soy

Viernes, 17 de febrero de 2012

Acción Mutante

Lucas Darko no para. No para de transformarse, de inventar espacios, de provocar salidas. El mismo salió del closet a los 21, cuando todavía entendía la vida gay como un lugar de catacumbas y sótanos; luego armó Crema, la productora con la que leía poesía en peluquerías; participa en Waska, la revista que ya va por su tercer número, y también en el proyecto 30 camas, con el cual probó más lugares donde pasar la noche. La lista sigue y él mismo no sabe muy bien hacia dónde. Figura camaleónica entre la inconciencia y la militancia, un prototipo del hedonismo queer.

 Por Diego Trerotola

“¿Te acordás de MuchMusic, que había un programa que se llamaba Maratón Dj, que iban cuatro pibes a conducir por un bloque de tres horas y la gente los votaba? Ahí fui cuando era rolinga. Y bailé ‘Mayonesa’, con eso te digo todo. Era impresentable, me duró unos meses y pasé automáticamente al cheto.” Así cuenta Lucas Darko una de sus muchas transformaciones. Hay algo en lo que dice de asumir la identidad como un acto de drag, casi citando a RuPaul: “Nacés desnudo y todo lo que te ponés después es drag”. Y no es difícil imaginarse a Darko con la lengua rolinga estampada en su remera porque lo que hace más seguido es sacarle la lengua a casi todo lo que se le cruza, no sólo para burlarse sino para lamerlo, para saber qué gusto tiene el mundo. Lucas Darko es una nueva encarnación del hedonista queer, y para ese darse todos los gustos, incluso los amargos, hay que saber cambiarse, adaptarse al paisaje: el camaleón mama, chupa su entorno para sentirlo y sentirse adentro, y después lo vomita para ofrecerlo renovado, caliente, con otra esencia. Ese hedonismo queer es un placer de mutantes, de los que pueden asimilar los arquetipos de la cultura gay, ahora disponibles y en circulación casi como un reservorio de identidades, pero también ir más allá, en busca de cualquiera, de mamarrachearla, de ser lo que soy y lo que no, para ver si pega o no. Y así, sobre la palma de su lengua, escribe el himno de su corazón drag Lucas Darko y cada uno de los personajes que crea, casi sin querer, no se quedan quietos porque se baten como haciendo mayonesa. Que no se corte.

APOCALIPSIS GAY

“A los 21 salí del closet, eso fue en el 2000: soy un puto Y2K”, lanza Darko su perfecta carta de presentación queer, como el bug (bicho) informático que iba a destruir todos los sistemas en el fin de siglo. Entre todas las fantasías apocalípticas Darko creó la suya propia y parecía entrar al sistema gay con estrategia viral para desestabilizar las certezas de las identidades: lo suyo es la post-identidad, un juego que pone el acento en cómo se absorbe la cultura contemporánea, especialmente las ideas que los medios crean y/o multiplican, identidades wash & wear, modelos listos para usar. “Siempre tuve el problema de comprarme la ‘Valijita Juliana’, por eso mi salida del closet fue tan ridícula. Cuando asumí mi homosexualidad, me compré la ‘Valijita Juliana del puto’, y hasta traté de feminizarme, era un torpe. Antes trataba de seducir mujeres de la misma forma, ‘Valijita Juliana seductor’. No tuve novia, pero lo intenté; iba de putas, pero de forma también torpe, como que nunca era yo el que hacía esas cosas, en lugar mío estaba el cliché, calculo que es culpa de la tele. La primera revista Imperio me la compró el psicólogo al que iba, porque le dije que no me animaba a comprarla.” Desde niño, cuando salió en una foto de la revista Billiken que todavía guarda, Lucas David Oscar Gutiérrez (su nombre que figura en Facebook entre paréntesis) supo que estar en los medios es expandirse pero también estar recortado, reducido a una identidad cliché para el consumo ligero, como muchas de las que ofrece esa revista Imperio recetada, manual de los límites autoimpuestos, que modela la moda de la pertenencia y la exclusión. Una cultura gay que se cristalizó en el siglo XX y que creó usos y costumbres, incluida esa manía de recluirse en una vida paralela que Darko también heredó. “Iba a bailar y lo mantenía en la clandestinidad, asociaba lo homosexual con lo clandestino, de ir a bailar solo al tugurio, yendo muy culposo, pero ojo: tenía su cuota adrenalínica, yo estaba descubriendo todo un mundo.” Darko vivió su primer acercamiento a una cultura gay casi como si hubiese nacido en otras épocas. Entre sus muchas personalidades estuvo la del gay reprimido muy de los ’50, pre-Stonewall. De ahí salió gracias a una pequeña revolución casera. “Recién ahora estoy empezando a ser más fiel a mi deseo. ‘Reeducar el deseo’, como me dijo Diana Maffia. Llegar a preguntarme qué quiero hacer yo me costó mucho: se inicia en agosto de 2010 y recién ahora empieza a tener una forma más clara.”

