Los costos que genera la política monetaria fallida del Banco Central
No es inocuo
La lógica monetarista enfrenta hoy una inflación alta, condujo al país a ser más vulnerable y tiene costos en el plano real, por estancamiento de la actividad, y en el distributivo, con fuertes transferencias a sectores con capacidad de ahorro. Crisis en el horizonte.
Imagen: Guadalupe Lombardo

La fallida política monetaria tiene costos muy altos, genera una gran vulnerabilidad, y conduce a la economía a un equilibrio muy inestable. Desde el inicio de la actual conducción económica se abrazó la concepción monetarista para abordar un fenómeno inflacionario, que venía padeciendo la economía argentina desde los dos últimos mandatos de la gestión anterior.

El mecanismo de esterilización, la forma de retirar pesos de circulación, recayó en la emisión de Lebacs, un instrumento de deuda de corto plazo emitido por el Banco Central, a una tasa de interés tan atractiva que permite captar el interés de inversores, en lugar de recurrir al dólar. La tasa de interés ofrecida por estos títulos resultó elevada y su plazo muy corto.

El correlato de esta política monetaria en el frente fiscal fue la eliminación de un conjunto de impuestos sobre sectores concentrados, y el sostenimiento, en una primera etapa y dada la necesaria gobernabilidad, del gasto público. Esta dinámica condujo a un incremento del déficit fiscal, que al ser financiado con endeudamiento público, sobre todo en el mercado internacional, condujo a una dinámica de crecimiento del pago de intereses de la deuda, que hizo crecer ese déficit fuertemente. Es así como el ingreso de divisas con el objetivo de financiar gastos corrientes, terminaron en las arcas del Banco Central, que debió emitir los pesos necesarios, pero que luego esterilizó a través de las Lebac. Sumado a esta situación fiscal, los fuertes desequilibrios también crecientes en el frente externo, condujeron a una dinámica de endeudamiento inédita por su ritmo de expansión. Así, el stock de Lebacs que hoy presenta el Banco Central en su balance superó el billón de pesos, ubicándose por encima de la Base Monetaria, esto es, de todos los pesos que hay en la economía. En definitiva, la cantidad de dinero se encuentra virtualmente duplicada. Esto implicaría un riesgo de presión inflacionaria muy fuerte, bajo la férrea creencia de la concepción monetarista del fenómeno.

Transcurridos más de dos años de la implementación de esta política monetaria de objetivo anti inflacionario, los resultados dan cuenta de un fracaso rotundo. Según el IPC oficial, la inflación acumula ya más de un 85 por ciento, con el agravante de que la inflación para los sectores de menores ingresos se supera el 100 por ciento acumulado. Esto ocurre por la mayor participación en las canastas de consumo, de productos básicos, tarifas de servicios públicos y transporte público, todos ítems que registran aumentos muy por encima del resto de los precios de la economía. A más de dos años, no sólo estos resultados dan cuenta de una inflación alta y persistente, sino que además los últimos registros mensuales indican una clara tendencia a la aceleración, que permiten proyectar para el año en curso un incremento por encima del registrado el año pasado (24,8 por ciento).

El problema es que esta fallida política anti inflacionaria no resulta inocua. Sus consecuencias se observan en el plano de la actividad económica y el empleo, como así también de la distribución del ingreso. Las necesarias altas tasas de interés tienen un impacto negativo sobre cualquier posibilidad de recuperación sostenida del crecimiento económico, dado que tanto el consumo, como la inversión, se ven afectados negativamente. El aumento en los costos de financiamiento ahoga al conjunto de la sociedad. Asimismo, estos rendimientos aumentan el costo de oportunidad del capital, favoreciendo la renta financiera en detrimento de cualquier tipo de inversión productiva. En esta situación de estancamiento de la actividad económica, lógicamente se resiente el empleo. Por otra parte, sólo de intereses, por estas Lebac, el Central ha pagado el último año un monto de alrededor de 250.000 millones de pesos, que implican una transferencia de recursos a los bolsillos de quienes tienen capacidad de ahorro y pueden acceder a esta alternativa de especulación financiera. Al actuar el BCRA como garante de la estabilidad cambiaria, en los últimos días llegando a vender 2.500 millones de dólares, los rendimientos son altos en moneda dura y estimulan el andar de la bicicleta financiera.  

En síntesis, la lógica monetarista enfrenta hoy una inflación creciente y en niveles altos, nos condujo a ser el país más vulnerable del mundo, y tiene costos en el plano real, por estancamiento de la actividad, y en el distributivo, con fuertes transferencias a sectores con capacidad de ahorro. Si no se revierte el rumbo, la vulnerabilidad continuará creciendo, hasta que algún disparador la transforme en crisis. 

* Economista.

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