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DEUDAS
Por Miguel Zanabria *
El posible acuerdo con los acreedores privados debe considerarse como
la primera etapa de una política más general que debería
continuar.
Aquella hermosa película de Miguel Pereira nos llamaba la atención
sobre la necesidad de poner a un mismo nivel los diferentes tipos de deuda
que la sociedad argentina fue acumulando principalmente a partir de que
los militares interrumpieran a sangre y fuego el orden constitucional
a mitad de los 70. La deuda interna dejada por la dictadura está
formada por deudas de vida provocadas por el terrorismo de Estado y la
guerra de Malvinas, que recién ahora el Estado comienza a reconocer
y pagar, tanto de forma simbólica como pecuniaria.
La deuda interna fue incrementándose durante los sucesivos gobiernos
democráticos al implementar políticas liberales que marginaron
a la mayoría de los argentinos. En ese proceso la deuda externa
fue la otra cara de un mismo proceso de concentración y exclusión
social.
Deuda con nosotros mismos
Según dicen, una de las formas que tenemos los humanos para
trascender a la muerte es gracias a nuestros hijos. Si esto es válido
los argentinos somos terriblemente miopes para no ver que la deuda externa
condicionará la vida de nuestra descendencia y no habernos opuesto
siguiendo el ejemplo de Alejandro Olmos.
Tomando los bonos de la deuda externa actuales, si no hay ninguna refinanciación
alargando los plazos, mi hijo de seis años tendrá más
de 90 cuando se produzca el vencimiento del último bono; si tiene
su primer hijo a los treinta, mi posible nieto tendrá 60 y estará
luchando por jubilarse y mi posible bisnieto tendrá 30 años
y estará preocupado evaluando si es conveniente traer al mundo
un hijo en un país que vio menguadas sus posibilidades de desarrollo
por el pago de la deuda externa. Nosotros no estaremos, seremos a lo sumo
un recuerdo y todavía tenemos tiempo para corregir nuestros errores
y tratar de que no sea muy malo.
Si en 1976, al momento del golpe de Estado, la deuda era de alrededor
de siete mil quinientos millones de dólares, esto quiere decir
que en menos de 30 años se decidió gran parte de la vida
de nuestra descendencia. Es cierto que la aceleración del endeudamiento
se hizo durante la peor de las dictaduras y que cualquiera que en el país
hubiera tenido la temeraria idea de oponerse a la entrega de la soberanía
hubiera terminado engrosando la interminable lista de desaparecidos. Seguramente
esos años atroces fueron la causa de que, una vez recobrada la
democracia, la lobotomía social impidió que la sociedad
observara algo evidente: La deuda externa no es más que el perfeccionamiento
de los mecanismos de concentración económica. De nada sirvió
que se publicaran los listados del Banco Central con los nombres de quienes
se beneficiaron con la nacionalización de la deuda privada y se
convalidara el perverso mecanismo de los autopréstamos, lo que
explica por qué coinciden la fuga de capitales con el aumento de
la deuda externa.
Una vez recuperada la democracia, los argentinos no exigimos el desconocimiento
de una deuda fundamentalmente ilegítima. Sólo unos pocos
intelectuales comprometidos con los intereses del país, sobrevivientes
a la dictadura, trataban de mostrar la verdad. No les salió gratis,
fueron tildados de poco serios y acusados de buscar aislar la Argentina
del mundo y por ende del desarrollo. Al mismo tiempo aquellos que en otros
países hubieran sido tildados de colaboracionistas, aquí
aparecían como economistas serios, académicos de renombre,
que en nombre de la razón nos sacarían del pozo.
Increíblemente dejamos el cuidado del gallinero a los zorros, los
Cavallo y Machinea reaparecieron honrados con cargos públicos mas
altos.
La enorme concentración de poder económico alimentada por
la deuda externa se transformó en concentración de poder
político cooptando a movimientos de origen popular. La corrupción
fue la forma de compatibilizar aquello que parecía imposible: democracia
y liberalismo. Los economistas serios pudieron así
completar su tarea incrementando la deuda y generando millonarios ingresos
a los bancos por comisiones.
Tuvo que llegar diciembre de 2001, con su carga de represión y
muerte, para que la sociedad comenzara a percibir la verdadera magnitud
del problema. Sin embargo esa toma de conciencia, no fue lo suficientemente
rápida para evitar el aumento en un 20 por ciento de la deuda externa
producto de la pesificación asimétrica, entre cuyos principales
beneficiarios no sería extraño encontrar a nombres que ya
figuraban en las mencionadas listas publicadas en los 80.
Hoy el Gobierno lleva una estrategia dirigida a reducir el endeudamiento
con una parte de nuestros acreedores. El posible acuerdo con los acreedores
privados debe considerarse como la primera etapa de una política
más general que debería continuar con lograr una condonación,
o al menos una quita sustancial, de la deuda con los organismos multilaterales
de crédito, tan o más culpables del endeudamiento externo
argentino como los timberos privados. Llegó el momento
de tratar de corregir nuestras culpas, como sociedad, por haber permitido
semejante locura.
Las deudas internas
Los hombres somos seres sociales y es en sociedad donde logramos
maximizar las transformaciones de la naturaleza necesarias para atender
nuestros deseos. El valernos de la sociedad para satisfacer nuestros deseos
nos genera una deuda con respecto a ella. Cuando nacemos, lo hacemos con
derechos que no son más que la expresión de una deuda social,
la cual debemos honrar de por vida, por ejemplo pagando impuestos.
Esos derechos son funcionales al crecimiento económico ya que son
la base de la productividad sistémica de una Nación. Así
el derecho a la salud permite trabajadores sanos y reduce el ausentismo,
el derecho a la educación genera mano de obra calificada, mejores
administradores, mejores políticos y mejores técnicos y
científicos.
En la Argentina la voracidad de los privilegiados llevó a la eliminación
de muchos de estos derechos. Hoy, esos mismos privilegiados se quejan
de que no hay mano de obra calificada o de la inseguridad, olvidándose
del descompromiso del Estado con la educación. Además, la
marginación de la mayoría de la población son el
resultado de las políticas liberales que ellos mismos sustentaron
e implementaron.
Pagar las deudas
Más allá de las quitas o condonaciones que obtengamos
es obvio que el haber desaprovechado el momento de recusar la deuda al
retorno de la democracia implica que los argentinos de hoy y mañana
deberemos pagar una deuda de la cual la mayoría no nos beneficiamos.
Pagar la deuda externa implicará la necesidad de generar dólares
y para eso es necesario aumentar la productividad de la economía
argentina. Esto entraña una necesaria priorización de la
deuda social. Mejorar la educación, la salud, las infraestructuras.
En definitiva mejorar el nivel de vida de las mayorías postergadas
posibilitará que sea posible pagar la deuda externa. Para esto
será necesario realizar una profunda reforma fiscal para que comiencen
a pagar quienes se beneficiaron con este mecanismo perverso que se llama
deuda externa.
* mzanabria@sitioma.com.ar
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