CREMA DEL CIELO

“En 2010, con unos amigos hicimos una pequeña agencia de publicidad que se llamaba Crema. Fuimos a la pelu Prana e hicimos unos ciclos de arte y poesía. Mientras cortaban el pelo, leíamos, tocaban bandas, había dibujantes, escritores, fotógrafos. Ese día de agosto fue un quiebre, ahí empecé a testear mi lado más arty. Creo que recién me sentí libre ahí, hace dos años.” En una de esas secciones multidisciplinarias, Darko se liberó de la cruz que cargaba de su pasado, literalmente hablando: pasó el video de su primera comunión para burlarse de sí mismo, de ese niño chupacirios que fue monaguillo. Como una suerte de apostasía, Darko comenzó a pulverizar al mártir gay. En este sentido, su última burla, muy genial porque fue dramática, fue vestirse de Jesucristo crucificado para participar de la Zombie Walk 2011, un paseo convocado por los fanáticos del género donde cada uno se draguea de muerto vivo para recorrer la ciudad. Antes usó el traje de empleado de McDonald’s, de Eki, de Blockbuster, de call-centers de cobranzas y de ventas, de vendedor de comida en el tren que va a Tucumán; fue cocinero, mozo, ayudante en la embajada británica, estudiante de contador público donde duró un año, estudiante de teatro. Esa apertura ritual que significó Prana le permitió a Darko integrarse a un proyecto también multidisciplinario como Waska (www.waskazo.com), un artzine creado por Julio Lago, que va por su tercera edición, y replica la lógica mutante de Darko. “Waska es un lugar de prueba. En realidad no es una revista, no es un DVD, es un lugar donde planteamos una duda. Waska siempre arranca de una pregunta, nunca queremos comunicar una cosa determinada. Cuando fue el número dos sobre Ley de Identidad de Género, la pregunta fue qué estamos reclamando. ¿Un DNI cambia la vida? El otro día un amigo leyó la Waska 3 sobre feminidades y me dijo: ‘Ahora entiendo menos que menos de feminidad’. Joya, le digo. Esa es la idea.” La primera nota para Waska de Darko fue con Peter Pank, el actor que se transforma en dark libidinoso como cantante electropop. Fue su bautismo como periodista, una carrera o un disfraz que luego siguió en el sitio web Sentido G, donde publica sus encuentros con el ambiente queer local, que son crónicas descontracturadas, informalistas, pero cargadas de oralidad, de un saludable olor a blog, con la energía y la libertad que pocas publicaciones Glttbi dejan descargar. Y de ese lugar de escritura también nacen los poemas o textos que representa en lugares como Casa Brandon, donde le pone el cuerpo a cada letra, a veces incluso su cuerpo desnudo. Eso lo consagró bicampeón de Slam de Poesía oral en el Centro Cultural Pacha. A veces, en esos textos, repasa su biografía de hijo único de padres separados, redibujando la infancia y la adolescencia como si las pusiese en una licuadora en cortocircuito: parte de la gracia post-reality de Darko es su exhibicionismo directo para reescribir el pasado como un libro de cuento de hadas para pintar con fluidos, con excreciones. “Yo soy un gran pajero, un gran onanista: soy hijo único. Me hago grandes pajas. Juntitos siete es una serie de videos porno-románticos que hace Diego Stickar, y en el que protagonizo tirado en la calle en La Plata haciéndome la paja. Siempre jugué a hacerme esas grandes pajas en el Fotolog en su momento, que era Lúgubre Arcángel y ahora en el Facebook. Y de repente, jodiendo, pongo Darko, por la peli Donnie Darko, y de golpe todos me conocían como Darko. Son cambios medio accidentales, tengo conciencia, pero también son juegos donde aparece la pelea Lucas y Darko. Y también Sagrado, mi otro seudónimo que salió por joder con dos chicos de la fiesta Plop, que son Sagrado Corazón y Sagrada Primavera, me lo puse en Facebook y cuando lo quise sacar no me dejó y quedó. Otro accidente. Y Lucas está en el medio, entre el Sagrado y el Darko. Creo que todos tenemos un poquito esa esquizofrenia, esa bipolaridad. Uno tiene cierta conciencia de que es un personaje, el problema es cuando se te va. ¿Cuándo está Darko y cuándo estoy yo? Los personajes son barreras que uno pone por miedo o por fiaca. Te personajeo cualquier cosa, hasta el amor: te puedo personajear un noviazgo durante años.”

