Un recorrido comiquero por los pabellones montados en La Rural
Los pasillos y stands se llenaron de viñetas
Colectivos editoriales, poderosas multinacionales, licenciatarias del comic norteamericano o del manga japonés, sellos que se cuelan en bateas de distribuidoras: de un modo u otro, las historietas dicen presente en la mayor cita librera del año.
Como en el resto de los rubros, los editores de historieta están haciendo una Feria que salva los gastos y un poquito más.Como en el resto de los rubros, los editores de historieta están haciendo una Feria que salva los gastos y un poquito más.Como en el resto de los rubros, los editores de historieta están haciendo una Feria que salva los gastos y un poquito más.Como en el resto de los rubros, los editores de historieta están haciendo una Feria que salva los gastos y un poquito más.Como en el resto de los rubros, los editores de historieta están haciendo una Feria que salva los gastos y un poquito más.
Como en el resto de los rubros, los editores de historieta están haciendo una Feria que salva los gastos y un poquito más. 
Imagen: Sandra Cartasso

Pasaron ocho años desde el “Festival de historieta” con el que la organización de la Feria del Libro buscó tentar a los sellos del sector. Y aunque la actividad no volvió a repetirse, eso no significa que el noveno arte se haya alejado de la principal cita editorial del año en la Argentina. Todo lo contrario: muchas empezaron a intuir ahí un horizonte posible. El proceso que recorrió el mercado hizo el resto del camino para llegar a la situación de hoy, en que a los stands más característicos del rubro (como A4 Editora o Ediciones de la Flor) se sumaron algunos colectivos editoriales (el principal de ellos, Nueva Historieta Argentina) y ganaron presencia los licenciatarios de cómic norteamericano o manga (Larp y OvniPress a la cabeza). Además, una buena cantidad de sellos se “cuela” en las bateas de distribuidoras (como Plan T o La Revistería), de otros colectivos editoriales o de esfuerzos mancomunados de distintos actores, para poder acceder a espacios cuyos costos serían imposibles de afrontar en solitario.

El grueso de la actividad comiquera de la Feria se concentra en el pabellón Azul. Allí están Nueva Historieta Argentina (stand 434), Pictus Editora (218), A4 (119), Moebius + Galería Editorial (137, que además cobijan a Wai Comics y Musaraña), las distribuidoras Quiosquito de Libros (103) y Plan T (320 y 415), las comiquerías La Revistería (535) y Elektra Comics (136), el catálogo repleto de viñetas de Gárgola (414, que alberga a Purple Comics, también), la reconocida “colección naranja” de Colihue (710), una mesa de humor gráfico cordobés en Yammal (161) y las publicaciones de UMC en el stand del Fondo Nacional de las Artes (525). OvniPress, en tanto, reparte su catálogo entre dos stands. Uno en el pabellón Azul (#422) y otro en el Verde (828). En el primero hay una buena selección de saldos del propio material que puede ayudar a los coleccionistas a cubrir huecos en las sagas que la editorial publicó hace más tiempo. El pabellón Azul es la casa de la editorial de manga (historieta japonesa) Larp (145). También es posible encontrar en este sector sellos para niños con colecciones propias de historieta, como es el caso de Riderchail (330), Pequeño Editor (622) o V&R Editoras (617). Y claro, también están los importados que ofrece Waldhuter (317). Es difícil que el conocedor no babee con las ofertas que propone esta distribuidora, pero la tentación puede ser un dolor en el bolsillo. Entre sus destacados de este año, por caso, figura una recopilación del Popeye, de Segar, por la “módica” suma de 1590 pesos.

La recorrida continúa con los gigantes editoriales del Pabellón Verde. Planeta (917), que publicó hasta hace poco Lucky Luke y Astérix, y los puso en precio promocional en librerías cuando la casa francesa que ostenta los derechos decidió cambiar de manos esas colecciones. La otra es Penguin House Mondadori (1017). En el megagrupo editorial hay historieta, sólo que hay que hacer un esfuerzo notable para encontrarla. La más visible es la colección Mayor y menor, del mendocino Chanti, quien después de años de ser un ídolo regional, lleva unas cuantas ediciones cautivando a los lectores porteños.

