El Gobierno eliminó la Subsecretaría de Programación Técnica y Estudios Laborales del Ministerio de Trabajo
¿Réquiem para un sueño?
La reforma del Estado definida por el macrismo suprime, entre otras dependencias, un área de estudio clave del Ministerio de Trabajo, que fue una usina de pensamiento original, alternativo, pluralista y científico.

Ahora se estila mucho, posiblemente resultado de los focous groups, hablar en primera o tercera persona del singular cuando se trata de obviar las ideas o conceptos que respaldan el discurso. Ahora, cuando se intenta que una medida, decisión, o propuesta pase desapercibida, se despersonaliza totalmente y se le da la forma de un continente vacuo que no involucra gente. Así pasamos de Jorge de Pergamino o Rocío de Resistencia al lenguaje burocrático del Boletín Oficial que anuncia la desintegración de la Subsecretaria de Programación Técnica y Estudios Laborales del Ministerio de Trabajo. Voy a apelar al primer método de comunicación porque creo que en este caso, podría ser en el del INTI, el Conicet y muchos más, ejemplifica el impacto negativo y perverso de la medida, tomada por aquellos que postulan traer racionalidad y previsibilidad a la gobernanza. Aquellos que creen que cimientan una nueva doctrina.

En mayo del 2003, recién asumido, el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, comenta entre aquellos que hacíamos estudios y análisis en el Ministerio, que deseaba crear un área, dependiente de él directamente, que se dedique a la generación y difusión de conocimiento sobre el mercado de trabajo y la seguridad social. De este modo consolidaba y daba un inédito empuje a reforzar el respaldo teórico y las mejores prácticas a la gestión del Ministerio de Trabajo. Para ello convocó a Marta Novick, investigadora del Conicet y de larga reputación en estudios del trabajo.

Desde entonces, y tal como lo testimonian las publicaciones generadas por la Subsecretaria, hasta recientemente, fue una usina de pensamiento original, alternativo, pluralista y científico dentro del Ministerio. No una torre de marfil, sino un área de servicios a la gestión, que apoyaba la evaluación ex ante, el monitoreo y el análisis ex post de las medidas implementadas. Un ámbito de discusión previa entre las áreas, los organismos multilaterales, la academia, e inclusive otras áreas del gobierno nacional y provincial.

Estudios

Seguramente seré injusto, pero en este momento de desazón recuerdo algunas acciones. Esa Subsecretaría participo activamente de la discusión sobre el aumento del salario mínimo vital y móvil de julio del 2003, fundamentando la conveniencia de la iniciativa y sus impactos benéficos, en un momento en que la recuperación aún estaba cuestionada. 

Realizó la primer encuesta focalizando informalidad, en un iniciativa que involucro al Banco Mundial, el Indec y obviamente a la Subsecretaría en cuestión. Los resultados forzaron a eliminar del discurso de los organismos la idea de que la informalidad en Argentina era voluntaria, y muchas características del fenómeno, que luego llevaron, como ejemplo, a los avances en términos de legislación y protección del trabajo doméstico.

Se iniciaron estudios regulares sobre la negociación colectiva y el conflicto con una profundidad e innovación que no se conocía anteriormente.

Se consolidó y fortaleció el estudio de bases administrativas, como las de la seguridad social (antes SIJIP ahora SIPA), donde se avanzó en su uso para, no solo identificar cambios en el empleo formal, sino también la demografía, nacimiento y muerte de empresas. Esta iniciativa, Observatorio de Empleo y Dinámica Empresarial en Argentina, le valió el honor de ser en 2010 referenciada como una de las experiencias innovadoras a nivel continental por el Banco Mundial. No es poca cosa.

Los análisis acerca de la universalización de una asignación por hijo estaban en el portafolio de informes mucho tiempo antes que la medida fuera implementada, eso para no hablar de las encuestas de hogares sobre la cobertura de la protección social que utilizaron tabletas para la captura y validación de datos en el territorio, que ahora se hizo extensiva a un gran número de países.

