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Domingo, 15 de enero de 2006

La lectura digerida del Código Da Vinci

Por John Crace

El renombrado curador Jacques Saunière sintió un escalofrío. La primera página de un bestseller de Dan Brown no era sitio seguro para ningún personaje. “Considérese afortunado”, gruñó Silas el monje mientras se autoflagelaba con el cáliz. “Yo tengo que pasearme por 400 páginas más de esta basura mal escrita”.

El teléfono sonó en la habitación de hotel Robert Langdon. Luego de su anterior aventura con el Papa, nada podía sorprenderlo. Pero estaba sorprendido. “Me sorprende ser convocado al Louvre en la mitad de la noche”, se dijo a sí mismo.

El inspector Bezu Fache estaba tan enojado como su nombre lo sugería. “No me gusta que el renombrado curador del Louvre sea hallado muerto en circunstancias sospechosas en una galería del museo en la mitad de la noche”, musitó. “Así que, Monsieur Langdon, ¿qué le parece París?”

“Es una ciudad muy hermosa, rebosante de arte y religión”, replicó Langdon entusiasmado. “Y, si no estoy errado, la pose que ha adoptado el cuerpo de Monsieur Saunière al morir es altamente simbólica.”

“No tan rápido”, intervino una mujer joven que se identificó como Sophie Neveu, una agente del departamento francés de criptología. “Lo llaman por teléfono”, agregó. Y se llevó a Langdon hacia los baños. “El inspector Fache sospecha que usted es el asesino”, susurró la joven. “Debe huir conmigo, ya que yo soy la nieta de Jacques Saunière”.

“No hasta que haya resuelto el enigma que dejó su abuelo”. 13-3-3-2-21-11-8-5

¡O Draconian devil!

¡Oh, Lame saint!

“Hmm, los números son los que componen la Secuencia Fibonacci”, chirrió Sophie.

Y las palabras conforman un anagrama de Leonardo Da Vinci y Mona Lisa.

Fueron corriendo hasta la pintura mundialmente famosa. Allí encontraron otra pista.

So dark the con of man.

“Es otro sencillo anagrama”, exclamó Langdon. “Madonna de las piedras.” Fueron corriendo hasta la pintura mundialmente famosa. Allí encontraron una llave –otra pista– justo antes de evadir por segundos a las fuerzas combinadas de la gendarmería parisina.

“Estuvo cerca”, chilló Sophie.

“Gracias a Dios que nos espera un largo viaje en coche hasta nuestro próximo destino, lo que me dará unas 20 páginas de tiempo para teorizar falsedades varias en lo que a historia del arte se refiere”, dijo Langdon.

Sophie se esforzó por mantenerse despierta mientras Langdon parloteaba sobre Leonardo, lo femenino y el Priorato de Sión.

“¿Pero ya no se hablaba de todo eso, hace muchos años, en el libro Holy Blood Holy Grail?”, preguntó ella.”Sí, pero seguro que los yanquis ya se olvidaron”, respondió Langdon.

Se detuvieron junto al banco suizo. “Necesitarás la llave pero también la combinación. Debe ser la Secuencia Fibonacci”, gritó Sophie, mientras hacían girar la llave evadiendo por segundos las fuerzas combinadas de la gendarmería parisina.

“Nos espera un largo viaje en coche hasta el hogar de Sir Leigh Teabing, el excéntrico y lisiado especialista en el Grial que vive en Francia”, dijo Langdon. “Lo que me dará tiempo para teorizar más falsedades en lo que a historia religiosa se refiere. ¿Sabías que Jesús se casó con María Magdalena y tuvieron hijos? María es el Grial y tu abuelo fue el Gran Maestro del Priorato de Sión y tú eres descendiente directa de Jesús.”

“Y tu modo de construir oraciones da pena”, rió ella.

“Ahá”, dijo Sir Leigh, arrastrando su pierna paralizada por la habitación. “No tenemos tiempo que perder si queremos descifrar el enigma. Debemos volar a Inglaterra.” El jet privado aterrizó en Biggin Hill evadiendo por segundos las fuerzas combinadas de la gendarmería parisina. Langdon utilizó la Cifra Atbash e hizo girar la llave hasta hacerla coincidir con las letras S-O-P-H-I-A; y así descubrió un nuevo acertijo.

In London lies a knight pope interred.

Corrieron hasta la iglesia. “Este es un callejón sin salida”, dijo Langdon mientras hacían su aparición Silas y el sirviente de Sir Leigh. “Lo han tomado de rehén”, sollozó Sophie.

Langdon se concentró en el acertijo. Comprendió que estaba en el sitio equivocado. Corrió hasta la tumba de Sir Isaac Newton en la Abadía de Westminster. Allí lo esperaba Sir Leigh.

“Yo fui el malo desde el principio”, sonrió con desprecio Sir Leigh. “El Priorato de Sión no iba a revelar los secretos del Grial así que yo persuadí al Opus Dei para que asesinara a Saunière. Ahora yo he matado a Silas y al sirviente y quiero el cryptex.”

Bezu Fache surgió de la nada y arrestó a Sir Leigh. “Le pido disculpas. Usted no era el asesino después de todo”, le dijo a Langdon.

Langdon y Sophie tomaron el tren a Rosslyn, en Escocia. “¿Hallaremos allí al Grial?”, preguntó Sophie.

“No”, respondió la mujer que resultó ser la abuela de Sophie.

Langdon sintió un escalofrío al besar por primera vez a la descendiente directa de Jesús. Tal vez volvería a verla. Langdon regresó a París para iniciar las excavaciones en las bóvedas bajo el Louvre. Y allí se arrodilló frente a los huesos de María Magdalena.

LA LECTURA DIGERIDA-DIGERIDA

Varios millones de lectores pueden estar equivocados.

Traduccion de R. F.

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