En el Pabellón Amarillo están las otras propuestas comiqueras, aunque sólo tres ostentan stands propios: el clásico De la Flor (1612), la Editorial Común (1607) y Latinbooks (1714, con sus versiones de clásicos adaptados). Por su parte, sellos como Tren en Movimiento están integrados al stand colectivo Todo Libro Es Político. Y el colectivo editorial Big Sur (que incluye a Terminus Libros, Le Noise, Szama Ediciones y La Pinta) tiene su catálogo en las bateas del stand que la FER (Feria de Editoriales Rosarinas) tiene en el “Barrio Nuevo”. Ahí también están las de la propia Editorial Municipal de Rosario, que lleva varias publicaciones de historieta en su haber.

Pero aunque la historieta ganó metros cuadrados en el predio ferial de La Rural, se enfrenta a los mismos desafíos que el resto de la actividad editorial. El principal de ellos, los bolsillos de los lectores. Nadie alardea ventas y ante la consulta de PáginaI12 la mayoría reconoce estar haciendo una Feria “discreta”, “correcta”, que salva los gastos y un poquito más. Pero ninguno exhibe particular entusiasmo. Lo que sí muestran son recursos y creatividad para atraer la mirada del visitante circunstancial. Algunos agudizaron ingenio con el armado del stand (Pictus y Común tienen dos particularmente bonitos). Otros tienen propuestas llamativas, como Moebius, que pone a la venta una obra original por día a mitad de precio y con el monto completo para los bolsillos del autor. “Inauguramos algo todos los días, hay vino, algo de música y gente, y eso llama la atención”, puntualiza Martín Ramón, uno de sus responsables. A la hora de vender libros, cuenta que en su stand gana por varios cuerpos ¿Dónde está Perón? de sus colegas de Galería Editorial ($390).

Los únicos que se animan a un top 5 de ventas son los de OvniPress, pero es comprensible su posición: las licencias de Marvel atraviesan un momento particularmente bueno con el estreno de la gigantesca Avengers: Infinity War en cines. De hecho, su ránking lo encabezan El guantelete del infinito y Avengers: La guerra del infinito (colección Excelsior), a 500 pesos. Las adaptaciones a la historieta de Rick & Morty ($330 cada tomo) le siguen en su tabla.

Los precios competitivos son otro de los plus que ofrecen las editoriales locales. En A4 Editora hay varios paquetes armados con historieta norteamericana y europea a precio promocional, aunque Ariel Avilez, uno de los encargados del stand, prefiere destacar el combo a $600 que tienen por tres libros de Gilgamesh, el inmortal. Y señala que algo más abajo en el pasillo que los alberga está una suerte de stand subsidiario (DYC) con ofertas a partir de los 50 pesos.

Los amantes de la historieta más clásica encontrarán en NHA (que además ofrece firmas de autores) los libros de Dago por 150 pesos, pero también una enorme cantidad de novedades editoriales. Porque además de incluir los sellos del colectivo (Maten Al Mensajero, Hotel de las Ideas, LocoRabia, Historieta y Comic.ar), tienen un espacio solidario con una miríada de colegas de otros sellos, como BlupInk, Anexia, Toing o los argentinos-catalanes de Mamut (gran colección infantil). Aquí también vale destacar Tengo unas flores con tu nombre por 150 pesos, una suerte de guía de sororidad ilustrada de Jazmín Varela y publicada por Maten Al Mensajero. Y claro, el colectivo ofrece antes de su salida a distribución a precio más bajo ($180) el libro ganador de su primer concurso: El desierto de Nemo, de Fernando Maiarú y Estanislao Marugo. En la otra punta de la Feria, en el stand de La Fer, también hay historieta más que accesible. La nueva colección en “formato comic book” de Szama Ediciones, por ejemplo, está a apenas 80 pesos por número (con Motordrome como su novedad más flamante). Un poco por encima (120 pesos) está Disonante, de Pablo D’Alio, un reciente lanzamiento de Le Noise que viene cosechando buenas críticas. 

Lo que la Feria pone de manifiesto para los ojos atentos es que, más allá de la efervescencia de vengadores y justicieros, la producción local sigue viva, resiste los vaivenes económicos y defiende sus espacios. Aun sin superpoderes.

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