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Domingo, 17 de octubre de 2010

Que la inocencia te valga

Wendy Sulca, la Tigresa del Oriente y Delfín Quishpe se convirtieron en estrellas sin saberlo: mientras ellos no tenían computadoras, sus videos musicales, grabados con dos pesos en Perú y Ecuador, recibían 5 millones de visitas en YouTube. La inocencia y sinceridad de sus letras, el aire folklórico de la música y la pureza del pastiche estético de los videos llegaron hasta la prensa neoyorquina. Pero la publicidad metió la cola y el hit en el que se los ve por primera vez a los tres juntos, con la guerra en Israel como causa humanitaria, no fue más que un engaño.

 Por Violeta Gorodischer

Delfín Quishpe, Wendy Sulca y la Tigresa del Oriente son la última Trinidad Latinoamericana, nacida y criada en YouTube: personajes oriundos de Ecuador y Perú, cantantes los tres, cuyos videos lograron transformarse rápidamente en memes (léase algo que se propaga de link en link, generando un fuerte runrún virtual). El dato: ninguno de ellos tenía computadora y no fue hasta hace poco tiempo que se enteraron de que llegaban casi a los 5 millones de visitas. Es que el denominador común de sus vidas y videos es la pobreza.

Tigresa del Oriente

El Delfín, por ejemplo. Nacido en el seno de una familia de clase baja en la provincia de Chimborazo, parte rural de Ecuador, este hombre que creció hablando quechua, que fue vendedor ambulante y que tocó la flauta en más de un recital de su pueblo, decidió crear una canción y filmar un video en homenaje a los muertos latinos del 11 de septiembre de 2001. La versión oficial dice que la historia de su mejor amigo, cuya novia (encargada de limpieza) murió en el atentado, lo inspiró para componer “Torres Gemelas”. En la primera escena, vemos a Quishpe sentado en el sillón (presumimos que de su casa ecuatoriana) mirando por tele imágenes reales de los aviones estrellándose contra las Twin Towers. Acto seguido, se incorpora y se agarra la cabeza: “¡No puede ser! ¡Nooooo!”, y ahí arranca una música definida como “folklore tecno-andino”, sobre la que el Delfín le canta a “su amorcito”. Si a eso sumamos el vestuario a lo cowboy, el número de teléfono para contrataciones que aparece en el margen izquierdo de la pantalla y la yuxtaposición de imágenes incongruentes (animales salvajes, Manhattan en llamas, una playa de Ecuador, la cara del Delfín en primerísimo primer plano, gente que llora por detrás) el efecto es, como mínimo, pintoresco. Pero lo que realmente cautiva es la ausencia de intervención externa, una falta absoluta de manipulación.

Algo parecido ocurre con los hits de Wendy Sulca, la nena peruana que hoy está por cumplir trece pero que canta desde los ocho, cuando su madre filmó sus videos más populares. Los títulos de las canciones que celebran los comentadores de YouTube son “La tetita” y “Cerveza, cerveza”. Atrapada en su vestido merengue, la pequeña Wendy entona un lacrimógeno huayno en el que dice “de día, de noche, quisiera tomar mi tetita”, o asegura “cerveza-cerveza, quiero tomar cerveza, porque ya bastante sufro en la vida”, con expresiones que tocarían el corazón del más duro. La miseria del entorno salta a la vista. Ella misma le explicó a Jaime Bayly, en una de las pocas entrevistas que dio en su país, que todas las imágenes fueron tomadas en Cochabamba. Como ahí estaba ese viejo borracho, sentado sobre el cordón de la vereda, robarle unos planos les pareció (a Wendy y a su madre) coherente con la letra de la canción. “La tetita”, por otra parte, tiene que ver con un juego familiar: “Cuando era muy pequeña corría a mi madre por toda la casa pidiéndole ‘la tetita, la tetita’; de ahí viene”, explicó Wendy, sin decir mucho más. Que quede claro, entonces: aquí no hay ironía. No al menos de parte de la nena. Como tampoco la hubo en el “Nuevo amanecer” de la Tigresa del Oriente, una sexagenaria alegre que tal vez sea la más parecida a nuestra Zulma Lobato, pero sin lo decadente (y sin lo travesti, claro). Su verdadero nombre es Judith Bustos. Se crió en la amazónica localidad de Iquitos, en sus años mozos fue maquilladora de los popes de la farándula latina (el Puma Rodríguez y Raphael, entre otros) y, pasando los sesenta, se animó a darle forma al sueño de su vida: “Ser artista”. Se calzó el enterito de lycra plateada, se animó al escote prominente, se emperifolló toda y hacia allá fue, dispuesta a subirse a un bote y atravesar una laguna de lo más turbia para mirar a cámara y afirmar: “Mientras Dios te dé vida y salud, aprovecha para ser feliz”. De fondo, supuestas imágenes de la selva incluyen a una bailarina acariciando a un caballo y a un hombre vestido como ¿levantador de pesas?, perdido en una coreografía imposible.