CAMA, KARMA, CAMALEON

“Cumplí 30 años en Villa Gesell, en Pueblo Límite, con un mechón de pelo verde y mirando cantar a Daniel Agostini, con un fernet. Me había agarrado un mambo impresionante porque había chicos de 17 años, y yo pensaba que si hubiese embarazado a alguien con mi primera eyaculación que fue a los 13, acá podía estar mi hijo. Esos mambos de treintañero. Quería hacer mi doble cumpleaños de 15, no quería 30, quería entrar con el vestido y que me den las 30 rosas. Y ahí pensé cómo reinventarme a los 30, y como no sé manejar no me iba a comprar un Porsche, al gimnasio no iba a ir porque no tengo constancia, sol pleno no iba a tomar porque el naranja me queda como el culo, ropa cara no me alcanzaba. Y dije, bueno, hago un documental. Y así surgió 30 camas.” El proyecto 30 camas surgió a partir de la crisis de los 30, pero también como forma de buscar un lugar en el mundo para Darko, que todavía vivía con su madre. La idea, documentada por Internet (en Facebook y en el blog 30noches30camas.blogspot.com), consistió en dormir cada día en una cama diferente “de tarde seguiré laburando de 15 a 21 en el call–center de DirecTV y de ahí para la casa que me toque”. Era irónico: desde el corazón del mundo mediático donde trabajaba, Darko iba a producir un documental que sería rechazado en su programación, viviendo a la velocidad del zapping durante un mes. Otra vez la TV en el medio porque, como dice Darko, a veces su vida es una sitcom, claro que sin guión predeterminado. Sí estaban algunas casas de amigos determinadas de antemano, pero otras surgieron sobre la marcha del mes, por gente desconocida que se comunicó y ofrecía alojamiento para Darko. En la serie Queer as Folk, uno de los protagonistas celebra su cumpleaños 30 en un ataúd, para mostrar el drama y la comedia de ese modo de idealizar la juventud de la cultura gay, como si después de los veinte no existiese más vida. En su proyecto, Darko hizo una remake de ese capítulo en la vida real: una noche durmió en una funeraria. “Le dije a un amigo: voy a dormir en 30 camas ajenas seguidas y lo voy a filmar. Y mi amigo me dice: ‘Vos estás del orto’. Y lo hice. Hay una cuota kamikaze, de inocencia y de torpeza, si lo tengo que pensar ahora no sé si lo haría. Dormí en las camas de la gente, pero sexo tuve solamente en una. Hubo noches en que dormí solo. Por ejemplo, en la funeraria dormí solo en cajones. Y la noche del 24 de marzo alquilé la habitación doble de un hotel y dormí con la ausencia, con alguien que debería haber estado y no está. En algunas noches me preguntaba dónde carajo me metí. Ponele, estuve en la casa de un artista que vive en Constitución y no sabía quién era. Mi abuelo me crió, murió en un acto de colegio a mis dieciséis años, vino, me saludó y falleció delante mío. Una noche dormí en el mismo lugar que lo velaron a mi abuelo. Y estaba aterrado, sentía que me tiraban de las piernas, sentía de todo. Y no me podía mover, no me fui porque no me podía mover. Otro noche tomé mi primer cuarto de pepa, y cuando me vi filmado dije: ‘No, por favor, desendroguen a ese chico’. Dormí en lo de un taxi-boy, en la casona del sadomasoquismo, donde me invitó la hija de la dominatrix, con chicas trans, en lo de Susy Shock. Tal vez me pasaba toda la noche con alguien que me contaba cosas y al otro día me iba a laburar al call-center. Después de todo el proyecto me llaman de programas de radio, de diarios y yo todavía no estaba enterado de lo que había hecho. Ahora que lo veo en perspectiva me causa gracia, me salgo un poco de mí y me cago de risa porque digo ‘qué aparato’.”

