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Domingo, 22 de noviembre de 2015

CIUDAD › LAS CARENCIAS DE TODO TIPO QUE PUEDEN DETECTARSE EN LA COMUNIDAD QOM DE ROSARIO.

La inclusión como utopía cotidiana

Vecinos y trabajadores estatales del barrio Toba de la zona sudoeste de Rosario describen una realidad que refleja la ausencia de políticas inclusivas. Las carencias en infraestructura, servicios públicos y salud, aparecen como las principales problemáticas padecidas por la comunidad Qom.

 Por Martín Stoianovich

Un vecino en el medio de la calle con una carretilla repleta de tierra, paleando solo, intenta cubrir un pozo grande que se formó después de las lluvias de la semana. Otro vecino lleva un colchón viejo a uno de los pocos contenedores de basura que se ven por el barrio y cuenta que suelen llenarse en uno o dos días, pero por el contrario pueden pasar semanas sin que haya recolección de residuos. La basura se acumula y genera la contaminación que brota desde abajo de la tierra en forma de bolsas de nylon que no llegan a degradarse. Las zanjas, entre agua podrida y más desechos, configuran el resto del paisaje. Así, entonces, se refleja el abandono. Los vecinos y trabajadores estatales del barrio Toba de la zona sudoeste de Rosario, más afuera que adentro de la ciudad, reclaman una definitiva inclusión en las políticas provinciales y municipales. También preocupa la situación de la juventud y la necesidad de preservar la cultura de la comunidad Qom, que a pesar del paso de los años parece no encontrar cabida en la ciudad.

El testimonio de los vecinos y los propios trabajadores que llegan diariamente al barrio, demuestra la insatisfacción de vivir por fuera de las agendas de infraestructura, servicios públicos, salud y deporte. La única línea de colectivo que ingresa al barrio es la 110, que hace meses acortó su recorrido por la pavimentación de la calle Aborígenes Argentinos y desde entonces complicó la movilización del barrio. Termina el recorrido en una plazoleta que no tiene nada más que un playón con dos aros de básquet y una estructura de hierro con cadenas colgando que en algún momento supo ser una hamaca. Por eso, los más chiquitos de la zona juegan corriendo a los colectivos y colgándose de sus paragolpes traseros.

Al barrio Toba no llegaron los contenedores diferenciados del "Programa Separe" que impulsó el municipio para dividir los residuos según sus características. Están los viejos contenedores abiertos, de los que rebalsa la basura que queda desparramada reposando en las calles a la espera de la recolección. La carencia de agua potable, redes seguras de luz y las cloacas son las otras demandas que se sostienen año a año y, tal como describen desde el barrio, no se concretan a pesar de las promesas.

Este escenario describe una cotidianidad que repercute también en las otras necesidades del barrio. Las falencias respecto de la salud pública se encuentran entre las problemáticas más alarmantes. Hay dos centros de salud que debido a las dificultades que provoca el servicio de transporte, entre otros motivos, pasan de ser centros de atención primaria a salas de urgencia. También hay carencia de medicamentos e insumos materiales indispensables para una administración eficaz. "La gente no tiene posibilidad de ir a los hospitales, porque los colectivos no entran por los pozos o los horarios. Este lugar ha tomado la utilización de un hospital", explicó a Rosario/12 una empleada de uno de los centros de salud. El problema ante esta situación es que no hay recursos suficientes para cubrir todas las demandas del barrio. "Deberíamos estar equipados y preparados tipo guardia, pero no contamos con eso. Tenemos estructura y equipo de un centro de salud primaria pero llegan consultas de otros tipos", expresó y agregó que en los cinco años que lleva el centro se realizaron cuatro partos para los cuales se debieron improvisar de urgencia las condiciones necesarias.

