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Lunes, 19 de marzo de 2007

CULTURA / ESPECTáCULOS › "CARTAS DESDE IWO JIMA", UN FILM MEMORABLE DE CLINT EASTWOOD

La guerra, esa herida absurda

 Por Leandro Arteaga

Cartas desde Iwo Jima 9 puntos

Dirección: Clint Eastwood

Guión: Iris Yamashita, Paul Haggis, sobre el libro "Picture Letters from Commander in Chief", de Tadamichi Kuribayashi.

Duración: 140 minutos.

Salas: Monumental, Del Siglo, Village, Showcase.

Podemos decir, y bien, que en Cartas desde Iwo Jima Clint Eastwood nos ofrece una mirada complementaria, la japonesa, a la que ya desarrollara en La Conquista del honor. O también, y mejor, que ambos títulos constituyen un solo y grandioso film, o, por qué no, considerarlos a la manera de dos capítulos dentro de una misma historia. Lo que sea, pero que no nos queden dudas acerca del candor, la reflexión, y la artesanía con las que el gran Eastwood nos premia durante la proyección.

Porque Cartas desde Iwo Jima se detiene, justamente, en la escritura íntima, en las palabras dichas con una tinta que se mezcla con ríos de sangre. La batalla es inevitable, los miedos también. Las vidas que serán segadas, entonces, confían al pulso en el papel la posibilidad del recuerdo, de la pervivencia.

La situación límite replantea los vínculos. La gradación militar deja de ser, en los gestos del general Kuribayashi (Ken Watanabe), el martirio del honor y de la vida por la patria. Los nexos humanos asoman y con ellos sus emociones. Porque, mientras se espera la invasión, se cavan tanto túneles como fosas futuras. Y cuando las muertes son inminentes, el orgullo japonés hace todo lo posible por preservar su tradición. Del modo más horrible. Allí, en ese momento, es donde Kuribayashi permite el enclave que nos aleja de tanta sinrazón.

La hermandad militar entre naciones se revela, para Kuribayashi, desde un prisma ambiguo, sujeto a las directivas superiores. Así lo testimonian sus recuerdos de honores compartidos, mientras guarda consigo el preciado obsequio de su visita a Norteamérica. En él descansa, digamos así, la mejor clave, la alegoría de la contradicción mayor.

Clint Eastwood abre la herida de Iwo Jima. Se interna, literalmente, dentro de sus fauces, dentro de sus túneles todavía presentes, y escarba. Lo que surge es un film memorable, que escapa a las fronteras del cine de guerra, y que destila tanto artesanía cinematográfica como lucidez crítica.

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La película se detiene en la escritura íntima. La batalla es inevitable, los miedos también.
 
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