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El país|Martes, 25 de marzo de 2008
Miles de personas participaron en Plaza de Mayo de los actos en repudio al golpe del ’76

Un 24 con dos plazas llenas para no olvidar

El acto por el aniversario del golpe tuvo dos capítulos. Primero, Abuelas, Madres y demás organismos históricos marcharon para pedir la aceleración de los juicios. Luego fue el turno del Encuentro Memoria, Verdad y Justicia, con masiva participación de agrupaciones de izquierda.

Por Diego Martínez
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Los organismos históricos de derechos humanos pidieron la aceleración de los juicios.

Si en los 24 de marzo previos no han faltado memoriosos para recordar el rol de la Sociedad Rural y sus paisanos durante el terrorismo de Estado, su flamante perfil piquetero la ubicó ayer, en el 32º aniversario del golpe de Estado, en un primer plano atípico. A las 16 en punto una bandera imponente frente al escenario principal enlazó el recuerdo de la mayor tragedia argentina del siglo XX con la coyuntura: “Sociedad Rural Argentina. Ayer apoyaron la dictadura. Hoy paran contra el pueblo”.

Por segundo año consecutivo, el acto central en Plaza de Mayo tuvo dos capítulos. A primera hora, Madres Línea Fundadora, Abuelas y demás organismos históricos marcharon para exigir la aceleración de los juicios, cárcel común y perpetua a los genocidas y aparición con vida de Julio López. En segundo turno, el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia, que entre integrantes y adherentes reunió 409 firmas, sumó a las viejas consignas el reclamo de “basta de represión y patotas contra los que luchan” y “castigo a los responsables políticos y materiales de los asesinatos de Carlos Fuentealba y Lázaro Duarte”.

El Día Nacional de la Memoria, por la Verdad y la Justicia, comenzó para los organismos históricos a las dos de la tarde, sin una nube que amortigüara el sol. Delante de la bandera con los rostros de miles de desaparecidos se instaló un vehículo raro con un cañón oxidado y carrocería de papel: libros en lugar de chapa. En lugar de “Ejército Argentino” la biblioteca andante circuló con la leyenda “arma de instrucción masiva” y en el baúl una chata con Mi lucha de Adolf Hitler.

Detrás de Madres, Abuelas y de Adolfo Pérez Esquivel se instalaron militantes del Frente Transversal de la CTA, Suteba y la APDH. H.I.J.O.S. regional Capital aportó la más bella atracción artística de la tarde: La Chilinga, un centenar de percusionistas y bailarinas de ritmos afrolatinos, colorados de pies a cabeza con remeras contundentes: “¡Tambores en lucha!”. Para recordar que la dictadura no discriminó barrios ni nacionalidades caminaron con sus banderas comisiones por la verdad y la justicia barriales, y comunidades foráneas que reivindican a sus caídos: japoneses, chilenos, asturianos.

A la cabeza de las agrupaciones peronistas, una “gloriosa jotape”, no más de 30 años promedio, porfió que “a pesar de las bombas, de los desaparecidos, no nos han vencido”. “La Cámpora”, con mayoría del GEN (Generación por la Emancipación Nacional) del legislador e hijo recuperado Juan Cabandié, vivió su primer 24 de marzo con una bandera gigante, máscaras con el rostro de Julio López y remeras para dejar constancia de su lugar en el mundo: “Gracias Néstor. Vamos Cristina”.

La primera gran concentración que acompañó a los históricos corrió por cuenta de Barrios de Pie y Libres del Sur. Al frente, un cartel interminable exigió “Cárcel a Martínez Hoz”. En la esquina de Tacuarí nadie pisó las baldosas que recuerdan a Gastón Riva, asesinado en 2001 durante la huida de De la Rúa. Indiferentes a comparsas y murgas, a pocos metros de la 9 de Julio, donde la Corriente Clasista y Combativa esperaba turno, tres señoras se tomaron un yogurt diet de espaldas a los bombos. Un hombre pulcro que tuvo la mala idea de preguntar por el Tortoni fue guiado por la vereda contraria hasta la mismísima plaza.

