épocas, pero aún en marcha. La Peña del Colorado (Güemes 3657) es la opción con buena música asegurada. En Los Compadres del Horizonte (Combate de los Pozos 1986) se respira ambiente “progre”. Cienfuegos (Pasaje San Lorenzo y Defensa) convoca a un público más rockero, los viernes a la medianoche. La Catedral (Medrano y Sarmiento) es un templo under del tango, pero allí también aparecen sorpresas del folklore. En La Peña del Abasto (Anchorena 571), si tenés suerte, podés toparte con las heavy-chacareras del santiagueño Duende Garnica, o de su primo Néstor. Los jueves se arman allí los bailables de La Salamanca. Otros bailables, aptos para la expansión amorosa en la pista: la peña La Baguala, los sábados en el teatro Verdi de La Boca (Almirante Brown 736) y La Trunca (México 2341).
4) Si pasás por Córdoba, averiguá qué está ocurriendo en las peñas universitarias. Es probable que pueda escuchar a instalados como el Dúo Coplanacu o Raly Barrionuevo, o a otros rockerísimos del folklore como el Bicho Díaz, altamente recomendable.
5) En enero, andá a Cosquín. Ojo, que a diferencia del Cosquín Rock, lo menos importante es lo que pasa en el escenario de la plaza. Es más: no es necesario entrar. Más bien dedicate a recorrer los balnearios y peñas que la rodean, en especial la del Dúo Coplanacu y otras más under como el Bunker Sachero del Duende Garnica y Fisura Contracultural de Jorge Luis Carabajal.
6) Si seguís por la ruta hacia el norte argentino, pasá por Jujuy y seguí el periplo propuesto por el periodista Gabriel Plaza, especialista en el tema. Si parás en Tilcara, no dejés de visitar El Sueñero. Más arriba, en Humahuaca, preguntá por la peña de Ricardo Vilca y por El Caedero, en la Casa de Tantanakuy, a cargo de la cineasta Aldana Loiseau y el músico Juan Cruz Torres.
7) Atención al 5º Encuentro Músicas de Provincia, que reunirá entre el 21 y el 31 de este mes más de 200 músicos nuevos y consagrados del folklore y alrededores en el Espacio Cultural Julián Centeya (San Juan 3255) y Parque Patricios (Av. Caseros y Gral. Urquiza). Allí estarán, entre muchos otros, Chango Spasiuk, Pedro Aznar, Alfredo Abalos, Chango Farías Gómez, Laura Albarracín, Mariana Carrizo, Jorge Fandermole, el Dúo Coplanacu, Lilian Saba, Ricardo Vilca, Julio Lacarra, Rubén Patagonia, Claudio Sosa y Peteco Carabajal.

 

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