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No queremos ayuda, queremos justicia

Por Gerardo Fabián de Santis *

El Fondo Monetario Internacional no puede seguir siendo juez y parte en las decisiones en torno a la deuda externa de nuestros países.

Haz lo que yo digo, no lo que yo hago
Dijo el titular del Banco Mundial, James Wolfensohn, ante el Grupo de los Ocho, en Washington el 4 de mayo de 2002: “Hay que poner fin a la hipocresía, que consiste en decir hagan lo que digo, pero no lo que hago. Los subsidios perjudican a las naciones más pobres”. Los países pobres no necesitamos que los países desarrollados nos ayuden a pagar la deuda externa, necesitamos que dejen de perjudicarnos.
Después de la Segunda Guerra Mundial, los países desarrollados, basados en el principio de la “seguridad interna”, aplicaron una política agrícola de “autosuficiencia alimentaria”. Esta política se basó en subsidiar la producción agrícola, lo que provocó la caída de los precios internacionales de los productos que la Argentina y otros países exportan. El monto de los subsidios de los países desarrollados alcanza a 1000 millones de dólares diarios y esto perjudica como mínimo en 2600 millones de dólares por año, solamente a la Argentina.
Este “neoproteccionismo” de los países centrales se caracteriza por el uso, cada vez más generalizado, de las barreras no arancelarias. Desde el momento en que los aranceles no pueden utilizarse, las naciones han recurrido a una multiplicidad de formas de protección para sus industrias, la mayoría de las cuales son incompatibles dentro del esquema de la OMC, ya que violan sus tres principios básicos: la reciprocidad, la no discriminación (cláusula de la Nación más favorecida) y la utilización de los aranceles como única medida de regulación del comercio.
La variedad de estas medidas es casi inimaginable, pero se caracterizan por ser discriminatorias, en tanto que se dirigen a un país exportador en particular, generalmente el más competitivo, y carecen de transparencia, ya que son difíciles de detectar y evaluar. En general, son más costosas y provocan mayores distorsiones que los típicos aranceles.

Que no paguen carpinteros y plomeros
Importa que los carpinteros y plomeros argentinos no paguen la política de subsidios de Estados Unidos y la Unión Europea. En la Unión Europea, un productor recibe prácticamente un dólar por cada dólar producido; en Japón de cada tres dólares obtenidos por un productor, dos dólares son a través de subsidios, para mencionar dos casos. ¿Qué implicancias tiene esto?
Países tradicionalmente importadores de materias primas se han convertido en exportadores, con el agravante de que los productores pueden competir en el mercado internacional con mejores precios. Esta nueva competencia y los precios subsidiados han provocado una retracción en los precios internacionales de estos productos.
El país que subsidia se beneficia en un sentido político-estratégico porque trata de autoabastecerse de materias primas y en el aspecto económico-social, generando empleo, lo que les permite mantener población ocupada en el sector agropecuario. Aquí se citó como ejemplo a los productos primarios, pero los países desarrollados subsidian también otras actividades.

No queremos ayuda, queremos justicia
El colmo de la hipocresía se da cuando Estados Unidos ataca a los programas de las Naciones Unidas de asistencia para los países pobres y propone un nuevo pacto según el cual la ayuda, de ahora en más, estará condicionada a que esos estados abran sus mercados.
Tras las proclamaciones de la “Década del Desarrollo de las Naciones Unidas”, los países ricos se comprometieron a destinar al Tercer Mundo el uno por ciento de su Producto Bruto anual en ayuda hacia los países pobres. En la cumbre de 1996 se bajó a un más “realista” 0,7 por ciento. La realidad de 2002 es lamentable: sólo el 0,2 por ciento de la riqueza del mundo industrializado va en ayuda del Tercer Mundo y, según han comprobado algunos estudios independientes, por cada dólar que los ricos mandan a los pobres, reciben dos por la injusticia en los intercambios comerciales y el dominio de los mecanismos financieros y de los servicios. En otros términos, la ayuda de los países ricos a los pobres es de aproximadamente 50.000 millones de dólares anuales, mientras que el perjuicio de sus políticas es de 100.000 millones de dólares, también anuales. Ya hemos pagado.

Justicia con la deuda
La “seguridad jurídica” reclamada por los inversores extranjeros y sus comisionistas, los organismos internacionales, es la misma que reclamamos para nuestro pueblo. El Fondo Monetario Internacional no puede seguir siendo juez y parte en las decisiones en torno de la deuda externa de nuestros países. Es por eso que el análisis a fin de determinar su legitimidad debe someterse a un Tribunal Internacional Especial. Se propone asegurar un tratamiento internacional justo para el estado de insolvencia que la Nación padece y que las negociaciones llevadas a cabo hasta ahora han sido incapaces de solucionar por estar basadas en la ecuación del acreedor intervencionista versus el deudor sumiso.
Se debe establecer la reestructuración de su pago sin comprometer fondos correspondientes a las prestaciones de servicios esenciales que el Estado nacional debe inexcusablemente proveer a sus habitantes (salud, educación, seguridad, justicia, entre otros). Los servicios de la deuda no pueden superar el cinco por ciento del gasto público consolidado. Además de exigir una quita sobre el capital de la deuda con los bancos radicados en el extranjero en función de la responsabilidad de éstos en los mecanismos probados de autopréstamos. Por otra parte, hay que reclamar una quita en el capital de la deuda con el FMI en función de la corresponsabilidad de este último en la situación actual del país y la concertación de la deuda en épocas en que el país era usurpado por un gobierno de facto.
El Tribunal Internacional Especial deberá calcular cuál es el perjuicio que las políticas económicas aplicadas por los países ricos ocasionan en cada uno de los países endeudados y por este valor los países ricos deberían asumir la deuda correspondiente.

* Profesor titular de Economía Política y Problemática Económica Argentina . Facultad de Periodismo y Comunicación Social . Universidad Nacional de La Plata.

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