Al líder de Massacre se lo puede encontrar en la sala de ensayo tres veces por semana, en su departamento, en la casa de su profesor de canto o en su taller, donde estampa remeras de rock. En ese taller, una tarde bien fría, Walas provoca una profunda conversación con el No para hablar sobre sus agitados comienzos, la relación con sus padres, los duros años ‘80, bueno, sobre lo que nunca había contado en público. No se detiene: lleva muchos años acostumbrado a moverse arriba de un skate. No se va a bajar ahora.
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