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Deudo dependientes

Por José Luis Di Lorenzo *

Las deudas externas han sido a lo largo de la historia latinoamericana una metodología de sojuzgamiento de los pueblos y de negocio de unos pocos (los cipayos vernáculos). “Tomar deuda para pagar deuda” fue una conducta que se repitió con alevosía a lo largo de nuestra historia, y que se repitió con perjuicios cada más graves para nuestra Nación.
Nuestra deuda externa nace en 1824 a través del empréstito que se realiza con la Baring Brothers. Por aquel entonces, el imperio británico comienza a concederle financiamiento a una serie de países latinoamericanos que se estaban desvinculando del imperio español y pretendían de esta manera llevar a cabo su independencia económica. El primer ministro inglés, el bien ponderado Sir Canning, reconoce estos empréstitos, al tiempo que firma acuerdos de comercio y amistad recíprocos, los que, como ocurre en gran parte de América latina, otorgaban claros beneficios a los comerciantes ingleses que dominaban la región. Los ingleses sabían que la mejor manera de colonizarnos era mediante créditos y no mediante las armas. Entonces nos liberamos de la corona española para pasar a ser súbditos del dinero (siempre adeudado).

Entre coimas e intereses
La historia no siempre se pone sobre la mesa de las argumentaciones, por lo que es bueno repasarla someramente. Nuestro primer “negociador” –aunque algún querido y recordado escritor recordado lo llamara “cipayo”– fue José Manuel García, que entonces era ministro de Hacienda de Martín Rodríguez, el gobernador de Buenos Aires, entre 1821 y 1824. Lo triste, insólito e indignante, pero al fin y al cabo obvio, fue que enviaron a Inglaterra como negociadores a un comerciante inglés, de apellido Robertson y a Félix Castro, otro comerciante que hacía negocios con los ingleses. El dinero, para la historia “oficial”, era para dragar el Río de la Plata, mejorar el puerto y para obras de carácter social en general. Sin embargo, de la deuda que había sido pactada por un millón de libras, sólo llegaron a la provincia 140.000. Es interesante conocer que de entrada se descontaron 150.000 libras por el “riesgo” que implicaba prestarle a un país latinoamericano. Otras 150.000 libras fueron para la coima a los negociadores y a los hermanos Baring, en tanto lo restante se descontó por gastos que hizo Bernardino Rivadavia cuando estuvo en Inglaterra. Encima la banca Baring cobró dos años de intereses por adelantado, más un uno por ciento de amortización de capital, lo que dio la módica suma de 130.000 libras, mientras que la comisión por la operación fue de 25.000 libras. Además, 400.000 libras quedaron en Londres como pago de regalías de comerciantes británicos radicados en Buenos Aires a sus casas matrices, lo que fue aceptado por el gobierno. Al tercer año de la colocación de los títulos, no se pudo seguir pagando y el default duró hasta 1857, con Norberto de la Riestra durante la gobernación de Valentín Alsina. En reconocimiento de los intereses caídos y de los pagos no realizados todos esos años, el gobierno aceptó reintegrar 2,5 millones de libras, contra 140.000 que fueron efectivamente usufructuadas. Dice Norberto Galasso, quizás el historiador vivo más grande de nuestro tiempo, que “el representante inglés que negocia con De la Riestra les comunica a los tenedores de títulos que la propuesta fue tan buena que recomendaba aceptarla sin más dilaciones porque era muy superior a sus pretensiones originales”.
En 1862 la deuda sigue “encontrando su cauce”. Nuestro “doctrinario” Bartolomé Mitre transfiere los compromisos de la provincia de Buenos Aires a la Nación, legitimando de esta manera lo actuado por Alsina y De la Riestra. Y por si fuera poco, acuerda otro empréstito con la banca inglesa por 2,5 millones de libras adicionales, para lanzarse a la guerra con Paraguay. Sin embargo, y nuevamente, de los 2,5 millones de libras asumido como deuda, el país recibe sólo 1,9 millones, debido a los descuentos por el “riesgo país y las comisiones”.

Cada cual con su deuda
Domingo Faustino Sarmiento también se endeuda. Armar a las fuerzas militares para reprimir el levantamiento de Entre Ríos fue la excusa. Pero en 1890, el gobierno de Juárez Celman no puede cubrir más los compromisos generados con la banca Baring, a pesar de sus más íntimos deseos. Algunos dicen que este hecho tuvo como consecuencia la caída de la entidad bancaria.
Carlos Pellegrini, sucesor de Juárez Celman, termina renegociando la deuda, y logra que un grupo de empresarios locales financien al Estado. Los compromisos siguen siendo terribles. Al final del gobierno de Sáenz Peña la deuda ya está en los 78 millones de libras, lo que se mantiene durante el gobierno de Roca, pero se incorpora Francia como prestamista. El desastre se produce con la administración de Manuel Quintana, porque nuestra deuda asciende entonces a los 120 millones de libras.

