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Martes, 22 de marzo de 2011

CONTRATAPA

Algunas claves para entender a Don Mario

 Por Javier Chiabrando

Vea usted, seguramente cuando esto se publique la polémica ya haya desaparecido o haya sido reemplazada por otra a la altura de nuestra ansiedad: quién ganará el GH o si Riquelme vuelve a jugar. Yo espero que los odios que genera don Mario Vargas Llosa no pase a mayores, porque no escasean aquellos que se salen de la vaina de ganas de meterle dinamita debajo de su cama europea desde donde escupe sus aleccionadores discursos sobre Latinoamérica. Ahora, vea usted qué curioso, si eligieran dinamita para mandarlo de una buena vez al Olimpo verdadero (del que no se vuelve), aumentarían las regalías de los herederos del Nóbel, inventor de la dinamita, y por lo tanto del premio, lo que no sería otra cosa que un nuevo triunfo del capitalismo que don Mario defiende como nadie. Su muerte sería su triunfo. Paradoja de paradojas. Lo más probable es que cuando esto se publique, el hombre esté vivito y coleando, y siga hablando, y hablando, y hablando, reemplazado en sus siestas y huidas al baño por su hijo Alvarito (o sea el lenguaraz del lenguaraz del establishment) o por un Vargas Llosa falso que apareció por Twitter, como si hiciera falta. Aclaremos algo ya: don Mario es un buen escritor por más que usted haya tenido la mala suerte de elegir Travesuras de la niña mala para saber cómo escribe. Mire si será bueno, que ganó nada menos que el Nóbel, igual que otras ilustres plumas tales como Wislawa Szymborska, Jaroslav Seifert, Odysseas Elytis, Harry Martinson, Kawabata Yasunari, Nelly Sachs, Shmuel Yosef Agnon, Johannes Vilhelm Jensen, Roger Martin du Gard, Gerhart Hauptmann e Imre Kertész, que deben haber sido grandes escritores por más que nosotros no sepamos quiénes son. Estoy seguro, vea usted, de que esos escritores olvidados creían eso de "pinta tu aldea y pintarás el mundo". Un escritor checo, pongamos, escribiría del complejo paso de ser checo para luego ser checoslovaco y volver a ser checo, matizado con anécdotas de sus padres cuidando las cabras que luego se merendarían los nazis. En cambio, don Mario no se detiene en esas domesticidades. Lo de él sería "para qué vas a pintar tu aldea si podés pintar el mundo". Basta que lo googlees diez minutos para ver que escribió (y con detallados conocimiento sobre historia, causas, efectos, pasado y futuro) sobre la Tatcher, Perón, Evita, las drogas, el matrimonio gay, la política chilena, Turquía, el genocidio armenio, el holocausto, la Rusia de Putin, Mao, los diarios de Brasil, Francia, Túnez, Egipto, Yemen, Argelia, Marruecos y Jordania, Chávez y la invasión de Venezuela a Colombia (que aún no se cumplió pero quién sabe), fútbol, WikiLeaks, Corín Tellado y todos los escritores de la tierra, la sociedad del espectáculo, el Congo, la sociedad sueca, la trilogía Millenium, los barrios de Estocolmo, Polanski, Cuba, Irak, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Colombia y Honduras (en "El golpe de las burlas", editada en El País el 12 de julio de 2009, donde justifica, con sinuosa escritura de premio Nóbel, como buen demócrata que es, el golpe de Estado). Y de Argentina, claro, como pudimos apreciar en estos días. Yo me lo imagino a don Mario dando notas sobre nosotros, mientras fuera de cámara, otro periodista espera a ser iluminado sobre lo que sea, no importa si el tema es la realidad mexicana o esquimal, porque don Mario tendrá algo para decir. A mí me divierte escucharlo hablar con ese tono de peruano de clase alta con toques de Harvard y de la Sorbona en proporciones iguales. Me da la impresión de que baja del cielo del arte para meterse en el barro de las ideas cotidianas. Y sale embarrado, por mucho que lo disimule. No es lo mismo oírlo decir: "... sus páginas limpias y sonoras como un arroyo de la sierra, nos acercan con la inmediatez de una ficción lograda a los secretos del arte que sirvió a Hemingway para transmutar la vida que vivió y la que sólo soñó en esa fiesta compartida que es la literatura" (sobre "París era una fiesta"), que "el partido conservador de Margaret Thatcher (...) aplicó un programa de reformas radicales de la más genuina estirpe liberal, que revolucionó de raíz la sociedad británica: privatizaciones masivas, guerra a muerte a la inflación, recorte drástico del gasto público (...) Esas reformas que, por supuesto, tuvieron un precio alto...", etc. Evite Travesuras de una niña mala y el plomífero Sueño del Celta y verá que el hombre es un grande. Y ya lo dicen todos, por un lado va su arte y por el otro sus ideas. ¿Las ideas van por otro lado? Quizá, pero me permito dudarlo. Vea sino en Travesuras de una niña mala donde el personaje principal habla de dos amigos que murieron jóvenes, uno por guerrillero y el otro por entregarse al jolgorio de los `60, lo que lleva a una conclusión: para Vargas Llosa vivir mata y creer mata. En cambio, volverse un platinado profesor universitario del primer mundo garantiza vida larga y premios. Vea también lo que escribió en "La verdad de las mentiras" sobre el rechazo de Vittorini a editar El Gatopardo y sobre lo "mal educados" que estábamos por Gramsci y Sastre y la literatura comprometida. ¿Las ideas van por otro lado? Vamos a la coyuntura. Creo que don Mario inaugurando la feria del libro va a servir para que cada uno reafirme sus propias ideas. No sé por qué hay gente que cree que las ideas nuestras son menos categóricas que las suyas, y que un discursito más o menos nos hará cambiar de opinión. Si don Mario no cambia de opinión cuando hablan García Márquez, Saramago o Hobsbawm, ¿por qué nosotros lo haríamos cuando don Mario apele a su retórica de trinchera? Hablando de eso: ¿no notaron que por muy buen escritor que sea, la sintaxis y la exposición de sus ideas cuando habla de política no son más interesantes que la de Carrió o Macri? Es un tema de análisis que me reservo para el futuro. La primera conclusión es: las ideas ramplonas generan textos ramplones. Por muy premio Nóbel que seas. Vean sino el fragmento dedicado a la dama de hierro. Quizá la causa sea el odio. El odio difícilmente genere textos bellos.