A las cuatro en punto, dos miembros de H.I.J.O.S. leyeron en el escenario el documento que suscribieron junto con Abuelas, Madres, Familiares, APDH, Buena Memoria, Hermanos, CELS y Serpaj. Tras la silbatina que tapó los nombres de genocidas exigieron “cárcel común, perpetua y efectiva a genocidas y cómplices” y “Aparición con vida de Julio López”. Repudiaron “la bendición de la cúpula de la Iglesia”, el respaldo de las patronales, la familia judicial y los medios cómplices. No faltaron nombres propios: Sociedad Rural, Blaquier, Clarín, Macri y otros. El documento recordó que “la lentitud consagra la impunidad”, apuntó que hubo apenas trece condenas, exigió “respuestas a las amenazas”, “juicios que reflejen la lógica de los circuitos clandestinos”, “apertura de archivos de la dictadura”, “juicio a Martínez de Hoz y sus cómplices”, “más Tribunales Orales” y un ayudamemoria puntual al TOF5: “los juicios son orales y públicos, no oculten la cara de los imputados”.

El Encuentro Memoria, Verdad y Justicia tuvo una dosis menor de organismos de derechos humanos (a los antiguos, como la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos y la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, se sumaron Justicia Ya!, la Asociación Anahí, algunos HIJOS del interior, Correpi y Ceprodh), pero una impecable asistencia de agrupaciones de izquierda. A la vanguardia, tan solitarios como la biblioteca andante, tres muchachos hicieron rodar una pelota gigante bañada de sangre, seguida por un escudo del Mundial ’78 con una calavera en el lugar de la pelota.

Fueron tantas las organizaciones con consignas particulares que los volantes dejaron de entregarse y se empezaron a canjear. La edad promedio de los manifestantes disminuyó. Detrás de los cartelones gigantes de la FUBA y la Coordinadora de Estudiantes Secundarios, el Partido Obrero inundó la avenida con sus banderas: una per cápita. Una mujer joven se desmayó cuando la lectura de adherentes iba recién por la letra C y la voz oficial anunció que “hay varias cuadras de columnas: ¡Estalla la plaza!”.

Perdido entre miles de siglas breves y coloradas, un grupo minúsculo de la Juventud Radical dejó constancia de que “Somos el Juicio a las Juntas”, atípica admisión sobre el fin de la propia historia. Cerca marcharon las Lesbianas feministas y las Víctimas de la impunidad en democracia. En el Cabildo los fotógrafos de Argentina Arde expusieron rostros de policías de civil deteniendo militantes en 2004 durante una visita del FMI. A pocos metros hacía su ingreso el MST. Mientras el rostro de Rodolfo Walsh sobresalía entre pancartas de caídos menos conocidos, un pibe concentrado sentado en el cordón de la vereda estudiaba ¿Quién mató a Rosendo?. Detrás del PTS y de los rostros curtidos del Movimiento Teresa Rodríguez, marcharon los grupos anarcos: “Ni dictadura ni democracia. ¡Viva la anarquía! y más lejos la Red Libertaria”. Cerró la marcha el Partido Humanista, de banderas naranjas y sonrisas amplias.

Seis cuadras más adelante el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia leyó su documento. Allí se criticó la falta de imputados por la desaparición de Julio López y la “actitud de encubrir” la investigación por parte del gobierno. “Los jueces paralizaron, demoraron o desguazaron las causas” sobre la dictadura, destacaron. Lamentaron que “sólo hay tres condenados”, ignorando a los ocho coroneles del Batallón de Inteligencia 601 que purgan su pena, y calcularon que “al ritmo actual en los próximos cinco años no pueden ser enjuiciados más de 20 genocidas”. El texto consensuado por las 409 agrupaciones reivindicó “la valiente ocupación de la plaza de Mayo por las Madres” y aseguró que “logramos que 88 jóvenes recuperaran su identidad”, pese a que Madres y Abuelas hacía ya varias horas que habían tomado distancia de la plaza.

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