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Jueves, 4 de septiembre de 2014

PSICOLOGíA › PSICOANáLISIS Y ARTE, DOS PRáCTICAS QUE NO SE AGOTAN EN LA EXPERIENCIA Y DEJAN HUELLAS

Arte contemporáneo en su valor de goce

Así como un psicoanalista se presta a ser cualquier cosa que el analizante le haga encarnar, también el objeto de arte actual se presta a ser cualquier cosa, ha perdido su metáfora, en función del objeto valioso que encierra.

 Por Irene Accarini*

Dos prácticas, arte y psicoanálisis que no se agotan en la experiencia, pues pueden hacer escritura, viaje y letra, en un derrotero pulsional, reunidas en el rasgo de la creación. Tomamos unas palabras de Jacques﷓Alain Miller: el mito pulsional en psicoanálisis admite una historia distinta que el mito paterno. Ante todo, el mito pulsional es como una variante del mito paterno, que relata solamente el robo de la libido, como fue usurpada por un cuerpo y luego de eso condenada al desierto de goce, el mito pulsional cuenta las migraciones de la libido. Esta migración de la libido la aplicamos a nuestro decir del viaje, viaje de la libido en el excedente de goce que el padre no logra retener, que enlazará de uno a otro lado a los protagonistas de un lazo, en la experiencia del arte contemporáneo al creador, la obra y el visitante de la misma. Recordamos al escritor Claudio Magris, para quien el viaje tiene una connotación de voz. En una conferencia dada en Buenos Aires, decía creer en la variedad de voces, en la memoria no como pasado, sino como escritura, dando voz a cosas lejanas, en eco con sus obras en las que emprende viajes en geografías y pasiones del hacer cotidiano. Afirmaba, "mis itinerarios se completan entre utopía y desencanto, mi frontera es en cambio inabarcable, se halla entre el mundo noto y el ignoto". El viaje como la odisea del Ulises de Joyce, es el que permite el retorno atravesando la vida, puede darle un sentido o perderlo. Esta realidad del viaje sitúa al viajante entre la pérdida y la falta, en el movimiento que enlaza lugares, migración libidinal, de la que quedará un real. Real irreductible, al decir de Eric Laurent en un texto suyo, pudiendo ser la angustia de vivir o aquel objeto que se haya de aislar allí. De este modo, la operación artística actual no es una resignificación sino un itinerario intérprete que dejando huellas en el cuerpo y alejándonos de las representaciones, del saber y sus sentidos, nos interpela por igual a artistas y espectadores, si hemos arribado a nuestro deseo. La experiencia artística actual que ha abandonado la definición académica de las bellas artes haciendo nuevos usos de sus soportes expresivos y sus formas, desconcierta al entendido y al crítico, que le objeta esta pérdida. Es notorio el recurso a los estados elementales de la materia para calificar lo contemporáneo como "gaseoso" o "líquido", recursos que lejos de reflexionar sobre el fenómeno lo adjetiva sin percibir el derrotero pulsional, el peso gozante de los lazos actuales que mueven el mundo. Yves Michaud es quién afirma que Es como si a más belleza menos obra de arte, o como si al escasear el arte, lo artístico se expandiera y lo coloreara todo, pasando de cierta manera al estado de gas o de vapor y cubriera todas las cosas como si fuese vaho. El arte se volatilizó en éter estético, recordando que el éter fue definido por los físicos y los filósofos después de Newton como medio sutil que impregna todos los cuerpos. Añade que la desaparición de las obras deja lugar a un mundo de belleza difusa, tanto profusa como gaseosa. El autor sigue así el pensamiento de otros especialistas en arte actuales que entienden que la creciente estetización de los objetos útiles de la vida cotidiana, implican una desestetización del objeto de arte mismo, que pasa a ser cualquier objeto vulgar. No acordamos con estos puntos de vista, entendemos más bien que el arte contemporáneo ha salido del canon de la belleza por voluntad propia, como modo de atravesar estos semblantes contemporáneos cotidianos, despojándose de la estética bella como de una cáscara vacía para mostrar que lo envuelto que sostiene el envoltorio no necesariamente es refinado y áurico, pero sí siempre verdadero, agalmático, y real. El artista contemporáneo así invita a la demora y a la reflexión, conmueve por su encarnamiento del problema de la no proporción del mundo, y no por su vestido de la bella evasión. Aún queda por repensar la propuesta del artista Joseph Beuys cuando planteaba que todo hombre es artista. Así como un psicoanalista en el escenario de la transferencia con su analizante se presta a ser cualquier cosa que éste le haga encarnar, lo cual es posible porque el analista nada es, ya que ha perdido a su persona para escuchar a su analizante desde su mismo deseo, también el objeto de arte actual se presta a ser cualquier cosa, ha perdido su metáfora, en función del objeto valioso que encierra más allá de su presentación fáctica. Mientras el lazo en el mundo actual y los teóricos adjetivantes, reclaman más objetos de visibilidad bella, el artista y también el psicoanalista, señalan al objeto valioso no en su significado o en su bella apariencia, o en su valor de uso, sino en su valor de goce. *Psicoanalista. Fragmento escogido de la nota publicada en Virtualia nº 24, Revista Digital de la Escuela de la Orientación Lacaniana.

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