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Sábado, 1 de septiembre de 2007

PSICOLOGíA › SOBRE LA APARICION Y ABORDAJE DE LO ANGUSTIANTE

Un sentimiento que molesta

Con motivo de las IX Jornadas de la EOL Rosario "¿Cómo se vive la angustia?" que se realizan hasta hoy, miembros de la comisión organizadora exponen sobre la temática.

 Por Roberto Bertholet y otros*

¿Qué es lo que nos angustia en el día a día? ¿Cómo vérnosla con la cotidianeidad de lo angustiante? En principio, tomemos en cuenta que lo que angustia no es sólo el enfrentar un episodio trágico, como la pérdida de un trabajo, de un ser querido o cualquier otro acontecimiento inesperado y dramático. La angustia no se provoca solamente por un hecho traumático ﷓invasión de energía que no se puede soportar﷓, lo que nos llevaría a un estado de angustia. Muchas veces, quien se angustia se ha confrontado a un sentir que lo asaltó de repente y no logra explicar qué le ocurre. Decimos, entonces, que al sujeto lo ha invadido un real que no ha podido cifrar a través del lenguaje. Ese sentir tan intenso lo molesta, lo abruma y, por supuesto, se aloja en su cuerpo como una incertidumbre generalizada. Puede aparecer por cualquier motivo y sin aviso previo: por una llamada telefónica, por un contratiempo en la calle, o una frase oída al pasar. El sujeto se angustia, sin poder hacer uso del sentido con el que hasta ese momento se manejaba en su vida.

Desde un principio, Freud desarrolló distintas formulaciones sobre la angustia; ya en 1894, cuando se pregunta cómo se genera la angustia, o en 1895 cuando la relaciona con la conciencia moral. De ahí en más, la angustia se articula con el deseo inconsciente, el Edipo, la pulsión y el superyó. Además, cumple una función eminente en la formación de síntomas.

Freud la consideró, primero, como consecuencia de un exceso de libido: el excedente pulsional no ligado provoca angustia. Luego, es ubicada como efecto de la represión y por último, a partir de "Inhibición, síntoma y angustia" (1925), la angustia será condición de la represión. Asimismo, el desamparo y la inermidad inherentes a la condición humana serán factores centrales a tomar en cuenta para considerar la angustia.

Lacan, por su parte, considera que la angustia no está ausente de la constitución del deseo, en tanto sólo la angustia transforma el goce en objeto causa del deseo, de tal modo que la angustia, en este sentido, es una angustia productiva. La relación de la angustia con el goce retoma lo que Freud había situado con la noción de "desamparo", en el que se encuentra el yo frente a la exigencia pulsional. Entonces, tal empuje pulsional se ubicaría en un tiempo lógico anterior a la angustia, siendo ésta la que produce el objeto causa del deseo, a partir del goce autista del propio cuerpo.

A su vez, el deseo del Otro en tanto enigma sin respuesta a la pregunta por lo que soy para ese Otro, provoca angustia. El "che vuoi?", el "¿qué soy como objeto para el deseo del Otro?" resulta angustiante y es frente a esta dimensión ﷓inevitable para todo ser hablante﷓, que el mismo responde en tres niveles: inhibición, síntoma y fantasma.

Por todo ello, la angustia es un afecto que no engaña; muestra aquello que, en la estructura, resiste a la simbolización y, al mismo tiempo, destaca a la dimensión simbólica en su incompletud: es el afecto como efecto de la confrontación del sujeto con ese agujero estructural que el propio Lacan escribió.

La angustia es, así, una brújula que conduce a lo que ha resultado traumático para el analizante. Si para Freud, la angustia era señal de alarma, para Lacan, es señal de lo real. Es la vía que permite al analista encontrar su orientación hacia el trozo de real, del que proviene para cada sujeto el efecto de angustia.

La ciencia en la época actual, al servicio de la biopolítica dominante, se propone aliviar de la pregunta sobre el goce y sobre el deseo, haciendo aparecer a la angustia como una emoción, sin ningún otro valor que el de un trastorno que, con medicación o una reeducación emocional, debe ser eliminada rápidamente.

El psicoanalista recibe diariamente consultas de pacientes que llegan con diversos diagnósticos, catálogo de nombres que la ciencia le adjudica a la irrupción de angustia en la vida de un sujeto, entonces hay ataques de pánicos, hiperactividad, stress, fobias sociales y otros nombres que, funcionales a la época, conllevan un modo de tratamiento "express", cercenando al hombre de su historia, sus padecimientos, sus deseos.

Frente a estas coordenadas de la época que vivimos, el psicoanálisis restituye la singularidad y destaca, en cada experiencia de análisis, cada uno de esos detalles tan significativos por las resonancias y efectos que provocan en el sujeto.

La orientación lacaniana, en tanto considera a la angustia como un afecto que no es como los demás, se propone des﷓angustiar de la buena manera: introduciendo una pregunta sobre el deseo, a partir de la interpretación que permite la instalación de la transferencia, haciendo consistir al síntoma; impulsar el camino que va del desborde de angustia al sentido inconsciente del síntoma.

* Comisión organizadora de las IX Jornadas de la EOL Sección Rosario: María Marciani, Silvia Crosetto, Graciela Rodriguez, Sonia Nocelli y Roberto Bertholet.

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