Imprimir|Regresar a la nota
Domingo, 22 de agosto de 2010
logo radar
Espartaco, de Kubrick

Superproducción épica sobre la lucha de clases

Por A. G.
/fotos/radar/20100822/subnotas_r/sl04fo08.jpg
ACTOR, PRODUCTOR Y ARTIFICE DE LA PELICULA: KIRK DOUGLAS COMO EL GLADIADOR QUE SE REBELO CONTRA EL IMPERIO.

Con Stanley Kubrick llegó el peplum políticamente correcto, sin necesidad de dejar de lado el splatter, el sexo y las batallas espectaculares de dimensiones bíblicas, pero justamente sin las típicas referencias religiosas al estilo Cecil B. De Mille: había nacido el thinking man’s peplum, la película de sandalias y espadas para el hombre pensante (¡mens sana in peplum sano!). Espartaco adaptaba al cine la novela de Howard Fast sobre la rebelión de esclavos liderada por un gladiador rebelde (interpretado por Kirk Douglas) que puso en jaque al Imperio Romano unos 70 años antes de Cristo.

También fue la primera superproducción hollywoodense en convocar y darle el crédito en títulos a un guionista prohibido desde la caza de brujas macartista; nada menos que Dalton Trumbo, que a pedido de Kubrick enfocó el tema histórico desde un punto de vista contemporáneo: Spartacus era una película épica sobre la lucha de clases.

Se supone que como Kubrick no se llevó nada bien con el productor y factótum de Espartaco, es decir Kirk Douglas, luego de esta experiencia no volvió a filmar nada sin asegurarse el control total de todos los aspectos de la producción de sus películas.

Sin embargo, en el momento del estreno de Espartaco, Kubrick –“joven cineasta de 31 años a cargo de una superproducción de 12 millones”– dio una entrevista al New York Times confirmando orgullosamente –“whisky con soda de por medio”– la autoría del film. “Es tan bueno como La patrulla infernal y es una obra igual de personal. Igual que los protagonistas de La patrulla infernal, o Casta de malditos, o mi próxima película, Lolita, Espartaco es un marginado, un poeta, amante, loco, revolucionario que lucha por algo imposible enfrentando al orden social establecido, ya sea intentando salvar inocentes de un fusilamiento, lograr el robo perfecto o sostener una relación amorosa con una niña de 12 años.”

En los ’90 Anthony Hopkins dobló un par de diálogos del difunto Sir Laurence Olivier para restaurar una escena de acoso sexual gay dirigido a su esclavo Tony Curtis. Olivier se debe haber divertido bastante, ya que además, cuando degollaba al gladiador africano Woody Strode, un chorrito de sangre negra le salpicaba el rostro. La escena en la que Woody vence a Espartaco, pero se niega a ultimarlo, y en cambio ataca al perverso romano encarnado por Laurence Olivier, es una de las mejores escenas en la historia del cine épico.

Espartaco ganó varios Oscar, incluyendo el de Mejor Actor de Reparto (Peter Ustinov), fotografía, vestuario y dirección de arte. Como se podía esperar, a Dalton Trumbo ni siquiera lo nominaron.

Según Variety, el film de Kubrick era “un nuevo tipo de producto hollywoodense; un superespectáculo con valores morales y fuerza espiritual”.

Según la revista Times, el mensaje de Trumbo se sintetizaba en la imagen del “gladiador revolucionario crucificado por su lucha libertaria”.

En cambio, según el New York Times, era el equivalente multimillonario de un acto amateur de colegio secundario. Algunos meses después de su lapidaria reseña, en febrero de 1961, el NY Times publicaba un curioso titular referido al presidente y el peplum en cuestión:

“Kennedy va al cine en la capital. Se escapa de la Casa Blanca para ir a ver Espartaco”.

O JFK tenía un genuino interés por el film de Kubrick, o las tres horas de metraje servían de coartada para escabullirse hacia asuntos más libertinos que libertarios. Fuera como fuese, el dato debería servir para confirmar a Espartaco como el primer peplum para el espectador pensante y buena onda, empezando por el mismísimo John F. Kennedy.

© 2000-2022 www.pagina12.com.ar|República Argentina|Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.