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Domingo, 18 de enero de 2015

SALí

COMER Y BEBER FRENTE AL ESCENARIO

 Por Rodolfo Reich

EL PLACER DEL UNDER

La idea de un sótano dedicado al jazz deja correr la imaginación. Es fácil recrear en la mente aquellos tugurios neoyorquinos o de San Francisco durante los ’60, que deambulaban en la delgada línea de lo trash y lo cool, con los ritmos rupturistas de los grandes del free jazz en el escenario. Pues bien, parte de ese espíritu se repite en Bebop Club. Pero en este caso, sumando algo de los grandes teatros de los ’80 y ’90, con cierta estética escenográfica, a lo David Lynch, sustentada en una estética elegante y glamorosa, con pesados cortinados, paredes rojas y luces tenues en las pequeñas mesas redondas.

Bebop Club es tal vez el más logrado club de jazz de Buenos Aires. A una acústica fantástica y una programación donde se alternan nombres reconocidos del jazz con nuevas generaciones suma un flamante piano de cola Yamaha C5, un salón amplio y una propuesta gastronómica que está varios pisos por encima de sus pares porteños. De la gran barra ubicada a un costado parten deliciosos cócteles clásicos y de autor, ricas comidas y generosas copas de vino.

Si bien tiene entrada independiente desde la calle, este espacio se ubica bajo el restaurante Aldo’s, y no es casual: el ideólogo de Bebop Club es el mismo Aldo Graziani, uno de los sommeliers más reconocidos del país. Y en este espacio da rienda suelta a dos de sus pasiones: el jazz, heredada de su padre Jorge, y la gastronomía. Así, mientras tocan, por ejemplo, Angel Sucheras & New Orleans Spirits (20 de enero), Ibrahim Ferrer Jr. (23 de enero) o los jóvenes de Pájaro de Fuego (30 de enero), de la cocina salen tapas como croquetas de ossobuco ($ 70) y pinchos de cordero ($ 80), platos como carpaccio de lomo o burrata con jamón crudo, y grandes sandwiches, entre ellos uno delicioso de lomo, queso y cebollas caramelizadas ($ 115, con papas fritas).

De beber, vinos de Catena Zapata (desde los $ 150) y muy buenos cócteles, entre ellos el Magritte, que lleva cognac, Drambuie, almíbar de jengibre, jugo de lima y orange bitters ($ 85).

En Bebop Club, se bebe, se come y se escucha rico. Un placer para todos los sentidos.

Bebop Club queda en Moreno 364. Teléfono: 4331-3409. Horario de atención: martes a domingos. Programación en www.bebopclub.com.ar. Estacionamiento sin cargo (1.30).


REFUGIO EN EL BARRIO

“Apague la tele y venga”, dice la pizarra fuera del pequeño local de Chacabuco 874. “Quisimos construir un lugar que sea de aguante, de desafío. Desde la TV instalan que uno tenga miedo, que no salga a la calle. Este lugar es una respuesta a eso, es un refugio”, explica Mónica Lacoste, uruguaya, histórica del grupo de teatro Catalinas Sur, y que ahora junto a su marido El Negro Sábato y su hija Florencia llevan adelante la propuesta de Pista Urbana.

El lugar es íntimo, un pequeño salón con mesas y el escenario –con piano incluido– a la misma altura. Las paredes de ladrillo a la vista generan un ambiente muy cálido, donde la impronta personal de sus dueños está a la vista. “No tiene sentido armar un lugar que cierre sus puertas al barrio. Tenemos shows de música, obras de teatro y actividades comunitarias, como festejar la primavera con un asado en la vereda o armar una Pachamama urbana con Liliana Vitale.”

La propuesta de Pista Urbana convence con shows de calidad, ambiente amigable y simples pero sabrosos platos de la cocina. Empanadas caseras ($ 25) y sándwiches (uno de pollo al limón con estragón, tomates confitados, rúcula y puré de zanahoria y mostaza; otro vegetariano con base de berenjenas –ambos a $ 60– y uno más de salmón ahumado, con palta y queso con cebollín a $ 80). También tapas (queso y aceitunas, hummus, caponata) que combinan muy bien con porrón de cerveza artesanal ($ 35) o la copa de vino (desde $ 35). A menos de un año de su apertura, Pista Urbana logró convocar a buena parte de la mejor música local, desde el folclore al jazz, en ciclos con artistas consagrados y otros en pleno crecimiento. Tras dos semanas de descanso, el lugar reabre este 20 de enero y ya tiene confirmado a Bernardo Baraj (22 y 29 de enero, en una faceta poco conocida de cantante), a Jorge Cutello y Martín Delp (24 y 31 de enero) y al dúo de Roberto Catarineu y Manuel Fraga (30 de enero).

Un refugio es más que cuatro paredes. Es su gente, espíritu, ideas y ganas. Allí, en Chacabuco 874, en un pequeño local de San Telmo, Pista Urbana se convierte en un gran refugio.

Pista Urbana queda en Chacabuco 874. Teléfono: 4361-3015. Horario de atención: jueves a sábados, desde las 17. Programación en www.pistaurbana.com.


VALLEJO Y MAS ALLA

“Qué contenido el de esta casa encantada”, dice César Vallejo en su poemario Trilce. Y así puede describirse Hasta Trilce, “un punto de encuentro para distintas expresiones artísticas”, según define una de sus fundadoras, Paula Bradley.

Hasta Trilce comparte con el poemario de Vallejo su búsqueda de libertad. Lejos del corsé de una estética naturalizada, suceden allí distintas obras y músicas, donde la curación se da a través del filtro de sus fundadores. “Nos gusta lo nacional, la vanguardia. Pero también hay espacio para algunas obras clásicas”, continúa Paula.

El lugar se divide en tres. La sala tradicional, isabelina, para 120 personas. El foyer, donde hacen acústicos, proyecciones y obras pequeñas. Y, directo a la calle, el bar, suerte de café concert que suma escenario con obras propias. Un buen ejemplo, Bromas y lamentos, que hilvanó maravillosas canciones de amor barrocas entre las mismas mesas del lugar.

La propuesta de comida es simple, pero con una calidad que sorprende, de sabores francos y precios aptos para todo público. La pizza se amasa in situ, es finita y deliciosa, sea la de cebolla caramelizada ($ 96) o la de rúcula y jamón crudo ($ 142). Hay sandwiches de pan casero como el de champignones, rúcula y mozzarella ($ 60), minutas (pancho a la plancha con cheddar gratinado y verduras grilladas a $ 70, milanesa con fritas a $ 72), ensaladas y tapas (papas bravas, wonton de hongos, croquetas de arroz con guacamole). Todo acompañado con vinos (el Pingüino Federal vale $ 40, la copa de Finca Las Moras $ 30) y una carta de cócteles (de $ 40 a $ 70) a base de espirituosas de alta calidad. El gin & tonic, por mencionar uno, sale con medida de Beefeater y botellita individual de agua tónica, tal como se serviría en un pub inglés.

Tras vacaciones, Hasta Trilce reabrió esta semana con una programación de jueves a domingo (Dúo Dos Caminos el sábado 24, Cecilia Todd el viernes 30, entre otros). Y en febrero retoma su actividad completa, de lunes a lunes. Porque, se sabe, la función debe continuar.

Hasta Trilce queda en Maza 177. Teléfono: 4862-1758. Horario de atención: durante enero, de jueves a domingos; luego, lunes a lunes. Programación en www.hastatrilce.com.ar.


Fotos: Pablo Mehanna

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