“Tal vez Latinoamérica guarde en sus rincones un último reservorio de arte naïf”, escribió la periodista y escritora mexicana Alma Guillermo Prieto en la New York Rewiew of Books, hablando del increíble fenómeno de Wendy, La Tigresa y El Delfín. Es que pisando el kitsch, pero mucho más cerca de la sensibilidad camp que Sontag definió como un amor por lo exagerado, como una seriedad que fracasa, estos tres personajes lograron imponer un estilo que rescata una naturalidad perdida en el tiempo.

Wendy Sulca

WE ARE THE WORLD

El último impacto cuyos ecos resuenan en la Argentina y el mundo es el reciente video llamado En tus tierras bailaré. Allí se reúnen por primera vez los tres, en una insólita canción que rinde tributo a Israel. El porqué de la temática radicaría en el aparente intento de un aporte social conjunto. Definido en pocas palabras, el video vendría a ser algo así como un remix de todo lo anterior, pero potenciado. Una vez más, la escena inicial muestra al Delfín descansando frente a la tele en su casa de Ecuador. Una vez más, lo toma por asalto el sentimiento de indignación ante el horror mediatizado. Cuando la pantalla muestra testimonios de gente interceptada en la calle (“Israel me da un sentimiento de tristeza”; “Me lo nombrás y se me viene la guerra, el caos”; “Me da mucho miedo”), Delfín gesticula y vuelve a gritar: “¡No puede ser!”. Luego desembucha el estribillo-leitmotiv que repetirá junto a Wendy y la Tigresa, recortados y superpuestos sobre los más variados escenarios: acuarios, campos, mares, calles con rabinos, lagos, arenas con camellos, un casamiento judío... La melodía, pegadiza, repite lo mismo una y otra vez: “Israel, Israel qué bonito es Israel; Israel, Israel en tus tierras bailaré”. Esta vez se suman elementos: un locutor que los presenta con un grito tinellesco y “el pasito del Delfín”, una coreografía improvisada por Quishpe que ya es furor en fiestas y cumpleaños.

Las repercusiones de semejante hazaña no se hicieron esperar: 40 millones de personas los vieron en la red y muchas celebridades se animaron a comentar el suceso. Juanes los elogió, Al Gore los recomendó en su página y René, el cantante del grupo Calle 13, declaró que estaríamos ante el nuevo “We are the World” de YouTube. Para evitar dobles lecturas o suspicacias, salió a reafirmar su posición desde Twitter: “Esta música sale desde un corazón honesto con ánimos de mejorar las cosas”, escribió. “Hay que entender que lo bonito del tema puede ser la desinformación, la cual no es culpa de ellos, sino de sus circunstancias de vida. Además, el mensaje es de amor e igualdad.”