En una nota escrita para El País el 30 de enero de 2011, don Mario zarandea al ministro de Cultura de Francia porque el pobre hombre sacó de las celebraciones nacionales a Céline por nazi o, como dice don Mario, por escoria. Luego de darnos una lección de cultura francesa y de literatura universal, don Mario nos dice que lo que todo un gabinete completo, las asociaciones judías francesas y los hijos y nietos de los muertos en campos durante la guerra, además de "varias asociaciones humanitarias", decidieron después de estudiarlo largamente, es un error. Así nomás. Todo un país equivocado y él en lo cierto. Completa don Mario: "Aunque no siempre es fácil, hay que aceptar que el agua y el aceite sean cosas distintas y puedan convivir en una misma persona". Si lo dice él, que todo lo sabe, debe ser verdad.

En este caso yo pienso lo mismo que don Mario. La diferencia es que yo lo creo como creo otras cosas, con la misma inarticulada convicción con la que soy hincha de Boca. En cambio me parece que don Mario está abriendo el paraguas por si luego de su viaje al Olimpo verdadero a la gente se le ocurre borrar su nombre de calles, plazas y homenajes. No lo vamos a hacer, don Mario, no se preocupe, recordaremos sus mejores libros y olvidaremos los malos, después de todo usted no es tan importante como para que todo un país como Francia o como Argentina lo combata y además no mató ni ayudó a matar a nadie, como sí hizo Céline.

Lo peor que puede pasar es que después de dejarlo venir y hablar en la feria, de permitirle desasnarnos sobre nuestro país, del que usted es un especialista del carajo, discutamos sus ideas para llegar a una conclusión semejante a la que tenemos hoy, y que cuando caiga, porque ya se sabe que todo lo que sube debe bajar, lo pateemos en el suelo como usted hace y haría con sus enemigos ideológicos.

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