Carta a Daniel, por nuestra lucha de tantos años

Mi querido flaco:

Quiero contarte una noticia importante. Nuestra lucha de tantos años, que comenzó aquel triste 18 de enero de 1976, cuando te secuestraron policías federales en el Hospital Provincial, empezó a dar sus frutos, cuatro décadas después.

Ahora por fin, la justicia federal considera que tu secuestro, tortura y desaparición merece ser juzgada, tu caso integra la base fáctica de la tercer elevación oral de la mega causa Feced.

Cómo la peleamos! Con nuestra familia, a través de Familiares, nuestro querido organismo y nuestras incansables abogadas! Finalmente veremos en el banquillo de los acusados a algunos de tus verdugos y asesinos.

Te hablo no sólo como militante política, sino fundamentalmente como tu compañera, como la mamá de tu hija y de tu hijo.

Fue tan doloroso el camino, tan inexplicables las aberraciones que cometieron con tu vida, con tu cuerpo, que se tornó intolerable tan solo imaginarlas.

Nítidamente recuerdo aquel último día en que nos vimos, en la puerta del hospital, con Paulita llorando cuando te la arrancaron de los brazos.

Te acordás que lograste abrazarme y me dijiste, con tu mano en la panza donde crecía tu hijo, el que no te permitieron conocer: "vos siempre fuerte no me aflojes, cuidalos mucho y contales cuanto los amo a los dos". Hice todo lo que pude. Logramos identificar a muchos de tus victimarios, asesinos terroristas de estado que eran, que son, fundamentalmente cobardes. Pude contar, pude gritar que no lograron doblegarte, que nunca te quebraste que tus labios se sellaron, que te abrazaste a tus mejores sueños.

Sabemos que llegaste a la "Redonda" casi moribundo, sabemos de tu paso por Coronda, donde tus compañeros protagonizaron uno de los hechos colectivos más valientes de la dictadura, impidiendo tu secuestro.

Me contaron miles de anécdotas tus compañeros de cautiverio, y en todas aparecés íntegro, solidario, con la alegría de creer que el mundo iba a ser mejor más tarde o más temprano.

Recibimos tus cartas, siempre queriendo saber de tu familia, preguntando por tu "Pelada", como llamabas a Paula. Supimos de tu inmensa alegría cuando nació José. Y pudimos reconstruir tus últimos momentos, tu traslado en medio de la noche al Servicio de Informaciones, a las mazmorras donde reinaba el asesino mayor. Supimos de tus brazos y piernas rotas, abandonado en el piso de la "Favela".

Conocimos tu generosidad hasta las últimas circunstancias, que repartiste tus pocas cosas entre tus compañeros cuando te anunciaron que iban a asesinarte y le dijiste al Payo Lopez. "No doy más, cuando salgas buscá a mi mujer, a mis hijos, a mis padres, que sepan que siempre los tuve conmigo y que estarán, en mi memoria, para siempre".

¡Cómo vamos a flaquear! tu recuerdo vive en tus hijos, tu nieto, mi marido y compañero. Vive en todos nosotros.

Quiero contarte que estoy especialmente agradecida con un Fiscal, nuestro Fiscal, así, con mayúsculas, el doctor Stara, el "Gonza", que trabajó siempre para hacer realidad esta causa, tu causa, que por diversas mezquindades no podrá encabezar la acusación pública en tu juicio pero aún así fue el más mencionado por tus asesinos que continúan destilando odio.

Tu ejemplo militante ya no es solamente nuestro, es un mojón en la historia de las luchas populares, como un hermoso y valiente combatiente, que luchó por un mundo soñado, un mundo que parecía a la vuelta de la esquina, te quiero mucho, Pety.

 

* Histórica militante de organismos de DD.HH
Esposa de Daniel Gorosito (foto), secuestrado y desaparecido en Rosario

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