Delfin Quishpe

AMIGOS DE ISRAEL

Claro que el desinformado podría ser René, o podríamos ser todos. Si a primera vista el video parece fiel a la esencia original de Wendy, la Tigresa y el Delfín, todo parece ser una cuestión de apariencias. Por empezar, la canción no es de ellos. El responsable de mensajes como “Caminando por Israel, un amorcito encontraré, gracias vida mía al enseñarme este lugar, ay, ay, ay, qué bonito este lugar” es Gastón Cleiman, un creativo publicitario que, junto a sus colegas Darío Herman y Sebastián Muller, gestó la idea de reunir a estos tres personajes bajo una misma bandera (literalmente). Decididos a llevar la idea hasta las últimas consecuencias, convocaron a Gaby Kerpel para que se encargara de la música. El mismo Kerpel viaja por el mundo, compone para De la Guarda y Fuerza Bruta, y mixtura ritmos electrónicos con reversiones de cumbia colombiana. Por si fuera poco, quien llevó adelante la dirección fue Picky Talarico, director de los videos de Gustavo Cerati, Chayanne, Kevin Johansen, Julieta Venegas y Nelly Furtado, entre muchos otros. Así, mientras Wendy, La Tigresa y El Delfín seguían con sus vidas, un grupo de expertos en códigos visuales y artísticos planeaban un proyecto que, imitando lo original, terminaría de consagrarlos. Pero, ¿por qué lo hicieron? El primer asomo de respuesta tiene que ver con cierta pretensión vanguardista, con encontrar en lo “exótico” una forma distinta de creatividad. Si Kerpel se negó en un primer momento, aceptó después de que Cleiman le mandara los primeros videos de Wendy, a quien no conocía hasta entonces. Talarico, por su parte, asegura que la propuesta le pareció un desafío: “Vi una falta absoluta de prejuicios y preconceptos en cuanto al encuadre limpio, qué debe estar y qué no. Después de haber hecho doscientos videos musicales, yo nunca podría haber filmado con ese nivel de ingenuidad. Ya es tarde para eso”.

Pero tal vez haya otra razón, más ligada al hecho de que Muller, que vivió un tiempo en Madrid, había hecho campañas para la A.S.E.I. (Asociación Solidaridad España-Israel) con el noble fin de romper prejuicios non jewish friendly en la Madre Patria. Basándose en esa experiencia y tentados de llevar a estos sujetos de la periferia latinoamericana al centro del conflicto mundial, a los creativos se les ocurrió la idea de crear algo así como una “ingenuidad artificial” encubriendo un insólito sionismo panfletario. ¿Por qué no transformar esa apuesta jodona en una posible “campaña viral” que pareciera un hecho espontáneo? Con intentar y presentar el proyecto no perdían nada... Las versiones finales sobre la aprobación final del cliente son contrapuestas. Que sí, que no, que parecía que iba pero al final no los convencieron y que el video, ya filmado, se subió de todas formas a la web. Fin de la historia. “Incluso pensamos en ofrecérselo a la Secretaría de Turismo de Israel –cuenta Cleiman–, pero al final nadie terminó de comprar la idea, nadie puso plata, y hoy no hay ningún logo detrás.” Muller, mientras tanto, omite todo tipo de nombres y asegura que se le ocurrió contactar a La Tigresa, Wendy y El Delfín sólo por haberlos seguido en Internet. “Me fascinaba la candidez, lo auténtico que transmitían”, dice, y asegura que reconoce en ellos un género musical autóctono, un folklore particular que merece ser calificado como arte. Los chistes de mal gusto, la xenofobia de sus propios compatriotas que se niegan a “ser representados” por ellos, incluso la celebración local que festeja que sean bizarros más allá de sí mismos, no es algo que le preocupe mucho. “No sé, no es como yo lo veo.” Mientras tanto, termina de gestionar el You Fest, próximo a celebrarse el 22 y 23 de octubre en el Centro Cultural Konex. Será el primer festival que reúna en vivo a las estrellas más populares de la web. ¿La promesa? Sacarlas del universo virtual para “bajarlas a la tierra”. Una fiesta impostada que deja cierto sabor amargo. Tal vez la certeza de que la utópica conciencia sociopolítica de la marginalidad latinoamericana no sea hoy más que un bluff. La sensación de que en la intervención externa, lo genuino se perdió para siempre.

Para buscar sus temas en YouTube:
“Torres Gemelas”
“Un nuevo amanecer”
“Cerveza-cerveza”

El YouFest se celebra el 22 y 23 de octubre en el Centro Cultural Konex (Sarmiento 3131).

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