En el barrio no hay redes de agua potable, y sólo llegan las cubas de Aguas Santafesinas y los vecinos la deben transportar por sus propios medios, muchas veces con recipientes en malas condiciones. Esto impacta directamente en la salud de los habitantes del barrio, por la higiene y por el consumo de agua sucia. Así, surgen muchas enfermedades. "Gastroenteritis, infecciones de piel, parasitosis, tuberculosis, afecciones respiratorias, mal de Chagas, son enfermedades ligadas a las condiciones de vida y la pobreza", detalló la trabajadora del centro de salud. De esta forma, La falta de recursos construye un círculo de carencias que también hace pie en la situación laboral de los trabajadores. "Hay irregularidades en los contratos, por lo cual venimos en movilizaciones, asambleas y paros. Se toma como natural que se empiece a trabajar y no se cobre hasta después de seis meses", agregó. Un dato puntual grafica las consecuencias: desde la creación del centro de salud en 2010, ya renunciaron catorce médicos. La indignación se explica y manifiesta también un resultado negativo en el barrio: "No es que pidieron un traslado, sino que renunciaron a un cargo del Estado por las condiciones laborales, y la marginalidad de la población. La frustración que significa trabajar sin recursos, con la población tan excluida, lleva a esta rotación constante de médicos que hace insostenible cualquier proceso de atención".

Algo parecido sucede con la situación de los jóvenes del barrio, reflejándose el abandono en un contexto social que afecta a todas las barriadas. En el Toba hay pibes que caminan por la calle aspirando poxiran, y en su andar no encuentran propuestas integrales de inclusión. Ricardo, vecino del barrio, referente de la comunidad Qom y trabajador provincial, explica un panorama desolador. Como Agente Sanitario del centro de salud acompaña a 22 chicos de entre 16 y 25 años en un taller de albañilería en el que tres días a la semana se reúnen para aprender el oficio. El problema, según explica Ricardo, es que el curso carece de una perspectiva realmente inclusiva, y el horizonte más viable dirige a un mercado laboral signado por la precariedad o la falta de ofertas. "Estos proyectos se vienen trabajando con precarización, suenan con un título bonito pero cuando se escarba hacia el fondo se encuentran falencias importantes. Hay que trabajar con lo que hay y a la realidad de los pibes llegamos siempre tarde", sostuvo Ricardo. Incluso en el aspecto cotidiano faltan insumos: "Elevamos notas al distrito (Centro Municipal de Distrito Oeste) pidiendo chapas, ventanas, puertas, y se nos promete pero no nos dan nada". Respecto de estas demandas y la situación general del barrio, Rosario/12 intentó comunicarse con Gustavo Sader, director del CMD pero no obtuvo respuesta.

La inclusión que exigen los vecinos del barrio también abarca la necesidad de respetar la cultura de la comunidad Qom. Quieren que las generaciones futuras aprendan la lengua originaria, que aprendan los oficios de sus antepasados y practiquen también sus expresiones culturales. "No hay cursos donde se dicte algo propio, no hay propuestas para la preservación cultural que se piensen con sustentabilidad a lo largo del tiempo. A nivel intercultural nosotros peleamos por los derechos y por la identidad", sentenció Ricardo y agregó que en la escuela la lengua qom se dicta sólo una hora por semana. Asimismo, transmite la convicción de la comunidad: "Cada injusticia que se comete en contra nuestro nos favorece. Si seguimos vivos después de quinientos años, esperar uno más no es mucho. Es cuestión de organizarnos, si hasta ahora nuestra lengua no murió y nuestra identidad sigue viva".

Las demandas del barrio Toba son las mismas que todo el oeste y el sudoeste rosarino. Esto se vio reflejado con la conformación de una multisectorial que reúne a trabajadores estatales de la educación y la salud agrupados en los gremios Amsafé, ATE y Siprus, vecinos y organizaciones sociales de la zona. El pasado viernes 13 de noviembre se manifestaron en la puerta del Centro Municipal de Distrito Oeste "Felipe Moré", para elevar todas las exigencias de la población. La pavimentación del barrio, redes de luz, cloacas y agua potable, una línea de transporte que incluya a todo el barrio, salud y educación digna, políticas deportivas y culturales que comprendan los intereses y necesidades de la juventud, son hasta el momento derechos básicos que en el barrio Toba parecen utopías. Por ese motivo desde la multisectorial adelantaron que seguirán manifestándose para encontrar una respuesta concreta que hasta el momento permanece ausente.

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Las zanjas, entre agua podrida y más desechos, son parte del paisaje de todos los días.
Imagen: Alberto Gentilcore.
 
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