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Domingo, 28 de junio de 2009
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El científico Andrés Carrasco estuvo en Santa Fe hablando de los agrotóxicos.

"Es como una gran perversión social"

Es miembro del Conicet y provó que el glifosato en dosis muy inferiores a las que se emplean en la agricultura produce gravísimas alteraciones embrionarias. Disertó en Santa Fe el marco de la campaña "Paren de fumigarnos".

Por Juan Carlos Tizziani
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"No necesito probar que el glifosato hace daño. El otro necesita probar que no lo hace", dijo el biólogo.

Desde Santa Fe

El científico Andrés Carrasco que demostró en un laboratorio que el glifosato en dosis muy inferiores a las que se emplean en la agricultura produce gravísimas alteraciones embrionarias; dijo que su investigación "es una señal de alarma por el uso de los agroquímicos" en la Argentina. Y planteó que la fumigación de "17 millones de hectáreas del país con 200 millones de litros de herbicidas ameritan revisar la escala de cómo se están usando, porque en esas 17 millones de hectáreas viven millones de personas".

Carrasco estuvo esta semana en el hospital Iturraspe de Santa Fe, donde compartió un panel sobre "La salud en los tiempos de los agrotóxicos", con el médico Rodolfo Páramo, quien en los '90 advirtió sobre la cantidad de malformaciones en partos que atendía en la ciudad de Malabrigo, en el norte santafesino y el biquímico Horacio Lucero, que hizo observaciones similares en Resistencia. La conferencia se realizó en el marco de la campaña "Paren de fumigarnos", que iniciaron el Centro de Protección de la Naturaleza de Santa Fe, las Madres de Ituzaingó y el Grupo de Reflexión de la provincia de Buenos Aires.

Antes de la disertación, Carrasco explicó que su estudio significa "una señal de alarma por el uso de los agroquímicos" en el país. "Pero no estoy diciendo nada nuevo, ya antes lo habían dicho el doctor Lucero y el doctor Páramo. Yo no soy nada más que un aprendiz de brujo -ironizó en una ronda de periodistas porque la realidad muestra que donde se usa este tipo de agroquímicos hay relatos ciertos, consistentes, reiterados y permanentes de que hay enfermedades agudas que los médicos tienen bien identificadas, incremento de enfermedades cancerosas y en el caso de las embarazadas, suele haber malformaciones en porcentajes que no son normales".

"Entonces, lo que tratamos de hacer es poner algún nivel de racionalidad y explicativo de por qué sucede eso, pero no pretendo reemplazar a la clínica ni entrar en una discusión con un sistema productivo, a pesar de que tengo mi opinión personal. Yo creo que esta situación se da porque en los laboratorios no se puede simular (la fumigación de) 17 millones de hectáreas con 200 millones de litros de glifosato en una extensión que es un décimo de la superficie del país, sin contar Paraguay y Brasil. Ese experimento de campo se puede dar, pero no hay ninguna posibilidad de simular eso en escala. Y cuando uno tiene esta situación, tiene que revisar toda la normativa y todos los cuidados para usar estos químicos. No es la primera vez que un químico es sacado y declarado veneno. Así ha sido con el Endosulfan, con el 24D, con el agente naranja y el gas mostaza en la Primera Guerra Mundial. No es una cosa nueva. El asunto es hacernos cargo de esto. Nadie pide prohibir nada, ni demonizar nada. Pero creo que (fumigar) 17 millones de hectáreas con 200 millones de litro (de herbicidas) todos los años ameritan revisar la escala de cómo se está usando, porque en esas 17 millones de hectáreas viven millones de personas", alertó.

Más tarde, ya en la conferencia, Carrasco volvió a advertir sobre el uso masivo de los agroquímicos. "Es una perversión social que en un país que tiene 17 millones de hectáreas sembradas y 200 millones de litros de glifosato incrustados en ese territorio, donde viven millones de personas, un científico tiene que hacer un experimento en un laboratorio para que se arme semejante lío".

"Los que estamos enfermos somos nosotros porque nos están haciendo cosas y nosotros a lo mejor ni siquiera nos damos cuenta de las cosas. Digo, nosotros en general, como sociedad", dijo. Y después explicó que "los grados de sensibilidad" frente al uso de los agrotóxicos son distintas. "Buenos Aires no se va a sensibilizar demasiado hasta que la fumigen, el primer día que la fumigen, entonces van a empezar a hablar del glifosato. Pero el grado de sensibilidad de la gente que trabaja en este territorio, que es la salud pública, no necesita de un experimento. Porque el experimento no tiene ningún valor. El único valor es haber generado esta reacción, pero no tiene ningún valor porque durante 10 años la gente viene hablando de algo que es una evidencia inconstrastable, indubitable e ineludible y nadie le da bolilla. ¿Y yo tengo que venir a haber un experimento con anfibios, inyectando picogramos de glifosato, y entonces se arma un gran escándalo"", dijo Carrasco.

Y se preguntó: "¿Por qué me preguntan a mi si el experimento está bien hecho o mal hecho? ¿Por qué no van a Ituzaingó o a Malabrigo? ¿Por qué no hablan con Páramo, con Lucero o con decenas de médicos que están en los pueblos haciendo estas observaciones? ¿Por qué no van a hablar con los pueblos de Córdoba, donde la gente se junta para ver qué puede hacer? ¿O al pueblo de Viña o a Rojas, en la provincia de Buenos Aires?. En todos lados hay gente preocuada por estos temas porque está viendo. Y vuelvo al inicio. yo no necesito probar en un laboratorio que esto (el glifosato) hace daño. El otro necesita probar que no lo hace", concluyó el biólogo.

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