Nos incorporamos al FMI
Durante el primer gobierno de Hipólito Yrigoyen, la deuda disminuye a 100 millones de libras, a pesar de lo cual luego Alvear le devuelve el poder con 142 millones de libras, lo que nuevamente es disminuido por Yrigoyen a 135 millones de libras. Así como existe un patrón de conducta de sometimiento en nuestra historia, durante los gobiernos populares (Yrigoyen, Illia, Perón y Cámpora) la deuda se mantuvo o disminuyó, pero es con Juan Domingo Perón que es llevada a cero con la cancelación de los últimos 264 millones ya convertidos en dólares.
En 1956 comienza lo que hicieron con nosotros. Pedro Eugenio Aramburu convierte a la Argentina en adherente del Fondo Monetario Internacional, un organismo de crédito internacional al cual Perón había rechazado enérgicamente. Desde entonces, Estados Unidos va a desplazar a Inglaterra como principal prestamista del país, y con Arturo Frondizi, la deuda va a alcanzar los 1200 millones de dólares, en la triste etapa de Adalberto Krieger Vasena y Alvaro Alsogaray.
Con Arturo Illia la deuda desciende de 2000 millones de dólares a 1700 millones de la misma moneda. Pasan Juan Carlos Onganía, Roberto M. Levingston y Alejandro Lanusse y la deuda externa argentina ya se encuentra en los 3700 millones de dólares. Como una conducta repetida de muchos de nuestros “ponderables” funcionarios, Krieger Vasena pasa a ocupar un cargo importante como ejecutivo de la multinacional alimentaria Deltec Internacional y luego trabajaría para el Fondo Monetario Internacional.
El gobierno de Héctor Cámpora reduce la deuda a 3400 millones de dólares, pero cuando se produce el golpe de Estado de 1976, la deuda se ubica en 5300 millones de dólares. Con el proceso, la deuda asciende a los 30.000 millones de dólares, porque la lógica fue tomar préstamos para sostener el aparato represivo y alimentar la especulación financiera.

Las etapas de la deuda
Alfredo Eric y Eric Calcagno dividen esta parte de la historia de la deuda externa argentina en tres etapas. La primera (1975-1982) marcada por la crisis petrolera, el reciclaje de los petrodólares, la recesión en los países desarrollados y, hasta fines de 1979, por las bajas tasas de interés. Nuestro endeudamiento regional tuvo diferentes destinos, Brasil lo aplicó a la consolidación industrial, la Argentina a una fiesta de despilfarro. Lo que no podían saber era que en 1979 iba a cambiar la política monetaria de los Estados Unidos y que las tasas de interés se iban a ir a las nubes, triplicándose. La segunda etapa (1982-1990) comienza con la crisis de México, en 1982, a partir de cuya cesación de pagos finalizó el flujo voluntario de capitales, con la escasez de capitales y un nuevo y brusco aumento de la tasa de interés. Se presiono para obligar a los países a pagar, otorgándose nuevos créditos que engrosaban la deuda, por lo que también crecían los intereses a pagar, que a su vez requerían nuevos y mayores créditos y se exigía que los Estados latinoamericanos se hicieran cargo de las deudas privadas.
La tercera etapa comienza en 1991, en la que se consolida y blanquea la deuda vieja (contraída entre 1975 y 1982) convirtiéndola a bonos. De esta forma la banca transnacional no corría riesgos; si algo pasaba, las consecuencias serían para los tenedores de bonos y no para los accionistas y gerentes de los bancos. Este nuevo flujo de capitales hizo posible que la Argentina sostuviera una década de convertibilidad.
Un dato relevante es el de que hasta 1999 pagamos sólo en intereses un total de 116.000 millones de dólares, mientras el capital adeudado acumulado, más el nuevo préstamo recibido totalizaba 166.000 millones. El informe del Morgan Guaranty Trust, de Nueva York, acredita la evasión de capitales y surge del mismo que en 1985 la deuda externa total de la Argentina era de 50.000 millones de dólares, pero si se le suprimiera la evasión de capitales, se reduciría a 1000 millones.
La asimetría entre países centrales y periféricos surge de constatar que si los intereses que afrontamos por encima de las tasas históricas (considerando como tales las de Estados Unidos más el uno por ciento) se hubieran aplicado a la amortización de capital, la deuda externa se hubiera terminado de pagar en 1988.
Hablar de intereses usurarios no es un reclamo de países pobres o periféricos, porque los propios asesores de los acreedores plantearon en 1976 que la parte de intereses que los convierten en usurarios no debe ser cobrada ni pagada. Asimismo, la usurpación del poder como exigente de pago, tampoco es un tema nuevo. Es la propia jurisprudencia norteamericana la que terminantemente plantea no reconocer esas deudas, tal como ocurrió con la contraída en 1917 por el presidente de facto de Costa Rica, general Tinoco y las deudas cubanas en el período posterior a la guerra española . norteamericana de 1898.