La Encuesta de Indicadores Laborales (EIL), que si bien venía de antes, se amplió y expandió. Incluyo módulos especiales sobre género, necesidades de capacitación, horas trabajadas, demanda de trabajo insatisfecha, que inclusive eran solicitadas y alabadas por las grandes empresas de recursos humanos.

Realizó estudios sobre trabajo infantil, distribución del ingreso y crecimiento, impacto de la inserción internacional, crecimiento sectorial y empleo, créditos y empleo, indicadores compuesto.

Tribuna de pensamiento

Sus trabajos formaron parte de discusiones del G20, la conferencia internacional del trabajo de la OIT, las cumbres de las Américas, Mercosur, entre otros. No por iniciativa del gobierno de Argentina, sino por solicitud de esos ámbitos.

Fue una tribuna de pensamiento. Por los seminarios, discusiones y documentos de la Subsecretaría pasaron Andrea Cornia, Jan Kregel, Randy Wray, Rob Vos, Jayati Gosh, Peter Auer, Janine Berg, para nombrar algunos de los profesionales extranjeros que participaron. Pero también fueron convocados argentinos de variado enfoque: Alfredo Monza, Pedro Galin, Julio Neffa, Roberto Frenkel, Roxana Maurizio, Martín Abeles, Pablo Vinocur, Luis Beccaria, Mario Damill, Roberto Bisang, Gabriel Yoguel, Fernando Porta, Carlos Acuña, entre otros.

La Subsecretaría se formó y consolidó con gente que estaba en el Ministerio en diversas áreas y que, por el reconocimiento y los desafíos de la época, crecieron (crecimos) producto de las sinergias que generó una conducción sólida, generosa y capaz, pero por sobretodo, que confiaba y valoraba el aporte de sus técnicos. Así fue como profesionales que se desempeñaba en diversas áreas del ministerio, fueron incorporándose al equipo y crecieron junto con el prestigio de la Subsecretaría. Si no, pregúntenle a los periodistas económicos que calentaban los teléfonos tratando de aclarar sus dudas, profundizar conclusiones e intercambiar ideas. Seguro que algunos de ellos alzarán su voz contra la decisión actual.

Equipo

Yo fui parte de ese equipo –aquí viene la primera persona y la autorreferencia– hasta 2006. Fui uno de los convocados por Tomada y Novick en sus momentos seminales. Pero el orgullo de haber sido parte de ese equipo me dura hasta hoy. En mi tránsito internacional me topo con economistas de prestigio internacional que conocen y ponderan los trabajos allí realizados. 

En 2005, la OIT financió un viaje a Japón para analizar al Japan Institute of Labour (JIL) y ver la posibilidad de replicar una estructura similar en Argentina. Pase 12 días en reuniones en Tokio, intercambiando ideas sobre lo que hacíamos y lo que queríamos hacer, buscando nuevas metodologías para implementar y una posibilidad de replicar el diseño institucional que ellos tenían. El ultimo día me reuní con el Director del JIL, que me preguntó que me llevaba de mi visita. Cuando le dije cuales eran las cosas que me parecían relevantes y replicables, él me dijo: “¿Para que?, si eso ustedes ya lo hacen. Lo único que necesitan es una norma que los proteja de los cambios políticos y les garantice el financiamiento; el resto ya lo tienen”. Yo me fui un tanto decepcionado por su recomendación. Me parecía un enfoque burocrático a algo que yo pensaba más metodológico y conceptual. Tenía razón.

En su discurso durante la entrega del Nobel de Economía, Joseph Stiglitz dijo que hay incentivos de parte de individuos para que la información no sea revelada, para el secreto, o, en lenguaje moderno, para la falta de transparencia. Obviamente tenía razón.

* Ex director de Estudios y Coordinación Macroeconómica del Ministerio de Trabajo (hasta julio de 2006).

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