El gobierno de Macri se ha lanzado a debilitar el principal motor de la economía
Combate el consumo
Los principales funcionarios de la administración macrista han cuestionado el nivel de consumo de la población para justificar el ajuste y, de ese modo, garantizar ganancias crecientes al mundo empresario.

La evolución del consumo es el aspecto más importante a tener en cuenta en el análisis económico de la situación de una economía moderna. En la mayoría de los países, el consumo es la componente más significativa de la riqueza global. En Argentina, cerca del 70 por ciento del PIB, según el Indec de Macri en 2017. En términos cuantitativos, cuando el consumo aumenta 1,5 por ciento, el PIB sube 1,0 por ciento. Si se hace el mismo cálculo para las exportaciones, si estas aumentan 1,0 por ciento, el PIB se incrementa 0,15 por ciento. O sea, para aumentar el PIB 1 por ciento es necesario incrementar la exportaciones 6,7. 

El consumo es el objetivo principal de toda actividad económica. Keynes señalaba en el parágrafo IV, del Capítulo 8, al comienzo del Libro III de la Teoría General: “El consumo, no temamos repetir esta verdad evidente, es el objetivo final y único de toda la actividad económica”. 

Existen interrelaciones determinantes entre los cambios en la composición del consumo, su ritmo de expansión y el crecimiento económico. Hace más de 160 años, Ernst Engel, que fuera director de la oficina de estadísticas del Reino de Prusia estudió cómo y en qué bienes los obreros alemanes gastaban su ingreso. Enunció tres leyes que llevan su nombre y que son substanciales para analizar el comportamiento del consumidor. 

  • La primera dice que los consumidores satisfacen en primer lugar las necesidades básicas, la alimentación y otros bienes absolutamente indispensables que Engel, llamó bienes inferiores, que hoy podrían asimilarse a los de consumo masivo. En sus encuestas observó que cuando el ingreso real de los trabajadores aumentaba, la cantidad consumida de estos bienes, a precios constantes, se incrementaba en una proporción menor a la del ingreso. Cuando ello sucede los economistas decimos que el bien tiene una elasticidad de la demanda negativa respecto del ingreso. Esta ley sigue verificándose en la actualidad en los países industriales, y en Argentina. Inversamente cuando el ingreso de los trabajadores disminuye la cantidad comprada de estos bienes retrocede en una proporción inferior a la caída de su ingreso. 
  • La segunda ley concierne la categoría de los bienes que Engel llamó “normales”: indumentaria, bienes industriales o la vivienda. Su consumo se incrementa proporcionalmente al aumento del ingreso. 
  • Finalmente distinguió una tercera categoría de bienes cuyo consumo se incrementa más rápidamente que el crecimiento del ingreso: bienes culturales, esparcimiento. 

Keynes completó la teoría expuesta por Engel observando que los agentes económicos, cuando el ingreso es muy elevado, la proporción del ingreso gastada en consumo disminuye, y que para los muy ricos cuando el ingreso se incrementa el consumo no aumenta porque están saturados.

Al analizar los determinantes de la inversión a principios del siglo XX, Albert Aftalion, un economista francés explicó, en 1911, que cuando el consumo de un bien se incrementa, esto lleva a que los productores inviertan para poder satisfacer la demanda creciente y denominó esta situación el “acelerador”. 

En la década del ‘50, Hollis Chenery enunció el efecto acelerador que se produce cuando el crecimiento de la demanda agregada provoca un incremento más que proporcional de la inversión. Como se puede observar, el consumo no es un lastre, sino una variable dinámica para el crecimiento económico.

Demanda e Inversión

Lo indicado muestra que existe una relación robusta entre el nivel de los precios y la cantidad y el tipo de los bienes consumidos habitualmente, el ingreso de los consumidores y el crecimiento económico. En las leyes enunciadas por Engel si los precios pagados disminuyen respecto del salario se produce el mismo efecto debido al incremento del poder de compra. 

Desde el comienzo de la revolución industrial existe un aumento en el ingreso de la mayoría de los agentes económicos, así como una baja en los precios de los productos de primera necesidad. Esto se puede ilustrar con el hecho que en el momento de la Revolución Francesa la alimentación de las familias absorbía cerca del 80 por ciento del ingreso. Gracias al incremento de la productividad del trabajo, favorecida por los cambios tecnológicos, se pueden hoy comprar con el salario más bienes que en el pasado. Globalmente, se puede afirmar que el costo de algunos bienes, la alimentación, y otros como el gas, la electricidad, el agua corriente, que con la evolución Engel hubiera integrado los bienes inferiores, aumentaron menos que los salarios por lo cual el nivel de vida de la población subió. 