La causa Olmos
De la Sentencia dictada por el juez Jorge Ballesteros en los autos “Olmos, Alejandro c/Martínez de Hoz y otros s/defraudación”, surge:
1.Que la deuda externa argentina, no tiene justificación económica, financiera y administrativa.
2.Los actos de endeudamiento constituyeron ilícitos, y de los actos ilícitos no pueden generarse obligaciones legítimas.
3.No se conoce el destino de los fondos.
4.Se modificó la legislación sobre competencia territorial a los efectos de someter las controversias a los Tribunales de Londres y Nueva York, poniendo en manos de los acreedores la resolución de cualquier conflicto.
5.Haber realizado la mayor parte de las operaciones de crédito en condiciones de verdadera clandestinidad, sin rendir cuenta de los actos cumplidos.
Si bien la acción penal no prosperó por considerarse prescripto su plazo legal, otra óptica permitiría considerarla imprescriptible en la medida que lo juzgado violo los derechos humanos de los argentinos. Adicionándose que el aumento excesivo de las tasas de interés contravienen el Derecho Internacional Público, violando los principios que reprimen la usura, el abuso de derecho, la excesiva onerosidad sobreviviente de las prestaciones, el enriquecimiento ilícito, la corresponsabilidad de los acreedores, entre otras.
En ambas deudas y como constante histórica se repite la salida de funcionarios públicos que pasan sin solución de continuidad de responsables del endeudamiento nacional a empleados del Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial. Constatándose la relación simétrica entre los acuerdos de comercio y amistad con los ingleses y el ALCA que negocia los Estados Unidos. Hay una constante que se mantiene en la imposición de condiciones para las políticas internas producto de la “deuda nacional”. La liberalización del comercio, la desregulación de la economía, la privatización de los servicios públicos, son producto de la fiesta de dólares que entraban por la puerta del crédito externo y salían por la otra del lavado de dinero o fuga de capitales.
A punto estuvimos de dar en garantía de pago la recaudación impositiva, y si bien la caída de Fernando de la Rúa, Domingo Cavallo y Ricardo López Murphy lo impidió, sigue pendiente la reforma tributaria para que la carga del superávit ahora destinada al pago de la deuda no continúe siendo tan regresiva.

Deuda o Nación
La actual gestión del presidente Néstor Kirchner transita por el estrecho desfiladero entre la ruptura con el poder económico y el cumplimiento de la postergada deuda social, asumiendo el poder real que nos condiciona. Aún así deberemos ponderar el costo-beneficio del acuerdo con los banqueros dueños de las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones, el que –con el actual nivel de recaudación– encarecerá en unos 2000 millones la quita lograda por cada año que siga vigente el perverso sistema de previsión especulativa (no social) vigente y sus usurarias comisiones.
Si bien la realidad también determinó que se aceptará afrontar la totalidad del pago con los organismos multilaterales respaldados por las principales potencias militares del mundo, un aporte a la construcción de una auténtica moral universal sería intentar avanzar en un acuerdo ético a fin de implementar el levantamiento internacional del secreto bancario para determinar los recursos de argentinos depositados por el mundo originados en actividades criminales como el fraude, el lavado de dinero y la corrupción, los que deberían ser destinados totalmente a la cancelación del capital adeudado.
De jóvenes soñábamos con cambiar abruptamente el mundo, en nuestra madurez aspiramos a avanzar en cambios parciales que reviertan la injusta realidad. El camino hacia la construcción de la unión política de Sudamérica es un marco de esperanza para la concreción de la utopía a la que no renunciamos.
“Pagaré ahorrando sobre el hambre de los argentinos” decía Nicolás Avellaneda, sintetizando la recurrente historia de quienes lograron y siguen queriendo que seamos súbditos del imperialismo mundial del dinero.
Arturo Jauretche, que convirtió está frase en la zoncera número 31 de su Manual de Zonceras, interpretó a la gran mayoría de los argentinos que queremos realizarnos en una comunidad que se realiza. El dilema sigue siendo Deuda o Nación n

* jdilorenzoA@sitioima.com.ar

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