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Domingo, 18 de septiembre de 2011

MúSICA > HISTORIA DEL LLANTO, DE ALAN PAULS, HECHA óPERA

Los hijos de la lágrima

Desde el jueves, el Centro de Experimentación y Creación del Teatro Argentino de La Plata presenta Historia del llanto, un testimonio, una ópera contemporánea basada en la novela de Alan Pauls que trabaja las conexiones entre lo dramático y lo musical de una manera distinta a la tradición del género. Un desafío para el compositor Carlos Mastropietro, con puesta en escena de Analía Couceyro y Minou Maguna, que promete sorprender y deslumbrar.

 Por Diego Fischerman

“Si uno no se preocupa mucho por qué quiere decir ópera, ésta es una ópera”, dice el compositor Carlos Mastropietro. “Lo que me interesó fue, justamente, que no se trataba de una ópera”, afirma Alan Pauls, el autor de Historia del llanto, la novela en que está basada la obra. Ambos, en realidad, están diciendo lo mismo: que la composición que subirá a escena el próximo jueves 22 a las 21 en el Centro de Experimentación y Creación del Teatro Argentino de La Plata (Tacec) trabaja las conexiones entre lo dramático y lo musical de una manera distinta a la tradición del género. Y, sobre todo, que esta forma está dictada más por las necesidades del texto y de la música que por la costumbre.

Con nuevas funciones el viernes 23, sábado 24, domingo 25 y martes 27 de septiembre próximos, a las 21, la obra contará con la conducción musical de Carlos Brítez y la dirección escénica de Analía Couceyro y Minou Maguna. Los protagonistas serán el actor Diego Velázquez y los cantantes Virginia Majorel, Graciela Oddone y Oreste Chlopecki, junto a un grupo de instrumentistas integrado por Mariano Malamud (viola), Carlos Vega (contrabajo), Sergio Catalán (flauta), Federico Landaburu (clarinete), Oswald Macías Zuluaga (trombón), Enrique Schneebeli (trombón), Christian Morabito (corno), Diego Lipsky (acordeón), Gerardo Cavanna y Ezequiel Vargas (percusión). “Por algún motivo, que no sabría explicar, elegí instrumentos graves”, comenta el compositor. Y agrega: “En esta obra no hay diálogos. Y es que, en realidad, tampoco los hay en el libro. La estructura es la misma de la novela y busqué trabajar con la que para mí es una de sus características más atractivas: la simultaneidad”.

Entre lo que tentó a Pauls para que su texto se convirtiera en una obra dramático-musical está lo que él llama “la sobrevida de una novela”. Dice que le interesa “cuando un texto cambia de ambiente; me entusiasma que se escuche el texto en vivo. Y, claramente, me atraía que no se fuera a dramatizar la novela en formato más o menos tradicional, que el formato fuera el de una ‘ópera contemporánea’ y no el de una ópera”. En ese sentido reflexiona acerca de que esa condición de “contemporánea”, en el caso de la música, denomina a un género, “lo que no sucede en el cine o la literatura, donde no quiere decir otra cosa que la simple contemporaneidad; un escritor contemporáneo para mí es uno de mi misma generación, sin importar cuál sea su estilo ni la clase de literatura que haga”.

En relación con La historia del llanto, Pauls considera que excluye la posibilidad de una ópera tradicional, en tanto no es un texto de personajes “y la voz del héroe es una voz de una pura sensibilidad, o de una pura conciencia o de un puro recuerdo, pero no tiene cara, ni cuerpo. Me aterrorizaría que alguien quisiera hacer una obra de teatro con eso, por ejemplo. Y, por otra parte, el texto es, para mí, muy musical; fue escrito desde una perspectiva mucho más musical que narrativa. Es un libro que surgió un poco como una improvisación y tiene eso que tiene la música, de partir de un tronco e irse y volver a él”. Mastropietro cuenta que, más que musicalizar la novela, buscó trasladar a la música algunos de los elementos que encontró en el texto. “Hay textos que aparecen en forma explícita, y corresponden a la selección de algunos elementos presentados, entre otros aspectos, desde su característica literaria. Otros componentes de la novela se manifiestan sólo en forma musical y no por ello debe suponerse que se les otorga menos importancia. De éstos, además del aspecto literario, se toman otras características como lo constructivo o lo musical, entre otras cuestiones más complejas. Los pasajes que aparecen actuados o cantados están tomados directamente de la obra original, en su mayoría sin modificaciones. Una forma de utilización del texto se basa en la manipulación de ciertos párrafos de forma que, aprovechando la posibilidad de simultaneidad de lo sonoro, en la obra musical aparecen superpuestos de acuerdo con la interpretación de determinados pasajes de la novela. Aunque en ésta no hay superposición tal como es entendida en la música o como puede ocurrir con los pensamientos, existen elementos que la insinúan.”

La obra respondió a un encargo del Tacec y el compositor comenta que lo primero que lo atrajo fue “la posibilidad de trabajar con un texto de alguien de mi generación y de cuya temática podía sentirme cerca”. Una de las responsables de la puesta, Analía Couceyro, afirma por su parte: “En esta Historia del llanto un adulto relata, en ambigua tercera persona, situaciones y hechos que lo formaron. La infancia omnipresente y esquirlas que saltan, como los fragmentos del vidrio atropellado por el triciclo de los cuatro años, hacia la adolescencia y juventud, teñidas de militancia. Este niño solitario tiene una habilidad, fomentada por su padre y utilizada por todos los que lo rodean: la sensibilidad. Mecanismos que se ponen en marcha como consecuencia de sus lágrimas infantiles. El actor, el niño sensible, el que juega solemnemente, el que repite como ritual, es interrumpido, contenido, agobiado y cercado por ese ejército de músicos uniformados como los amigos de su padre en la pileta y por esos cantantes confidentes disfrazados, y por lo tanto, poco confiables. Por suerte está Superman para rescatarlo, o al menos para retenerlo hasta la huida”. Minou Maguna, la otra directora de escena, completa: “Por tratarse de un testimonio, la novela navega entre el pasado y el presente. Nosotras decidimos incluir al futuro y así armamos los tres espacios que trabajaremos a tres canales. La luz será siempre proyectada, creando un clima que integrará por momentos los tres ambientes y en otros los aunará en la atmósfera pop de la infancia del autor o en el ambiente militar propio de su adolescencia. El devenir será, como siempre, una sorpresa, incluso para nosotras que hemos pensado crear el video/luz en tiempo real, sobre un guión previo que construiremos según la partitura y las ideas del director para la interpretación de la música. De esta manera, cada función será distinta, no sólo a nivel sonoro sino también visual, aunque las variaciones para algunos puedan resultar imperceptibles”.


La sala del Centro de Experimentación y Creación del Teatro Argentino de La Plata tiene acceso por 10 y 53. Entrada: $ 10.
Los espectadores de Capital Federal cuentan con un servicio de ómnibus que parte desde la Casa de la Provincia de Buenos Aires (Callao 237) dos horas y media antes del horario de cada función. Los pasajes ida y vuelta tienen un valor de $ 40. Mas información en www.teatroargentino.gba.gov.ar o comunicándose gratuitamente al teléfono 0800-666-5151.

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