Esta evolución no es lineal y depende de la política económica y de los eventos históricos. Los trabajos estadísticos de la Escuela Económica de París con el “Banco mundial de datos sobre la desigualdad del ingreso y el patrimonio”, desarrollados por el equipo en el que participa Thomas Piketty, muestran que en los últimos 30 años, la política de los gobiernos, en muchos casos, han favorecido a los que ganan más y empobrecido a los que ganan menos. 

Las estadísticas sobre el ingreso y el nivel de vida en Estados Unidos, Francia, Alemania e Inglaterra, muestran que los ingresos de las capas medias disminuyeron o se estancaron, mientras que la pobreza se incrementó. Esto se debe a que los salarios aumentaron menos que la productividad del trabajo y que, en ciertos casos, las tarifas de servicios públicos y otros bienes a pesar de la ausencia de inflación en los países industriales fueron subiendo con lo cual se agravaron las desigualdades sociales. 

Los cálculos de los presupuestos de las familias realizados en Francia muestran que, en promedio, el 10 por ciento de la población que gana más gasta en consumo tres veces más que el 10 por ciento más pobres, aunque reciben ingresos siete veces superiores. 

Como lo señaló Simón Kuznets, cuando el ingreso del 90 por ciento de los ganan menos se incrementa, gastan no solo todo lo que ganan sino que compran bienes que no poseían antes, lo cual provoca un efecto de arrastre de la oferta vía la demanda global, como le enunciaron también Aftalion y Chènery. Los estudios consultados permiten ilustrar las leyes de Engel y observar que el 10 por ciento más ricos gastan solo dos veces más en alimentos que el 10 por ciento más pobres, pero gastan cuatro veces y media más en indumentaria, cinco veces más en esparcimiento y en bienes culturales y siete veces más en hoteles, vacaciones y restaurantes. Vale decir que el incremento del ingreso de los sectores que ganan menos es un potente factor de crecimiento, y que la disminución del poder de compra de los salarios debido a los incrementos de las tarifas de los servicios públicos o de los bienes primarios, al revés, provoca recesión. 

Fábula

La mecánica del crecimiento se apoya en el incremento del consumo global que incita a los capitalistas a invertir para satisfacerlo, como señalaba Albert Aftalion, pero se puede tratar de engañar a la opinión pública propagando falsas informaciones o falsas teorías. 

Macri sostiene la fábula según la cual se trata de elegir entre consumo e inversión; la inversión de hoy serán los empleos, ingresos de mañana, pero es hambre para hoy. Esta leyenda se puede ilustrar no solo con el habitual llamado Macri a los capitales extranjeros, sino a través de los comentarios del actual presidente del Banco Nación, Javier González Fraga, que apuntó a que en los gobiernos kirchneristas “se alentó el sobreconsumo (sic), se atrasaron las tarifas y se atrasó el tipo de cambio”. El ministro Rogelio Frigerio, en abril 2018, sostuvo algo similar: “durante muchos años, el gobierno anterior, haciendo gala del peor populismo, le quiso hacer creer, sobre todo a los porteños y a los del área metropolitana del gran Buenos Aires, que las tarifas eran gratis”. 

Con la denuncia del exceso de consumo se intenta sostener que hubo un déficit de la inversión, lo cual, según el Indec de Macri, es completamente falso. En 2005, la inversión era del 14,8 por ciento del PIB, mientras que en 2017, la inversión alcanzó al 13,0 por ciento del PIB luego de haber caído al 12,5 por ciento en 2016. Se debe agregar que, incluso en 2009, el peor año según los datos tergiversados por el Indec de Macri, la formación bruta de capital fijo (Inversión, en la jerga del Indec) nunca fue inferior a la 2017. 

Se podría imaginar que el presidente del Banco de la Nación o el ministro del Interior reivindican de esta manera algún burócrata de un plan quinquenal soviético. No es así. Lo que afirman es que si los capitalistas ganan mucho dinero entonces lo van a invertir y crear empleos. Pero esta versión del efecto derrame no es voluntarista; es solo malintencionada y trata de abusar a la opinión publica. Si bien los capitalistas siempre tratan de aumentar sus beneficios y su patrimonio e invierten para logarlo, solo invierten cuando están seguros que ese gasto les permitirá ganar aún más, y esto solo es posible si pueden vender lo que producirán, vale decir si existe una demanda firme, o sea, un nivel de consumo adecuado. Esto permite afirmar que no hay, ni nunca hubo, una disyuntiva entre la inversión y el consumo. Lo uno no existe sin el otro.

* Doctor en Ciencias Económicas de la Universidad de París. Autor de El peronismo de Perón a Kirchner, Ed. de L’Harmattan, París 2014. Editado en castellano por Ed. de la Universidad de Lanús, 2015.

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