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Lunes, 26 de marzo de 2007

OPINIóN › SIETE DIAS EN LA CIUDAD

El estado del PJ rosarino

En el peronismo local prevalece una tendencia que es la de haber aceptado -casi con resignación- la hegemonía socialista desde 1989, y un electorado que le resulta cada vez más esquivo. Una situación que el PJ fue incapaz de revertir, terminó por moldear el carácter de un grupo de dirigentes que se resisten a dar un paso al costado.

 Por Leo Ricciardino *

Que ninguno de los dos precandidatos a gobernador del Frente para la Victoria haya podido seleccionar un candidato peronista para que compita con Miguel Lifschitz por la intendencia es un síntoma muy claro del estado en el que se mantiene el Justicialismo en Rosario desde hace muchos años. Demuestra por un lado, la casi nula actividad partidaria que tanto Jorge Obeid como su antecesor Carlos Reutemann desarrollaron aquí. Y por el otro, la escasísima capacidad, vocación o directamente compromiso, que han tenido los referentes locales -siempre los mismos, por otra parte- como para construir una referencia sólida del partido en la ciudad.

Quizás Agustín Rossi hubiera sido el ideal, antes de su vertiginoso ascenso a la política de las grandes ligas, dos años atrás, cuando recayó en él la responsabilidad de ponerse al frente de la lista de candidatos a diputados nacionales del PJ. Se había consolidado como presidente opositor del Concejo Municipal, pero sin que estuviera en sus cálculos le tocó jugar otro papel.

Que Rafael Bielsa haya recurrido a un viejo aliado del peronismo como el ex intendente Héctor Cavallero, y el propio Rossi a un radical K como el ex ministro de Salud Juan Héctor Sylvestre Begnis, ponen negro sobre blanco la escasez de dirigentes del peronismo de esta ciudad en condiciones -no ya de ganar- sino de hacer por lo menos un papel decoroso y tributar la mayor cantidad de votos posibles para sus respectivos candidatos a gobernador.

La selección de aspirantes al Palacio de los Leones dentro del Frente para la Victoria, revela además que Norberto Nicotra sigue ostentando la presea de "peronista más votado para intendente de Rosario", cuando quedó a escasos cinco mil votos de Lifschitz -Ley de Lemas mediante- allá por el 2003. Pero el propio Nicotra fue incapaz de capitalizar ese posicionamiento y le sumó una nefasta y breve gestión como titular del Palacio Vasallo. Escenario que, por otra parte, permitió el regreso de Rossi al recinto primero y a la presidencia después, tras haber pasado por ambos lugares casi ocho años antes.

Además, en el peronismo rosarino prevalece una tendencia que es la de haber aceptado -casi con resignación- la hegemonía socialista desde 1989, y un electorado que le resulta cada vez más esquivo. Esta situación que el PJ de Rosario (también conocido por muchos años simplemente como "El Líbano"), fue incapaz de revertir, terminó por moldear el carácter de un grupo de dirigentes que se resisten a dar un paso al costado y prefieren refugiarse en puestos expectantes tanto en la lista de diputados nacionales y provinciales, como de concejales.

Así las cosas, el último que intentó algo diferente en los últimos tiempos fue el diputado obeidista Marcelo Gastaldi que impulsó la candidatura de Osvaldo Miatello a concejal y -con el debut del nuevo sistema electoral en 2005-, por lo menos puso más lejos del bochorno al partido del gobierno en la ciudad. Resistido por muchos, combatido por otros, en soledad en cuanto a los principales referentes provinciales y con dudas a la hora de profundizar la renovación del partido en Rosario; la actividad de Gastaldi como secretario general de la Departamental, terminó por diluirse en la anomia pejotista de los últimos años.

Al peronismo de la ciudad no le queda mucho más que esperar otros tiempos de la mano de una mujer que no proviene de sus filas, pero que ha elegido ese lugar para su desarrollo político. Aún no se sabe qué es lo que hará la vicegobernadora María Eugenia Bielsa en las próximas elecciones. Una grave situación personal la tiene lógicamente más ocupada en estos momentos que los vaivenes de la política. Pero sería prácticamente, la única esperanza del justicialismo rosarino para un incierto y mediato futuro.

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