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Lunes, 21 de noviembre de 2005

CULTURA / ESPECTáCULOS › OTRA VUELTA EN LA IDEA DE UN FUTURO TOTALITARIO

Sistema genéticamente puro

 Por Leandro Arteaga

Código 46 (Code 46)

Inglaterra, 2003

Dirección: Michael Winterbottom.

Guión: Frank Cotrell Boyce.

Música: The Free Association.

Fotografía: Alwin H. Kuchler, Marcel Zyskind.

Montaje: Peter Christelis.

Intérpretes: Tim Robbins, Samantha Morton, Om Puri, Jeanne Balibar, Emil Marwa, Nina Fog, Christopher Simpson.

Duración: 92 minutos.

Salas: Del Siglo, Village.

Puntos: 8 (ocho)

"Hubo una vez, un futuro reciente" era la leyenda que daba inicio al notable film "El cuento de la doncella" (1990), parábola totalitaria dirigida por Volker Schlndorff, con guión del premio Nobel Harold Pinter. De igual modo abría su relato "Brazil" (1985), la ya clásica realización de Terry Gilliam, al contextualizarnos en "algún lugar del siglo XX". En el caso de "Código 46" asistimos a una reorganización planetaria de fecha no precisa, en la que sus habitantes deben portar visas de ingreso y egreso, escapar a los rayos ultravioleta del sol, y distinguir de sí a aquellos que viven en el "Afuera".

El rasgo nodal de este sistema de control tendrá que ver con normas específicas respecto de políticas genéticas. No podrán tener relaciones, ni procrear, aquellos que compartan similitudes de ADN, puesto que será considerado incestuoso. Toda pareja deberá, por ello, hacerse pruebas que legalicen su unión. Desde estos parámetros, que significan la violación del así denominado "código 46", será una investigación oficial la que, a pesar de su intención restitutiva y policial, culmine como una afrenta hacia el orden que defiende.

De modo gradual, el agente interpretado por Tim Robbins se verá envuelto en una relación que culminará por tenerlo como víctima. Es una de las sospechosas que interroga en un marco de oficinas sistemáticas, encargada de otorgar las visas antes mencionadas, quien será móvil para sus dudas y para el despertar de pulsiones edípicas. Es ella (Samantha Morton) quien nos guía desde su voz en off, es ella quien sueña y quien cree en un destino onírico. Es esta relación de afecto, de amor reprimido, la que nos recuerda, otra vez, la memorable Brazil y ese mundo de vigías invisibles que George Orwell perfiló en su novela 1984. La "reescritura" de la historia que denunciaba Orwell, encuentra en "Código 46" su correlato con el "borrado" de ciertos recuerdos, procedimiento necesario para el normal funcionamiento social.

Será la persistencia de mismos sueños, más su presentimiento de destino, los que terminen por poner en duda un régimen que no hace falta fechar para la denuncia de sus rasgos totalitarios.

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La historia gira en torno a una supuesta renovación planetaria. Robbins encarna a un inspector del sistema que tornará en víctima
 
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