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Sociedad|Lunes, 30 de enero de 2006
ESTELA: ONCE AÑOS DE MARTIRIO HASTA DECIR BASTA

“Llegué a intentar matarme”

Estela tiene más de 30. Se casó a los 16. Los episodios de violencia comenzaron cuando tenía 19 años. “Ahí empezaron las agresiones más fuertes, agresiones físicas. En un momento me separe de él, pero volví porque no tenía recursos”, relató.

Estela hizo hincapié en que los violentos “te manipulan de tal forma que no te das cuenta de las agresiones, hasta que decís basta”. En el 2000 ella hizo la primera denuncia en la Comisaría de la Mujer, “pero no me dieron ningún tipo de ayuda”, asegura.

En el 2004, “las agresiones iban desde abusar sexualmente hasta golpes delante de los chicos”. En esos momentos “es como que no existís, no sos una persona, no tenés derecho a nada. Un vez me golpeó porque yo no había lavado la ropa”. Su ex marido agredía también a los hijos. “Tenía que salir a pedir para mantener a los chicos, él no trabajaba.”

“Cuando llegué al límite traté de matarme, me tomé un blister de Metronidazol que fue lo primero que encontré, pero lo único que hizo fue perjudicarme más, porque me provocó una hernia de hiato en la boca del estómago.” Cuando Estela llegó en estado crítico al hospital le hicieron lavaje de estómago “y por intermedio de una psicóloga me conectaron con el refugio”, señaló.

En algunos momentos “yo pensaba que él podía llegar a cambiar, pero no cambiaba nunca. Hoy me dice que cambió, que quiere tener una amistad conmigo. Siempre justificó lo que hizo, hasta el día de hoy”.

En medio de ese contexto, un descuido de la Justicia: “Cuando iniciamos los trámites de divorcio nos citaron a los dos juntos y no lo tendrían que haber hecho. Me insultó”, recordó.

El paso por el refugio “me sirvió mucho para volver a encontrarme como mujer y para conocer a mujeres en mi situación. Antes pensaba que estaba sola. Al llegar acá, cambiaron un montón de cosas: la tranquilidad, el salir a trabajar y no a pedir para darles de comer a mis hijos. Antes no podía trabajar por los celos de él. Siempre tenés que ser menos que ellos”.

Estela pasó siete meses en el refugio con sus hijos. “Una de las cosas que te enseñan acá es a no hablarles mal a los chicos del padre para que no le tomen rencor. Muchas veces, te quedás en tu casa porque no sabés que te podés ir llevándote a tus hijos con vos por miedo a que te los saquen, por miedo a no tener un lugar estable y seguís aguantando y soportando un montón de cosas.”

Después de mucho tiempo, “hoy veo con claridad que soy una persona, antes era cualquier cosa. Hoy veo los esfuerzos que hago para tener lo que tengo. Antes no valía nada de lo que hacía. Al encontrar el refugio encontré paz, tranquilidad y la libertad de ser una persona, de poder ser yo”.

Informe: M.S.W.F.

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