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Domingo, 11 de junio de 2006
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Mario Tesler: Paul Groussac en la Biblioteca Nacional

Pasos en la Biblioteca

Groussac sigue siendo objeto del interés de los críticos literarios y los historiadores. En esta oportunidad, Mario Tesler se sumergió en los pasillos de la Biblioteca Nacional para revelar las ambigüedades de quien fuera su director por más tiempo.

Por Juan Pablo Bertazza
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Groussac según el dibujante y humorista Enrique Stein, publicado en El Mosquito

Paul Groussac en la Biblioteca Nacional
Mario Tesler
Edición de la Biblioteca Nacional
106 páginas

“Al errar por las lentas galerías/ suelo sentir con vago horror sagrado/ que soy el otro, el muerto, que habrá dado/ los mismos pasos en los mismos días.” En el poema de los dones, Jorge Luis Borges se refería en términos de ese otro a su antecesor Paul Groussac y, a través de esas lentas galerías, a los pasillos de la biblioteca nacional. Con un tono definitivamente opuesto, ya desde la sequedad del título, Paul Groussac en la Biblioteca Nacional, el libro del historiador y bibliotecólogo Mario Tesler, publicado en la colección Ensayos y Debates, deja en claro su intención: postularse más como una investigación académica que como una postura definitiva sobre el tema. De todas formas, pese a que Mario Tesler se parece, por momentos, a un árbitro que deja correr entre los que admiran a Groussac y los que lo detestan, el libro resulta dinámico y revelador. Es que hoy, al calor de la reciente y completa biografía de Páez de la Torre, sabemos que el director con más años a cargo de la Biblioteca Nacional (estuvo desde 1885 hasta 1929, durante los cuales la biblioteca pasó a manos de la Nación y se mudó además a la sede de la calle México) atraía como un verdadero imán tanto halagos como acérrimas voces en su contra.

Así, en la primera parte del ensayo del libro de Mario Tesler, se nos ofrece un panorama de lo que los otros veían en Groussac. Y las críticas más duras se hicieron sentir cuando el presidente Julio Argentino Roca decidió nombrarlo, por decreto, director de la Biblioteca Nacional. El libro transcribe íntegros dos extensos editoriales bastante xenófobos que aparecieron en el diario porteño El Nacional, impugnando la elección de Groussac que “vendría a ese puesto saltando por encima de muchos argentinos que tienen sobrados títulos para desempeñarlo con más competencia”. El autor revela también que el propio Sarmiento lo llamó en una columna de La Nación: “bibliotecario inmérito”.

En los capítulos posteriores puede comprobarse que Groussac siempre resultó una verdadera incomodidad para cada uno de los Estados de turno. En las páginas de La Biblioteca, mítica revista que fundara en 1896 y cuya realización fue retomada por Jorge Luis Borges primero, y por la actual coordinación de la Biblioteca Nacional desde 2004, abrió juego al conflicto más intenso que sufrió su gestión. Se trata del descubrimiento en Sevilla del “Plan de Operaciones” de Mariano Moreno, por parte de un grupo de artistas comandado por Rafael Obligado, y al que llamaron Ateneo. Paul Groussac, al igual que Bartolomé Mitre, se resistía a ver en Mariano Moreno al jacobino y revolucionario proteccionista que revelaba el documento encontrado, por lo que dedicó numerosas páginas de su revista a declarar falso el problemático manuscrito. Pero por tratarse de un pleito de carácter casi personal, desarrollado en el espacio de una publicación oficial, el ministro de Justicia e Instrucción pública, Luis Beláustegui, amonestó severamente en 1898 a Groussac. Activo polemista, es muy fácil entender lo poco interesado que estaba Groussac en el ámbito administrativo, lo cual termina de verse cuando leemos que realizó únicamente un informe de su gestión en más de 40 años de mandato.

Finalmente, Tesler pone sobre la mesa otro aspecto bastante polémico de Paul Groussac durante su gestión como director de la Biblioteca: por egoísmo o por preservarse, nunca reconoció como debía el invalorable trabajo del historiador español Gaspar García Viñas en la confección de Los Anales de la Biblioteca.

Revelando de Groussac algunos modernos gestos de autonomía con respecto al Estado y otras actitudes reaccionarias y mezquinas, el libro de Mario Tesler es una seria fuente de información y tiene la virtud de no querer salvar las contradicciones de un personaje bastante ambiguo que, como dijo alguna vez Horacio González, “tenía un pensamiento indisciplinado dentro de la disciplina estatal”.

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