Otra vez, a partir de este proyecto, Darko volvió a los medios, ahora transformado en un noctámbulo un poco arriesgado y un poco demente. A donde no puede volver a vivir más es a su casa, no porque lo hayan expulsado sino porque él ya no era quién dormía allí, ahora es un gay en el exilio, un fauno de cuento infantil, un extraterrestre como Alf o un Thundercat, ejemplos que él cita. “La noche 30 la pasé en mi casa, explicándole a mi vieja y a mi prima todo el proyecto. Mi familia es hermosa, pero está en su mundo. Hoy Villa Maipú, que es mi barrio natal, es casi como Melmac o Thundera, planetas que explotaron. Adoro a mi familia, pero yo la noche 30, cuando llegué a mi casa, me dije: éste no es mi lugar. Yo dormía en Narnia, porque era el living de mi vieja, gigante, dividido por un ropero, y al otro lado del ropero estaba mi lugar. Yo con mi chiva era el faunito de Narnia. Terminó el 30 camas y me entró todo en conflicto. ¿Cuál es mi lugar? Me puse a salir con un flaco y me di cuenta de que lo estaba habitando a él, evitándome. Cuando no pude vivir más en mi casa, en lugar de irme, me fui a habitar a otra persona. Me mudé en agosto al living de un amigo, y era reloco: me voy de un living a otro living. Y después me mudé solo adonde estoy viviendo ahora, en Montserrat. Pero del 31 de marzo hasta la noche en la que me mudé fue una misma cama, una noche larga, que yo llamo noche 31, y ahora estoy escribiendo el libro sobre toda la experiencia y mi amigo Teencho edita el documental con mil horas registradas. La noche 31 fueron ocho meses de buscar mi cama; lo más traumático de todo el proyecto fue dormir conmigo.”

Y si 30 camas fue un proyecto expansivo, en la última gran intervención Darko fue por más. Realizada junto con sus amigos de Waska, el jueves 1º de diciembre 2011, Día de la Lucha contra el VIH, Darko hizo una acción performática que consistía en que un grupo utilizara, independientemente de vivir o no con el virus, remeras con la leyenda “Tengo sida” para compartir mates, abrazos y besos con la gente en la calle, en un recorrido por el microcentro, desde Plaza de Mayo hasta Florida. Darko supo que es positivo el 29 de diciembre de 2008. “Cuando me enteré, pensé barbaridades, por miedo, prejuicio e ignorancia que tenía. Fue más que nada un lugar de tristeza, cómo llegué a hacerle esto a mi cuerpo; no tuvo nada que ver con las culpas, no sé por qué cuando decís que tenés VIH la gente te tira ese palo de ‘¿cómo te contagiaste?’. Yo respondo: por fluidos, googlealo. La gente se contagia por fluidos, ésa es la respuesta. No podés derivar culpas con el dedo: yo no me cuidé, si el otro me dijo o no me dijo, problema del otro, él se hará cargo de su karma. La acción ‘Tengo sida’ fue una segunda salida del closet, porque hoy está redivertido tener amigos putos, pero para mucha gente no está nada bueno tener un sidoso. ¿Qué pasa hoy con el VIH? Yo no me había testeado nunca, me había hecho un solo test antes de enterarme. La cultura del miedo y los afiches de sida qué te dicen ‘muerte’, te inculcan temor y no te llevan a hacerte un test. Empezamos a pergeñar la idea con Effy y con Julio. Lisa Kerner de Brandon me contó lo de Roberto Jacoby, que había hecho las remeras de ‘Tengo sida’. Y cuando estábamos en la Plaza de Mayo, venía gente y yo le contaba lo que estábamos haciendo. Y le estoy contando a un señor y le digo que en el ’94 hizo algo así Roberto Jacoby. Y el señor me responde: ‘Yo soy Roberto’. Lo que te digo, vivo en una sitcom. Fue rebueno hablar con él y que me comente cómo había sido (el testimonio de Jacoby se puede ver en un video en www.waskazo.com). Fue bueno prestarles por un rato mi HIV a mis amigos. Porque la perfo fue en varios lados, en la gente que iba caminando y que nos veía, pero también fue en mis amigos: pasó que después en la semana le mandaban mensajes sus amantes, ‘¿en serio tenés?’. Pero no es que soy un moderno que guau, mirá, te hago la perfo del sida. No, yo llegué llorando a la Plaza de Mayo, preguntándome por qué tengo que hacer esas cosas, quién me manda, quién me creo. Y después cuando llegamos con Diego Stickar fueron un minuto o dos, pero para mí fue una eternidad, hasta que me abrazó la primera persona. La primera fue una mujer que me miró y me comió la boca. Te abrazaban y te decían fuerza, va a estar todo bien. Para mí eso resignificó los abrazos. O te contaban historias. Vino un flaco sin una gamba, muleteando, se me tiró encima y me abrazó y me dice: ‘Siempre se sigue’. A Effy cuando le dio un mate a alguien, primero le dijo ‘no’; y al rato volvió y le dijo ‘perdón, dame un mate’. Para eso sirvió, para problematizar: por lo menos que la gente ande pensando, se replantee, el HIV y el sida están. No laburo con objetivos tan claros, cerrados. Y la gente frente a esta acción tuvo que asimilar, que pensar, que decidir. Me cuesta, porque al final de la jornada duermo en una cama de una plaza y es kilométrica. Hay una cuota de soledad. ¿Pero sabés lo que es que mis amigos vengan y se pongan la remera, y yo poder sacármela un rato?”

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Imagen: Sebastián Freire
 
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